Es público, notorio y comunicacional que la base principal de la estrategia opositora venezolana frente al régimen de Nicolás Maduro Moros sea presentarlo frente al mundo como un gobierno de criminales y violadores de los derechos humanos, y últimamente como una amenaza cierta a la seguridad de los EEUU, debido a la asociación del régimen venezolano con Irán desde el principio de la era castro-chavista-madurista, y especialmente ahora cuando los EEUU se han involucrado directamente en la guerra en el Medio Oriente entre Irán e Israel.
De acuerdo a la lógica de línea esa estratégica de actuación, se le vende a los venezolanos que la ayuda externa, en especial de los EEUU, estaría muy cerca de llegar para liberar al país de los criminales que la gobiernan, dado que Venezuela puede y será utilizado para los fines ulteriores de Irán en esa guerra –si no se hace nada al respecto- donde los venezolanos estamos ya participando –y sufriendo mundialmente las consecuencias- sin tener nada que ver con ella, por obra y gracia del régimen.
Estaría muy lejos de lo que yo quisiera que pasara si no acuerdo con la estrategia mencionada, pero como lo veremos más adelante, deberíamos ser más realistas en poner todos los huevos en esa sola canasta. Por supuesto que Venezuela constituye, en manos del sistema de relaciones criminales transnacional que la gobierna, y que se ha construido en 26 años, un peligro actual y potencial no solo para los EEUU, sino para toda la región, que debería ameritar que la crisis venezolana se encuentre en todos los planos y preocupaciones de todos los gobiernos y líderes políticos del continente.
Pero una cosa es lo que uno quisiera que pasara y otra muy diferente lo que pasa en la realidad. Una cosa es el ES y otra el debería ser. Tuvieron los EEUU, en palabras del vicesecretario de Estado Christopher Landau, en la Asamblea General de la Organización de los Estados Americanos, OEA, que amenazar con retirarse de la OEA, y dejarla de financiar para que los miembros entendieran su papel en el hemisferio (aunque aún no sabemos si tuvo éxito), tomando como pivote principal el caso venezolano:
“…El año pasado, el mundo entero fue testigo de una elección robada descaradamente en Venezuela. La oposición no solo ganó abrumadoramente, sino que tenía las pruebas para demostrarlo: las “actas”. El régimen ni siquiera se molestó en disputar seriamente la validez de las “actas” o el fraude electoral. En respuesta a ese descarado fraude electoral, ¿qué ha hecho esta organización? Por lo que podemos ver, nada sustancial. El régimen de Chávez/Maduro ha llevado a Venezuela de ser una de las naciones más prósperas de nuestro hemisferio a una de las más desdichadas, sometiendo a su pueblo a una pobreza lamentable y represión voto política, y dejando a millones con poca opción más que huir. que pretendía elegir representantes venezolanos para gobernar el estado de Esequibo en Guyana. Si esta organización no está dispuesta o no puede responder o remediar esta situación, donde un régimen desafía abiertamente las normas internacionales y amenaza la integridad territorial de su país vecino, entonces debemos preguntarnos cuál es el propósito de la organización…”.
Más adelante agregó algo que seguramente les dolió en los bolsillos a esos países: “El secretario Rubio y yo debemos poder decirle a nuestro Presidente ya nuestro pueblo que nuestra inversión sustancial en esta organización beneficia a nuestro país . sobre solidaridad hemisférica. Es hora de que la OEA muestre resultados. Apoyemos a los pueblos de Venezuela y Haití no solo con palabras, sino con hechos. Rechacemos los regímenes autoritarios y antidemocráticos ya aquellos que buscan venganzas políticas a través del proceso judicial. Organización de los Estados Americanos,) (resaltado nuestro).
El vicesecretario de Estado Christopher Landau y el Secretario de Estado de los EEUU, Marco Rubio, saben perfectamente que la nueva política de los EEUU bajo la administración de Trump NO ES DEFENDER LOS DERECHOS HUMANOS DE NADIE (salvo por supuesto los de los nacionales norteamericanos), y en ese escenario les ha solicitado directamente a los miembros de la OEA que asuman ese compromiso a cambio de su presupuesto, así que pena de abandonarlos. Es duro decirlo, pero es así.
Y como ya lo señalé en una nota anterior (ver: Venezuela y el giro estratégico de EEUU) esta posición ya es un hecho reseñado internacionalmente por analistas relevantes de política exterior en los EEUU: “La política de “América Primero” de la administración Trump representa, posiblemente, un cambio estratégico significativo que se aleja de la búsqueda de los intereses estratégicos de Estados Unidos mediante el fomento del apoyo global a la democracia, los derechos universales y las instituciones En cambio, Washington está adoptando un enfoque mucho más transaccional, buscando beneficios más concretos mediante una combinación de incentivos y castigos. Los expertos en relaciones internacionales debatirán durante mucho tiempo el impacto estratégico, la eficacia y la moralidad de este cambio” (ver: R. Evan Ellis, La política exterior de Trump podría acelerar el avance de China en América Latina.) (resaltado nuestro).
En sectores opositores de Venezuela fue aplaudida la posición de los EEUU expresada por el embajador Landau en la OEA, que nos recuerda a la antigua línea de política exterior norteamericana previa al “América Primero” de Trump, pero la realidad nos indica que terminará prevaleciendo la “realpolitik”, con la posición de la mayoría de los países que votan por sus posiciones ideológicas y presiones económicas: “La última Asamblea General de la OEA comenzó con el pie izquierdo y controlada por la izquierda. General, Albert Ramdin, lo dijo claro: No va a llamar dictador a Nicolás Maduro aunque la propia CIDH reconoce que es responsable de terrorismo de Estado.”… “ Lo más triste de la OEA es que ya han determinado no llamar dictador a Maduro y por lo tanto no se atreven a exigir la liberación inmediata de casi mil presos políticos No mencionan sus nombres, sus días de cárcel y tortura porque para la OEA no existe la tortura”… “La nueva OEA vive un verdadero terremoto China ha entrado con más fuerza y quiere imponer su. agenda, mientras, Estados Unidos, está a punto de patear la mesa y retirarse de una organización buena para nada. La democracia se cotiza a la baja y Pekín compra acciones ” (ver PanamPost, La nueva OEA no quiere llamar dictadores a los criminales de Cuba, Nicaragua y Venezuela.) (resaltado nuestro).
Entonces, vista esta lamentable realidad donde los venezolanos estamos abandonados a nuestra suerte hemisférica, insistir en una sola estrategia que nos presenta frente a los EEUU y el mundo solamente como un caso criminal y humanitario que debe ser resuelto por otro, tendrá obligación de que cambiar y ser modificado por una menos pasiva y más proactiva, y que genere la atención, no solo de una OEA en manos de la izquierda y de actores extra hemisféricos como China, sino de los propios venezolanos que esperan de su oposición el cumplimiento de su fundamental de llegar “hasta el final”. Y esto nunca se logrará si lo que esperamos que pase en Venezuela no dependa de los venezolanos. Ya es hora de aterrizar la política a la realidad. Es momento de comenzar a pensar fuera de la caja…

