La inteligencia artificial (IA) está entrando de lleno en el día a día de la reproducción humana asistida (FIV), reduciendo costes, personalizando los tratamientos y ofreciendo información precisa para la adopción de decisiones que conduzcan, con garantías, al nacimiento de niños y niñas sanos. Está facilitando “elegir”, sin utilizar técnicas invasivas (a través de las imágenes de los embriones), a aquellos con mayores probabilidades de viabilidad, implantación en el útero y desarrollo posterior satisfactorio. Según un estudio de la Sociedad Europea de Reproducción Humana y Embriología (ESHRE), la IA garantiza al 75% la selección de embriones sanos.
También viabiliza hacer diagnósticos más precisos del esperma con sistemas algorítmicos, permite optimizar la estimulación ovárica, minimizando los riesgos de las hiperestimulaciones, y valorar con mayor exactitud la calidad ovárica. Se están también manejando algoritmos para medir las opciones de embarazo en virtud del historial médico de los/as pacientes. En definitiva, la IA junto a la automatización y robotización de los laboratorios de FIV ha mudado la práctica cotidiana de la reproducción asistida, minimizando los posibles errores.
Noticias de las últimas semanas alertan sobre lo que está por llegar: una empresa norteamericana ha lanzado un software comercial para seleccionar embriones humanos en función del perfil genético. La finalidad no es sólo impedir el nacimiento de seres humanos con enfermedades hereditarias, también elegir sus rasgos fenotípicos y genotípicos (cuestión polémica donde las haya en este campo).
La selección de embriones por medio de diagnósticos preimplantacionales es legal en España desde hace tres décadas. La Ley 35/1988, de 22 de noviembre, sobre Técnicas de Reproducción Asistida en el artículo 12.1 decía que: “toda intervención sobre el preembrión, vivo, in vitro, con fines diagnósticos, no podrá tener otra finalidad que la valoración de su viabilidad o no, o detección de enfermedades hereditarias, a fin de tratarlas, si ello es posible, o de desaconsejar su transferencia para procrear”. Veinte años después se promulga la Ley 14/2006, de 26 de mayo, sobre técnicas de reproducción humana asistida que sustituye a la anterior y que en su artículo 12 que contempla que: “1. Los centros debidamente autorizados podrán practicar técnicas de diagnóstico preimplantacional para: a) La detección de enfermedades hereditarias graves, de aparición precoz y no susceptibles de tratamiento curativo posnatal con arreglo a los conocimientos científicos actuales, con objeto de llevar a cabo la selección embrionaria de los preembriones no afectos para su transferencia. b) […]. La aplicación de técnicas de diagnóstico preimplantacional para cualquiera otra finalidad no comprendida en el apartado anterior, o cuando se pretendan practicar en combinación con la determinación de los antígenos de histocompatibilidad de los preembriones in vitro con fines terapéuticos para terceros, requerirá de la autorización expresa, caso a caso, de la autoridad sanitaria correspondiente, previo informe favorable de la Comisión Nacional de Reproducción Humana Asistida, que deberá evaluar las características clínicas, terapéuticas y sociales de cada caso”
Limita el diagnóstico embrionario a enfermedades genéticas graves de aparición temprana y en las que no sea factible una terapia posnatal, exigiéndose la autorización sanitaria correspondiente, previo informe de la Comisión Nacional de Reproducción Humana Asistida. La segunda cuestión resaltable de la ley es que permite su utilización para seleccionar embriones histocompatibles con fines terapéuticos para terceros.
En el año 2009 formaba parte de la Comisión Nacional de Reproducción Humana Asistida. Colegiadamente emitimos el preceptivo informe sobre el mediático caso de Andrés, un pequeño de 7 años que pudo superar una betatalasemia mayor, tras el nacimiento “intencionado” de su hermano Javier, quién fue concebido tras un proceso de selección embrionaria para transferir células de su médula ósea a su hermano enfermo. Nació en enero de 2009 en el hospital sevillano Virgen del Rocío. Supuso un verdadero hito en la medicina reproductiva y fue el primer caso del mundo que con tal propósito fue concluido exitosamente. Las críticas fueron numerosas, si bien a lo largo de esta década y media han ido sucediéndose protocolos de este tipo. Cuestión diferente es que se generalice la fabricación de seres humanos “a la carta” (aunque algunos lo justifiquen como la coronación de una medicina preventiva holística).
Si de por sí la reproducción humana asistida ha conllevado controversias de orden ético, moral, social… (Fue en 1978 cuando nace Louise Brown, primera bebé probeta del mundo), la conexión entre la IA y la FIV nos sitúa ante un escenario que exige manejar datos sensibles con extremo cuidado, garantizar que estas técnicas estén al alcance de todos los ciudadanos, independientemente de su posición económica/social, evitando, como prioridad, que se deshumanice hasta el punto de convertirse en una mera “intermediación técnica” entre seres humanos y máquinas.
Los acontecimientos se suceden a tal velocidad que podría ser el momento de plantearnos una moratoria en esta área, pues no todo lo que técnicamente es posible, es ética y socialmente aceptable. No sea que de no hacerlo la rapidez de la corriente por la que transitamos desboque nuestros logros como civilización.

