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Rafael Fauquié: A la irracionalidad o indiferencia del universo… V

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Cambiaron las expresiones. Cambió el tiempo y cambiaron los lugares; y, desde luego, cambió tu manera de merecer tus voces.

Te esfuerzas por escribir palabras con las que enfrentar lo fortuito, predecirte en lo impredecible, prevenirte ante lo imprevisto, responder a la confusión o al hastío, entender lo verdaderamente necesario…

Con tu escritura das un nombre a lo que, perteneciéndote, pudiera pertenecer también a muchos otros.

Con la escritura conviertes comprensiones, espejismos y verdades en fronteras de tu personal geografía.

Contemplas en la acción de las palabras el dibujo de muchas horas nuevas que se negarán a ser solo recuerdo.

Escucha la voz de los poetas. Lograrás así escapar de muchos lugares comunes, de muchas banalidad, de mucha mentira, de mucho sinsentido.

Actúas y nombras. Haces y dices. Escribir es tu acto y tu destino.

Escribes para recorrer el tiempo con tus voces.

Escribes para rescatarte de lo absurdo y lo imprevisto.

Escribes para decir a tu manera esa historia que es la tuya.

Escribes para nombrar indudables certezas e incertidumbres indudables.

Escribes para bautizar ciertos días con nombres propios.

Escribes para reencontrarte en un orden verbal regido por íntimas formas de coherencia.

Escribes para convertir memorias y aprendizajes, deseos y convicciones, juicios y condenas en refugio, atalaya, espejo…

Escribes para reconocerte al interior de un confuso diseño universal..

Escribes para contradecir muchas imposturas.

Escribes para responder al cercenamiento de ilusiones y promesas.

Escribes para continuar el sentido de tus sueños.

Escribes para proseguir tu camino hasta el final….

Convierte tus palabras en esperanzada visión de esa ruta que tú mismo eres.

Convierte tus palabras en signos del camino escogido por ti.

Existe en la acción de las palabras una conquista de libertad y el alimento de horas nuevas que se negarán a ser solo recuerdo.

Correspondencia entre las voces y la vida: una posible justificación del propio tiempo, una manera de alejarte de mucho merodeo inútil y mucha inconsistencia.

Escribes como vives: con lucidez alerta o perdidos en los cálidos laberintos de tu desorientada conciencia, con placidez o disgusto, con segura confianza o temor, con indiferencia hacia el otro o con las manos tendidas hacia él.

Trazo en el tiempo y trazo en la página: analogía entre tus palabras, tus actos, tus sueños, tus propósitos…

Al andar, diseñas un destino. Al escribir, lo postulas como el único posible.

Habitas, caminas, haces, dices… Todo ello precisa, por igual, de la coherencia y la armonía.

Un paso sucede a otro paso, una palabra continúa a otra. Pasos y palabras: larga e ininterrumpida cadena de eslabones relacionados entre sí, siempre significativos…

Escribes y te hablas, antes que a nadie a ti mismo. Tus palabras son conciliábulo, inspiración, diálogo, conjetura… Evocación de razones surgiendo por entre los intersticios de tu tiempo…

Escribes y recorres el tiempo junto a tus voces. Con ellas reúnes lo disperso y bautizas tus días con algunos nombres propios.

¿Por qué te refugias en las palabras? Acaso para describir verdades que te acompañan o evocar recuerdos que no te abandonan o relatar el porqué de tus preguntas y tu incesante necesidad de respuestas.

Precisas escribir las cosas para llegar realmente a comprenderlas.

 

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