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Corina Yoris-Villasana: Olimpia y su legado cultural: los Juegos Olímpicos (I)

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Mucho se ha hablado de las Olimpíadas en diferentes ámbitos, pero pocas veces se explora a fondo su nacimiento y sus costumbres, que son de las herencias más famosas y atractivas de la Grecia antigua. Estas bases históricas nos dan una visión más completa del sentido y del cambio de este evento mundial. Una forma apasionante de conocer esta herencia es acercarse y leer con detenimiento libros clásicos sobre el tema, como la inigualable obra de Heinz Schöbel, Olimpia y sus juegos, cuya primera edición guardo con especial cuidado y valoración en mi biblioteca personal luchando con el tiempo para que sus valiosas páginas no se deterioren.

Este texto, lleno de valor histórico y simbólico, nos lleva con su relato a las ceremonias inaugurales de las Olimpíadas, haciéndolas muy reales. La cantidad de ideas que muestra es realmente asombrosa, porque une de forma perfecta partes de la literatura, los mitos y la historia, relatado con una destreza única que invita al lector a sumergirse en esa conexión fascinante entre el pasado y el presente.

Me valgo de este libro para recordar que nuestra versión actual de las Olimpíadas, creada por el gran pensador francés, el barón Pierre de Coubertin, en 1894 en París, y que se hicieron por primera vez en Atenas en 1896 con un éxito grande en todo el mundo, viene de la mano de la tradición y la evolución de estos juegos en la Antigüedad clásica. Justo aquí en Venezuela, parece que este tipo de eventos culturales y sus ancestros se olvidan, como si estuvieran guardados en el recuerdo, y solo importara a unos pocos.

Tomando como punto de partida la referida obra de Schöbel dedicada a Olimpia y sus juegos, me dispongo a comenzar la redacción de una serie de artículos que buscan proporcionar a los lectores una visión enriquecedora sobre este fascinante legado que Grecia, con su inigualable aporte cultural e histórico, dejó como herencia para toda la humanidad. A través de estos textos, intento ofrecer una mirada no solo de los aspectos deportivos y ceremoniales que caracterizaron este importante evento, sino también el profundo simbolismo y la trascendencia social que los Juegos Olímpicos tuvieron en la antigüedad, mostrando cómo se convirtieron en un puente entre tradición y civilización.

Olimpia, con sus juegos tan reputados, desempeñó un papel esencial en la Grecia antigua, siendo clave tanto en la vida diaria como en la fe del pueblo heleno. Sin embargo, por diversas razones, esta tradición importante quedó olvidada para el resto del planeta durante siglos. Durante los comienzos del Renacimiento y el auge del Humanismo, Olimpia volvió a cobrar protagonismo, impulsada por el esfuerzo de filólogos e historiadores que se dedicaron a analizar y reivindicar la riqueza histórica y cultural de Grecia. Estos estudios se basaron en análisis exhaustivos de los textos y obras literarias legadas por los escritores y pensadores de la antigüedad. En el siglo XIX, la recuperación de esta esplendorosa herencia alcanzó un momento cumbre con las excavaciones metódicas en los lugares arqueológicos de Olimpia. Este arduo y difícil trabajo lo encabezó Ernest Curtius entre 1875 y 1881, junto con otros investigadores destacados del momento. El fruto de estas dificultosas labores no solo permitió rescatar sitios que durante mucho tiempo habían quedado relegados al olvido, sino que también ofreció una perspectiva profundamente enriquecedora y cautivadora sobre las manifestaciones culturales de épocas pasadas. Este esfuerzo logró devolver a la humanidad contemporánea un vistazo vibrante a la grandeza asociada a uno de los capítulos más significativos dentro del vasto patrimonio cultural que ha marcado nuestra historia universal.

Desde hace mucho tiempo, la gente ha buscado ejercitar su cuerpo, al principio motivados por la necesidad de los pueblos antiguos de asegurar que su especie sobreviviera, a través de actividades como cazar y pescar. Pero, estos ejercicios no solo eran realizados por necesidad; para los hombres saludables también constituían una forma de expresar alegría, que se veía en los deportes o juegos de esparcimiento. Con el tiempo, estos juegos se transformaron en métodos para entrenar y enseñar a usar armas y luchar.

Así, no sorprende que siempre haya existido una educación física organizada en la historia y en muchas culturas. Esto puede apreciarse tanto en los hallazgos realizados durante excavaciones como en los textos legados por civilizaciones como las de Egipto, Babilonia, Persia, India y China.

Un buen ejemplo de ello son los poemas de Homero, que nos dan información valiosa sobre la Antigua Grecia. Los griegos no solo hicieron de la gimnasia una disciplina, sino que llevaron el deporte a lo más alto organizando competencias públicas en diferentes lugares. Sobresalían los famosos juegos de fiesta de Olimpia, que tenían lugar en el Peloponeso.

La gran planicie de Élide, mirando hacia el inmenso mar Jónico, estaba abrazada al norte y oeste por las montañas de Arcadia, y al sur por rocas altas y resbaladizas. Era un sitio perfecto para que, en un ambiente de alegría y calma, las tribus griegas se juntaran, aunque fuese por ratos. Historiadores, filósofos y poetas coinciden en describir los alrededores de los lugares sagrados de Olimpia como un auténtico paraíso: «Se alzaban majestuosos árboles como plátanos, álamos resplandecientes, robles y pinos, acompañados de una abundancia de plantas y flores de vivos colores que impregnaban el aire con sus fragancias». El estadio, por otro lado, estaba rodeado por un pequeño bosque de olivos salvajes, un sitio adornado bellamente por la naturaleza donde los atletas competían para mostrar su fuerza y talento. Aquí se jugaban no solo el ganar en el deporte, sino también el honor de cada uno, el ser recordado posteriormente y la gloria del país. Con los años, Olimpia se hizo un lugar muy importante, embellecido con la construcción de edificios e instalaciones deportivas cada vez más grandes e importantes. Entre los sitios de mayor valor histórico estaba una colina en el valle del río Alfeo donde había un altar para el dios Cronos. En la cima de esta loma, llamada Monte de Cronos, la gente ofrendaba regalos al dios en épocas pasadas. Según las antiguas historias griegas, Zeus y Cronos libraron una batalla en este lugar para disputarse el dominio del mundo. Al pie del Monte de Cronos, se encontraba un altar especial dedicado a Zeus, el Dios del Rayo y soberano del Olimpo. Basándose en los mapas topográficos y las descripciones documentadas por Pausanias, (célebre geógrafo e historiador griego del siglo II d.C.), este altar se consolidó como el punto central de la estructura y organización de Olimpia.

Al inicio, el altar de Zeus se construyó con materiales toscos, rudimentarios, como piedras simples y tierra. Sin embargo, con el tiempo creció a medida que se acumulaban los huesos y las cenizas de los animales sacrificados en honor al dios, alcanzando una cierta altura. En ese lugar, los devotos se congregaban para interpretar los mensajes de Zeus mediante la observación de las llamas y las cenizas de las ofrendas. Aunque hoy en día el altar ha desaparecido, en su momento formó parte del bosque sagrado conocido como el Altis.

Este espacio estaba ubicado en la ladera sur del Monte de Cronos y delimitado, desde tiempos muy remotos, por un rectángulo de 200 metros de largo por 75 metros de ancho (Datos obtenido de la obra de Schöbel).

Durante los años de Olimpíadas, tres heraldos, los “spondophoros”, viajaban desde Élide por toda Grecia y sus colonias. Invitaban a los Juegos y anunciaban la peculiar tregua sagrada. En la plaza, un mensajero anunciaba las fechas de los Juegos, que solían celebrarse entre agosto y septiembre, una vez pasado el invierno. Con una voz enérgica, explicaba las reglas: solo podían participar griegos libres, sin problemas legales ni infortunios que los perjudicaran, con la intención de buscar un ambiente más armonioso. A medida que fueron adquiriendo destrezas en su planificación y organización, los Juegos fueron ganando renombre, incorporando pruebas poco comunes y mejorando su estructura. Desde sus comienzos, las competencias contemplaban la inclusión de carreras normales, dobles y prolongadas, además de las competiciones de lucha; por supuesto, no faltaba el renombrado pentatlón, constituido por cinco disciplinas, carreras, salto de longitud, lanzamiento de disco, lanzamiento de jabalina y lucha; y por boxeo, todo bajo la gestión de la gente de Élide y, ocasionalmente, de Pisa.

La integración de Grecia en Roma se produjo de manera lenta, progresiva y por etapas, sin cambios bruscos, El inicio del dominio romano sobre Grecia culminó con la conquista de Macedonia y la posterior incorporación de Grecia en provincia romana. Dicho proceso no solo involucró giros de orden político y territorial, sino que también ocasionó un impacto significativo en las distintas manifestaciones culturales griegas, incluyendo los icónicos Juegos Olímpicos. En sus orígenes, como he apuntado, fueron concebidos como una celebración exclusiva de las comunidades helénicas en honor a los dioses del Olimpo, los Juegos permanecieron bajo el dominio romano, aunque progresivamente sufrieron modificaciones que mostraban las dinámicas socioculturales propias de esta nueva etapa histórica.

En el año 393 d. C., cuando el emperador Teodosio I, ferviente cristiano, promulgó una ley mediante la cual prohibía los Juegos Olímpicos, arguyendo que eran paganos y unidos a ritos religiosos insólitos. Con este mandato, se paralizó una tradición que había florecido por más de mil años en la antigua Olimpia; este hecho es comparable al cese de la luz que emana una llama ancestral. La suspensión de los Juegos fue parte de un plan más grande para hacer desaparecer las prácticas religiosas que no encajaban con el cristianismo dentro del Imperio Romano, borrando así las viejas creencias.

El decreto de Teodosio marcó el cierre definitivo de los Juegos Olímpicos de la antigüedad. Será en el año de 1896 cuando el barón Pierre de Coubertin, inspirado por un enfoque audaz, logró revivir esta tradición, dando origen a los Juegos Olímpicos modernos. Es innegable que su inspiración estaba basada en aspectos de los antiguos, con esta nueva versión se internacionalizaron y se despojaron de su índole religiosa, convirtiéndose en la fiesta mundial del deporte.

En el próximo artículo, reflexionaré sobre la atractiva evolución de los Juegos Olímpicos, indagando cómo sus raíces históricas se entrelazan en el camino hacia su modernización.

@yorisvillasana

 

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