Leyendo el excelente trabajo de Rafael Arráiz Lucca sobre José Antonio Páez, Del mito al hecho, me encuentro esta formidable anécdota, revelada por el propio protagonista en su autobiografía, y que dice mucho acerca de “cómo somos”. Cómo somos los españoles, los hijos, nietos y tataranietos de los españoles, los venezolanos que, al fin y al cabo, heredamos defectos y virtudes de nuestros antepasados.
Cito al general Páez, citado a su vez por Arráiz Lucca: “En esta ocasión estuve yo a pique de no sobrevivir a la victoria, pues habiendo sido acometido repentinamente de aquel terrible ataque que me privaba del sentido, (epilepsia) me quedé en el ardor de la carga, entre un tropel de enemigos, y tal vez hubiera sido muerto si el comandante Antonio Martínez, de la caballería de Morales (o sea, de los realistas) no me hubiera sacado de aquel lugar. Tomó él las riendas de mi caballo y montando en las ancas de éste a un teniente de los patriotas llamado Alejandro Salazar, alias Guadalupe, para sostenerme sobre la silla, ambos me pusieron a salvo entre los míos” (Páez, 1946, 207). Continúa Arráiz Lucca: “Pues nada más sorprendente: el comandante Martínez es realista, del ejercito enemigo y le salva la vida a Páez. En una llamada a pie de página apunta Páez que Martínez era un lancero excepcional y que estuvo en el ejército de Boves. No deja de ser asombroso, incluso, milagroso que se haya salvado de este ataque en medio del tropel enemigo.
Un creyente pudiera decir: la mano de Dios a través de Martínez”. Pero es que así somos. Ese testimonio de hidalguía, de caballerosidad, de nobleza es muy característico del modo de ser español.
Nosotros, los venezolanos, heredamos muchas de esas virtudes, de esas cualidades, de ese modo de ser. El Cid abre herida nueva, no pega en la cicatriz. (A.E.B).
Así somos y así debemos seguir siendo. Yo me siento muy orgulloso de que mis apellidos sean Fernández y Jiménez. No puedo negar mi ancestro claramente peninsular. No me apellido Guaicaipuro ni Manco Capac. Soy Fernández Jiménez a mucha honra. Respeto profundamente a los descendientes de nuestros aborígenes. También respeto a los venezolanos que descienden de otros países europeos o de otros continentes. Pero reivindico mi condición de descendiente del comandante Martínez, el que le perdonó la vida a Páez en el campo de Carabobo y de Alejandro Salazar, alias Guadalupe, soldado del ejército patriota, que contribuyó a salvar la vida del gran caudillo llanero de Acarigua. Así somos y así debemos seguir siendo.

