El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, y el presidente de la Reserva Federal (el banco central estadounidense), Jerome Powell, están severamente enfrentados. El magnate quiere inmiscuirse en la actividad del banco, cuando éste tiene independencia absoluta del poder político en sus actuaciones. Pero Trump ha amenazado reiteradamente a Powell llegando incluso al insulto personal. El motivo: no baja los tipos de interés, que es lo que quiere Trump. Pero parece ser que Powell lo hará, en la próxima reunión de la Reserva Federal de setiembre, por sus calculadas declaraciones después de la reunión de banqueros centrales en Jackson Hole. La causa relevante: la caída en la creación de empleo. Un desplome que tiene orígenes en la política económica de Trump (los aranceles, principalmente), que está encareciendo los productos, restando competitividad e infiriendo el despido a las empresas. El PIB crece a la mitad que el indicador conocido para 2024 (1,2% sobre 2,5%), al tiempo que existen tensiones de inflación en la economía estadounidense (3,1%, la subyacente).
Un informe reciente de la empresa Walmart, crucial en la distribución de productos, advertía que la renovación de susstock ya incorporará el encarecimiento por los aranceles: se verá, sobre todo, en los últimos meses de este año. El impacto sobre los consumidores no será desdeñable, lo que, a su vez, exigirá subidas de salarios (los llamados “efectos de segunda ronda”) que, al tiempo, pueden tensionar al alza los precios. Este es el bucle en el que Trump ha metido, de manera irresponsable, a la economía de Estados Unidos, una actitud que afecta a toda la economía del planeta.
La Reserva Federal tiene dos cometidos básicos: controlar precios y velar por el funcionamiento del mercado laboral. Atajar ambos puede ser contradictorio. Se está viendo. Atacar la inflación, subiendo tipos o manteniéndolos, desemboca en problemas en la contratación de empleos. Abordar esto último, bajando tipos, puede enervar la inflación. Ante esto, la preocupación básica para los economistas en Estados Unidos se compila en un concepto: estanflación, inflación con poco crecimiento económico, fenómeno ya conocido en economía y que ha generado no pocos debates y dolores de cabeza.
El mercado de futuros (lo que piensan los fondos de inversión que va a pasar, a partir de encuestas) insinúa que Powell bajará los tipos (que están ahora mismo en una horquilla entre el 4,25 y el 4,5%, casi dos puntos por encima de los vigentes en la Unión Europea, alejados de los marcados por el Banco de Inglaterra, que los sitúa en el 1,25%). Así, las cotizaciones bursátiles subieron tras la declaración de Powell, junto a la subida del precio del oro. Si Powell reduce los tipos, Trump descorchará champán, y venderá que el presidente de la Reserva Federal le ha acabado obedeciendo. Pero la incertidumbre de la economía de Estados Unidos no va a acabar aquí. Los precios no se van a controlar tan fácilmente, auspiciados por la gasolina arancelaria. Mercancías más caras, menos competitividad empresarial. Veremos cómo se traduce todo esto en el mercado de trabajo. Pintar, no pinta bien.

