Los océanos pueden impulsar el crecimiento económico y cambiar las vidas de la gente
Los océanos sustentan más de 100 millones de empleos equivalentes a tiempo completo (i) y proporcionan alimentos a más de 3000 millones de habitantes (i) en todo el mundo. Además, regulan el clima y apoyan la biodiversidad. Los océanos aportan USD 2,6 billones (i) a la economía mundial cada año. La protección de estas extensas masas de agua azules puede ser un cambio transformador para las personas, la vida marina, la economía y el planeta.
Los océanos pueden cambiar vidas e impulsar el crecimiento. Cambios transformadores para un planeta habitable.
Los países han intensificado sus esfuerzos para gestionar los recursos oceánicos de manera más sostenible, de modo que los océanos puedan seguir produciendo beneficios económicos y sociales, al tiempo que se protegen sus ecosistemas.
Mantener los océanos para la próxima generación en el Pacífico
En los países insulares del Pacífico, el suministro de pescado per cápita disminuyó un 14 % entre 2007 y 2021. Esto causa un problema a Kiribati, que tiene una de las tasas de consumo de pescado más altas en el mundo debido a la falta de productos alimenticios alternativos.
La industria pesquera —principalmente la pesca comercial y la pesca de subsistencia costeras— representa el 34 % del PIB del país. La gestión eficaz es una prioridad, e incluye el manejo de la pesca costera que proporciona medios de subsistencia y sustento a la mayoría de las comunidades.
Aquí en Kiribati, el océano es nuestra vida. Nuestra gente depende de él. Y tenemos que mantenerlo para la próxima generación, dijo Maaria Henry, ex oficial de Protección Pesquera, que ahora trabaja en la División de Pesca Costera.
Maaria se incorporó a la Unidad de Control Pesquero en 2021 para proteger las poblaciones de peces nacionales y poner fin a las prácticas insostenibles.
Revisamos las embarcaciones pesqueras para verificar si los pescadores están realizando alguna práctica ilegal, como capturar peces de tamaño inferior al reglamentario o usar métodos y equipos de pesca que están obsoletos o prohibidos, dijo Maaria, durante una de sus inspecciones.
Gracias al control comunitario que lleva a cabo Maaria, el comportamiento relacionado con la gestión de la pesca ha cambiado. Al interactuar directamente con las comunidades, el Gobierno ha podido mejorar el uso responsable de la pesca costera, una actividad que realizan embarcaciones más pequeñas en zonas cercanas al litoral. En este caso, los pescadores pueden trabajar durante el día y regresar antes del anochecer.
El trabajo de Maaria forma parte de un esfuerzo más amplio del Gobierno de Kiribati, apoyado por el Banco Mundial a través del Programa de Paisaje Oceánico Regional de las Islas del Pacífico (PROP) (i), para salvaguardar sus mares territoriales y su zona económica exclusiva (ZEE), la más grande del mundo. La fuente más importante de ingresos del país es la pesca industrial de atún en la ZEE de Kiribati: genera el 65,5 % del ingreso nacional bruto.
En siete países insulares del Pacífico se ha mejorado la gestión de la actividad pesquera con un mayor seguimiento, eficacia y cumplimiento, y estos esfuerzos han incluido la aplicación de enfoques de gestión comunitaria en la pesca costera nacional y el monitoreo de las flotas oceánicas industriales.
Proteger a la población de la erosión costera en África occidental
Para que los océanos cumplan su función de proporcionar empleos y medios de subsistencia, los países deben dar prioridad a su restauración y gestión sostenible. Solo así podrán recuperarse realmente de la sobreexplotación de recursos pesqueros, la erosión, la contaminación, el cambio climático y los fenómenos meteorológicos extremos.
Durante décadas, el litoral de África occidental se ha visto afectado por la rápida erosión, y Benin y Togo pierden 15 metros de costa cada año.
Pero eso está cambiando.
Con financiamiento del Programa de Gestión de las Zonas Costeras de África Occidental (WACA) (i) se han construido 42 kilómetros de infraestructura costera, incluidos rompeolas, espigones y muros de arena.
En consecuencia, el mar ha retrocedido significativamente, hasta 200 metros a lo largo de un tramo de 5,3 kilómetros en Grand-Popo, Benin.
Se ha protegido de las inundaciones a las zonas costeras de ambos países, con lo que se ha salvaguardado la vida y los medios de subsistencia de más de 145 000 personas.
En la época de marea alta, olas poderosas de más de 2 metros de altura rompían las paredes y puertas de nuestras casas, inundándolas por completo. Nos enfrentábamos al riesgo de ser electrocutados, y los hombres tenían que pasar despiertos toda la noche para proteger a las mujeres y los niños, contó Ayayi Hounlédé, habitante de la zona costera de Aneho en Togo.
Desde que construyeron los rompeolas, tenemos más espacio en la playa. Ahora dormimos tranquilos, y no tememos a las inundaciones.
La pesca artesanal ha regresado a las costas. Las especies que habían desaparecido han empezado a retornar.
Los peces crecen bien en los pozos. Con el apoyo del WACA, se hicieron excavaciones submarinas para recolectar la arena que se usó en la restauración de las playas. Cuando los peces pasan, ahora se dirigen hacia la orilla. Esto es una bendición para nosotrosexplicó Djourdé Bouboukari, un exestudiante que se convirtió en pescador, en Togo.
En los días de buena pesca, ¡nuestros ingresos pueden llegar a ser de FCFA 3 a FCFA 4 millones (unos USD 8000) por día!, agregó Dosseh Legbeze, presidente de la Federación Nacional de Cooperativas de Pescadores de Togo.
El programa WACA brinda apoyo a nueve países de África occidental —Benin, Côte d’Ivoire, Gambia, Ghana, Guinea-Bissau, Mauritania, Santo Tomé y Príncipe, Senegal y Togo— en las áreas de gestión de los recursos costeros compartidos y protección de las comunidades costeras mediante reformas normativas, apoyo institucional e intervenciones locales. Hasta la fecha, ha reducido el riesgo de inundaciones para 16 242 hogares, ha creado 9260 empleos y ha restaurado más de 28 000 hectáreas de ecosistemas.
Avances y promesas para las mujeres emprendedoras en Tanzanía
La falta de garantías y financiamiento y los sesgos de género son obstáculos importantes que mantienen rezagadas a las mujeres emprendedoras. Con la inversión adecuada, las mujeres pueden ser un factor de cambio importante. En Zanzíbar, se empoderó a las mujeres productoras de algas marinas para que hicieran crecer su negocio.
En Zanzíbar, el Gobierno otorgó préstamos blandos y entregó más de 500 botes a cultivadores de algas marinas. Esto redujo los costos físicos de la recolección y el tiempo necesario para transportar las algas marinas hasta las repisas de secado.
Además, el cambio hacia métodos de producción más eficientes, como el cultivo en aguas profundas, resultó en algas marinas de mayor calidad.
Con estas nuevas inversiones, las productoras de algas marinas pudieron reducir sus costos de producción, hacer crecer su negocio y ahorrar más de USD 6 por día.
La producción de cottonii, una especie de alga marina, se multiplicó por seis y benefició a casi 16 000 productores, en su mayoría mujeres.
Las mujeres participaron activamente en la industria de algas marinas utilizando pequeñas embarcaciones.
Ahora, ellas pueden vender sus productos de manera competitiva a cualquier empresa relacionada con la economía azul. Además, han reinvertido sus ganancias en negocios e iniciativas locales.
Cultivo de algas marinas en Zanzíbar, Tanzanía. Crédito de la foto para la galería: RGOZ, Gobierno Revolucionario de Zanzíbar.
El financiamiento azul impulsa las economías de Seychelles y Rumania
Las opciones de financiamiento azul innovadoras pueden encauzar el capital público y privado hacia inversiones oceánicas sostenibles para apoyar áreas como la biodiversidad, los medios de subsistencia y la pesca.
En 2018, Seychelles emitió, en colaboración con el Banco Mundial, el primer bono azul soberano del mundo, que permitió recaudar USD 15 millones para apoyar la conservación marina y la pesca sostenible.
En 2022, IFC otorgó el primer préstamo de financiamiento azul (i) en Europa central y oriental por valor de EUR 100 millones a Banca Transilvania.
Uno de los beneficiarios, el piscicultor George Ionescu-Vitzu, cofundó una cooperativa pesquera centrada en la sostenibilidad.
Para que nuestros negocios sean realmente exitosos, debemos focalizarnos en la cría de peces sanos en un entorno natural saludable. George Ionescu-Vitzu, piscicultor de Rumania.
Al limitar el número de jaulas en el lago Oasa, utilizar equipos muy buenos y priorizar el mantenimiento y la conservación, han protegido el agua y han producido peces de alta calidad.
Los océanos para las personas y el planeta
Desde Kiribati a Benin y desde Togo a Zanzíbar, estos programas tienen un objetivo común: utilizar de manera sostenible los recursos oceánicos para impulsar el crecimiento económico, mejorar los medios de subsistencia, crear empleos y preservar la salud de los océanos. Con el apoyo del fondo fiduciario de múltiples donantes PROBLUE (i), la cartera de proyectos de economía azul del Banco Mundial ocupa un lugar central en este enfoque.
Ninguna de estas iniciativas habría tenido éxito sin la participación de integrantes de las comunidades costeras como Maaria y Djourdé. Ellos tienen las soluciones. Con asistencia financiera, capacitación y orientación, se han convertido en importantes agentes de cambio en sus comunidades, y más allá.
Estas historias muestran lo que se puede lograr cuando los países invierten en las comunidades locales, priorizan la concientización pública y atraen nuevas fuentes de financiamiento. Cuanto más los países aprendan unos de otros y amplíen lo que funciona, los océanos podrán seguir cambiando vidas e impulsando el crecimiento.
Grupo Banco Mundial

