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Gustavo Roosen: La inmigración pide políticas

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Para la Venezuela con 9 millones de sus ciudadanos fuera del país, el tema de la inmigración ocupa lugar prioritario, con todo lo que representa para quienes se fueron y para quienes permanecen. Importa por las causas, las motivaciones, las condiciones, las expectativas, el dolor de la ausencia y la añoranza. Para quienes se decidieron por Estados Unidos como destino, la política de Trump en esta materia ha abierto un mundo de inseguridades, temores, dudas y preocupaciones.

No hay duda de que la dimensión mundial del problema ha crecido. Europa y Estados Unidos lo resienten. La agudización viene dada por múltiples razones y con la acción de múltiples factores. Se agudiza, por una parte, una realidad social que la promueve. Por otra, se afirma en algunos países la argumentación que, a decir de The Economist, “culpa a los inmigrantes de los problemas de la sociedad”, especialmente en materia de vivienda, de aprovechamiento de los sistemas de bienestar y de los servicios públicos. “Están arruinando la cultura que hizo próspera a Occidente”, dicen. Olvidan estos argumentos, sigue The Economist, que “los inmigrantes no solo pagan impuestos, sino que también aumentan la productividad de las empresas y contribuyen al incremento de la recaudación fiscal en toda la economía” En Estados Unidos, el aporte positivo es incluso de los inmigrantes menos cualificados, y más segura cuanto más cualificados.

Lo nuevo y más preocupante en Estados Unidos tiene la firma de Trump. Imposible de entender y menos de aceptar el sesgo arbitrario que se traduce en persecución, atropello, amenazas de expulsión, desconocimiento de las instancias legales, imposición de una percepción radicalmente injusta que lleva a precalificar al emigrante como potencial delincuente. Frente a esa realidad, no es desechable considerar la actitud favorable de buena parte de la sociedad americana respecto de la inmigración, postura que refleja mejor un país que debe su grandeza y su crecimiento en buena parte al hecho mismo de ser un país de inmigrantes.

Podría pensarse que la visión de las más altas autoridades de un país refleja la opinión de los ciudadanos. En muchos casos no lo es.  No en el Estados Unidos de estos días. Tal parece que Trump ni sus asesores o subordinados hubieran prestado atención a las recientes encuestas de opinión de Gallup que señalan que apenas a unos meses del regreso de Trump a la presidencia la percepción favorable al emigrante ha aumentado sustancialmente, incluso entre los republicanos. Alrededor de 8 de cada 10 estadounidenses -el punto más alto de la tendencia en casi 25 años- considera la inmigración “algo bueno” para el país. La encuesta muestra además un apoyo cada vez menor al tipo de deportaciones masivas impulsadas por Trump y, adicionalmente, un mayor apoyo a las posibilidades de obtener la ciudadanía para los indocumentados residentes en el país.

Visto más allá de Estados Unidos, el tema de la inmigración obliga a otras reflexiones sobre sus causas, las ventajas y desventajas para quien llega y quien recibe, con una visión más histórica del fenómeno y con la atención al valor de la movilización humana como derecho y como factor para el enriquecimiento de una cultura.

Nadie duda de los motivos que alientan las inmigraciones: de orden cultural, económico, político, que tienen que ver con situaciones colectivas o con aspiraciones o necesidades personales. Tampoco hay dudas sobre las razones que llevan a preocuparse por los efectos de la inmigración en los países de destino, motivos que tiene que ver también con la economía, con la idiosincrasia, con la preservación de la propia cultura. Y quien dice motivos, dice también, desgraciadamente a veces, prejuicios, egoísmo, intolerancia.

Para el liderazgo mundial crece con los días la urgencia de plantearse soluciones de mayor alcance para atender un problema real. También en esta materia las leyes y las políticas necesitan actualización. Es capital ver la inmigración como un fenómeno que explica o se explica en la historia. Lo mejor de una cultura se afirma en los principios de solidaridad, de respeto a la condición humana. Se impone pensar en acuerdos globales o bilaterales sobre la base de los derechos, de la justicia, de la responsabilidad mutua, de la cooperación, de la dignidad humana.

nesoor10@gmail.com

 

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