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Jesús Alberto Castillo: La política diagonal

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La política va más allá de una situación de sociabilidad entre los individuos, tal como lo suponía Aristóteles. Implica, además, la correlación de poder en un determinado espacio. No debemos extrañarnos de ello porque los seres humanos tienen intereses diversos y buscan imponer su voluntad entre sus propios congéneres.

De manera que la política es un juego perverso, pero necesario donde se pone en evidencia la voluntad de llegar a acuerdos para evitar el aniquilamiento de unos contra otros. Ella interviene con miras a poner orden y cada actor, dependiendo de su capacidad organizativa y fuerza, impone su criterio dentro de una dinámica de poderes. En consecuencia, está latente una permanente lucha que requiere ser administrada con inteligencia y astucia entre los que participan en ese crudo espacio por mantener cuotas de poder.

Hay quienes conciben que esa lucha política se realiza desde las estructuras del Estado. En esa perspectiva se anota Max Weber, quien considera al Estado como el monopolio de la violencia legítima dentro de un determinado territorio. Es allí donde el poder cobra importancia capital y sus funcionarios legitiman su autoridad frente a los ciudadanos. A partir de las instituciones públicas, la política se construye como un torbellino para ejercer su dominio y producir decisiones clave en todo el sistema social.

En cambio para otros autores, la política no se restringe al Estado sino que se bifurca en todos los espacios de la vida. En este enfoque se inscribe Hannah Arendt con su célebre política diagonal. La referida pensadora asume que el poder se hace presente en cada lugar donde nos movemos, por muy sencillo que parezca. Ninguna circunstancia de nuestra vida resulta neutral, más bien hay dinamismo e intereses latentes. De tal manera que la política se expande como un torrente por todo el entramado social (escuelas, gremios, sindicatos, lugares de trabajo, entre otros) para configurar un escenario multidimensional.

Esa política diagonal expuesta por Arendt resulta crucial para comprender el importante rol que puede jugar la sociedad civil en generar los procesos de cambio politico, a través de su estructura organizativa y fuerza movilizadora. La historia de la humanidad está llena de significativas experiencias donde los movimientos sociales han impulsado grandes transformaciones en diversas naciones, incluso, desplazando regímenes fuertes que se consideraban invencibles. Aún el espíritu arendtiano sigue vivo para recorrer y llevar esperanzas a muchos pueblos que siguen subyugados por modelos totalitarios.

 

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