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Rafael Fauquié: Épica y picaresca iberoamericana

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Si hubo una épica americana, ésta duró muy poco. Apenas los años iniciales de la Conquista. Después, fue el largo turno de la picaresca (que, por cierto, todavía no ha concluido; es lo que vivimos hoy en la mayoría de los espacios de nuestra América: el inacabable tiempo de la picaresca). La Edad Media europea reunió en un mismo universo a caballeros y truhanes, a ogros y princesas, a curas y barberos, a nobles y lazarillos, a obispos y escuderos, a mendigos y gañanes: todos ellos repoblaron de muy diferentes maneras el nuevo espacio americano. Sin embargo, en el lento forjamiento de la sociedad naciente, fue el espíritu de la picaresca el que impuso su impronta. Hispanoamérica nació del hambre y la sed de Occidente; por eso, tal vez, tantas cosas en nuestra nuestra cultura hablan de periferia y excentricidad, de tardanza y desconcierto, de torpeza y tiento, de inconsecuencia y contradicción, de fracaso y supervivencia y, al final, siempre como un destello final, de ilusión y esperanza…

 

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