A Mediados del año 1990 estando en el departamento de fotografía del diario el Nacional, recibí una llamada del jefe de redacción Luis Fernández, quien dijo: “Frasso baja que aquí está alguien buscándote” y al llegar a su oficina, viví un momento de gran emoción, al ver a alguien que se había convertido con el tiempo en una figura estelar de la vida, el mejor fotógrafo del mundo, Sebastião Salgado, premio Internacional de Fotografía Rey de España y premio Príncipe de Asturias (1998) entre otros tantos galardones recibidos a lo largo de su carrera. Él recibió el premio Rey de España 1988, por su trabajo sobre la desigualdad social en Brasil siendo así el primer latino que recibió ese premio y quien escribe (Frasso) fue el segundo latino (1989) y único venezolano en recibir el mismo premio, con mis fotos del Caracazo.
Este hombre nació hace 81 años, en Brasil, específicamente en Aimorés, Minas Gerais; economista de profesión, que trabajaba en organismos públicos y que una mañana llevando a su hijo al colegio, (tenía una condición especial), comenzó a tomarle foto y allí descubrió lo que iba a ser su pasión hasta el día de su muerte, el 23 de mayo del 2025.
Con Salgado empecé a recorrer muchos sitios de Caracas, porque durante el gobierno de Carlos Andrés Pérez, le fue negado el permiso para hacer fotografía en los campos petroleros, buscando contenido para el libro que estaba preparando sobre la mano de obra en el Mundo, me causó gran tristeza que no le permitieran a este gigante de la fotografía captar las imágenes de la empresa petrolera venezolana. Se quedó una semana en el país y me emocionaba mucho verlo, con varias cámaras Leica que estaba probando y varios maletines llenos de más de 200 rollos Ilford que utilizaría después de partir de Venezuela.
Salió de aquí rumbo a Kuwait donde se estaba desarrollando la guerra del Golfo, y luego 2006 asesinaron de Sadam Huseín (por EE. UU.) apoderardoce de los pozos petroleros Kuwaití, que salgado había retratado con anterioridad donde vimos unas fotos impactantes de lo que se conoce en los campos petroleros como “Arbolito de Navidad”, pozos convertidos en llamas, imágenes del fuego y la sangre. Está, como muchas guerras injustas en el golfo pérsico solo para asesinar un pueblo y adueñarse de su petroleó, es siempre una táctica estadounidense, este hombre poniendo en riesgo su vida y saliendo de una malaria contraída en la década de los 90 y que luego fue la consecuencia de la leucemia que acabo con él.
Recorrió más de la mitad del mundo (un total de más de 100 países). Algunas de sus obras más conocidas e importantes fue la serie de imágenes en blanco y negro del libro Sierra Pelada, un sitio de extracción de oro en la década de los 90, en el Amazonia, el pulmón vegetal más grande del mundo, él denunciaba la manera como habían deforestado esa tierra quemando y talando millones árboles, los garimpeiros como se llaman a estos buscadores de oro.
Con Sebastiao, seguí manteniendo contacto a través de correo electrónico y conociendo el hombre de una condición social y poética, de la cual hacía gala en sus imágenes captadas. Apoyo el movimiento sin tierra “MST” y era su gran financista, luchador por la reforma agraria en su país y por defensa de la Amazonia.
Durante la dictadura brasileña, que duro hasta 1985 después del decorramiento João Goulart, Salgado tubo que mantenerse en el exilio después de recorrer muchos países y quedándose en Francia cuando dejo de apoyar a la dictadura militar.
Un buen día me escribió un correo electrónico, donde me invitaba a ver la exposición que recogía algunas fotos icónicas, de los trabajadores en el mundo y lo que él llamaba la ruina del oro en el Amazonia, emocionante y hermosas aquellas imágenes, que cobraron un movimiento inmersivo, en todas las salas llenas con sus imágenes de carga social.
Caminamos luego por París y una mañana me dijo “que interesante Frasso, vendí una foto 30×40 en cinco mil euros”, cerca de la iglesia de Notre Dame donde se hizo una de las fotos más famosas del mundo, “El beso en el hotel de Ville”, tomada en la década de los 50 frente a lo que es ahora el ayuntamiento de París por el fotógrafo Robert Doisneau. Me explicaba toda la historia de aquella fotografía. Así compartimos durante varios días y asi nacio una gran amistad.
Su obra recoge fotografías en blanco y negro donde el desplazamiento masivo de personas, nos demuestra lo que es la migración en el mundo, esta producción que duro 6 años, logro un libro llamado “Éxodos y Retratos” que fue publicado hace 25 años.
Conservo en mi biblioteca muchos libros de su autoria, que por cierto los diseñado por su esposa Leila Wanick: su primer libro hecho en 1996 retrato de los Pobres de América, allí presenta l importancia de la desigualdad humana y la violación de sus derechos. “El Hombre en Pánico”, sobre la sequía en el norte de África, resultado de una colaboración con la ONG Médicos sin Frontera, que cubrió la sequía y la muerte de muchos niños en esa parte del mundo.
También fue testigo con sus imágenes del genocidio en Ruanda (1994), donde murieron más de un millón de personas en la guerra entre los Tutsi y el gobierno hegemónico Hutu
Hoy cuando escribo estas líneas con el corazón henchido de dolor con la partida del último de los olimpos de la fotografía, el integrante de la agencia Mágnum, donde estuvieron grandes fotografoas como Robert Capa quien murió en Vietnam pisando una mina de la guerra, Henri Cartier-Bresson y otros tantos que forman parte de esta gran escuela fundada en París y que existe como una gran referencia en todo el Mundo.
Amigo donde quieras que te encuentras hoy, recuerdo, que en este país aunque no pudiste, hacer tu trabajo en ese momento, siempre tendremos tu especial, solidaria y bella presencia que mantuviste con los pueblos del Mundo.
Juliano Salgado y Sebastião Salgado
Frasso – 0414-2426957 – Frasso107@gmail.com

