El régimen de Nicolás Maduro ejerce un poder mediático significativo en Venezuela, caracterizado por un control y una influencia extensos sobre los medios de comunicación, lo que ha generado serias preocupaciones sobre la libertad de prensa y el acceso a información plural en el país.
Podemos deslizarnos por las principales estrategias y efectos de este poder mediático. Control de medios estatales y adquisición de medios privados:
Sistema Bolivariano de Comunicación e Información (Sibci): El gobierno cuenta con una vasta red de medios públicos que incluyen canales de televisión (Venezolana de Televisión – VTV, TVES, ANTV, ConCiencia TV, 123TV), emisoras de radio (Radio Nacional de Venezuela, YVKE Mundial, Alba Ciudad, La Radio del Sur) y periódicos, todos bajo la supervisión del Ministerio del Poder Popular para la Comunicación y la Información. Estos medios difunden la línea oficial del gobierno.
Cadenas nacionales: El gobierno hace uso frecuente de las «cadenas nacionales» de radio y televisión, que son transmisiones obligatorias para todas las estaciones del país, interrumpiendo la programación regular para difundir mensajes y discursos oficiales.
Adquisición de medios privados: A lo largo de los años, varios medios de comunicación privados que eran críticos con el gobierno han sido adquiridos por empresarios vinculados al chavismo, lo que ha resultado en un cambio de su línea editorial y una disminución de las voces disidentes.
Otras de las estrategias es la censura y restricciones a la libertad de expresión.
Cierres y bloqueos: El gobierno ha cerrado o no renovado las concesiones de numerosas emisoras de radio y canales de televisión, y ha bloqueado el acceso a portales de noticias digitales nacionales e internacionales. Entre 2013 y 2022, más de 60 periódicos dejaron de circular y al menos 285 emisoras de radio cerraron.
Marco legal restrictivo: Leyes como la «Ley contra el odio, por la convivencia pacífica y la tolerancia» (2017) han sido utilizadas para criminalizar la disidencia y perseguir a periodistas y ciudadanos que expresan críticas al gobierno.
Ataques y detenciones: Periodistas y trabajadores de medios de comunicación han sido blanco de agresiones, detenciones arbitrarias, confiscación de equipos e incluso deportaciones. La autocensura se ha vuelto una práctica común debido al clima de miedo.
Bloqueo de plataformas digitales: La Comisión Nacional de Telecomunicaciones (Conatel) ha implementado bloqueos a diversas plataformas digitales y redes sociales, especialmente durante eventos críticos como elecciones o protestas, para limitar la difusión de información no oficial.
Vigilancia y control: Se han documentado prácticas de vigilancia intensiva y una «cultura del soplón» que incentiva a los ciudadanos a delatar a quienes se oponen al régimen.
Las derivaciones del control de los medios de comunicación en la sociedad venezolana.
Acceso limitado a información plural: El control mediático restringe significativamente la capacidad de los ciudadanos para acceder a una diversidad de voces y perspectivas, lo que dificulta la formación de una opinión informada.
Polarización y desinformación: El aparato mediático oficial a menudo presenta una narrativa única, estigmatizando a la oposición y generando desinformación, lo que contribuye a la polarización de la sociedad.
Miedo y autocensura: La represión y las amenazas generan un ambiente de miedo que lleva a periodistas y ciudadanos a autocensurarse, limitando la libre expresión y el debate público.
Emergencia de medios digitales independientes: A pesar de los desafíos, algunos medios digitales independientes y periodistas han surgido como alternativas para informar, aunque enfrentan constantes bloqueos y dificultades de acceso para gran parte de la población debido a la inestabilidad de la conexión a Internet.
El régimen de Maduro utiliza un enfoque multifacético para controlar el panorama mediático en Venezuela, combinando la propiedad estatal de medios, la adquisición de medios privados, la aplicación de leyes restrictivas, la censura y la represión, con el objetivo de moldear la opinión pública y limitar la disidencia. Esto ha tenido un impacto profundo en la libertad de prensa y el derecho a la información en el país.
El sometimiento que demuestran la mayoría de los medios de comunicación en nuestro país también tiene toda una intencionalidad que es ocultar el desencanto que comienza a emerger dentro de las filas chavistas, capital estratégico para la sobrevivencia de la revolución bolivariana.
Tengo visión compartida con los especialistas en materia de estrategias políticas y electorales consideran, «el espacio de la ‘magia’ de la publicidad no debe nunca sustituir el debate de las ideas”. No obstante, es significativo puntualizar que el gobierno revolucionario se apoya en sofisticadas técnicas comunicacionales, orientadas a dos fenómenos sociales de profundas consecuencias políticas que apuntan hacia: la mediatización de la sociedad y la confusión valorativa de sus prioridades siempre electorales. En nuestro país observamos a diario como el régimen utiliza a un marketing político para transformar la verdad, la significación está en las imágenes.
En síntesis, el gobierno quiere “montarse” sobre la ola de la magia de los medios para mostrar lo que no existe, lo que no han hecho durante casi 26 años en el poder central, esta realidad se articula perfectamente con las expresiones de algunos dirigentes revolucionarios que afirman que el gobierno de calle ha sido “puro pote de humo”, ya en los sectores populares se siente un rechazo hacia los funcionarios del gobierno, es revelador como últimamente la mayoría del pueblo chavista no sale a recibir con emoción a su máximo líder de socialismo siglo XXI cuando los visita con todo su equipo de alto gobierno para darle arranque al programa “Gobierno de Calle”.
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