Diferencia con el abstencionismo
Veinteañero dilema
En Venezuela, en los últimos veinte (20) años, se ha suscitado el dilema entre votar y no votar. Que se recuerden, están los antecedentes sobre el funcionamiento de las máquinas de votación, la constante inconstitucionalidad en la elección política de los miembros del CNE y más recientemente el fraude electoral consumado el 28 de julio de 2024, porque al Gobierno no le gustó la corriente ganadora, a la cual no deja de tildar de fascista, aunque para más de 7 millones, 400 mil venezolanos, ellos sean demócratas y ganadores.
Efectos del fraude
Este último hecho, generó en el ánimo de muchos venezolanos, frustración y aumento en la desconfianza hacia la dirección del CNE, que seguirá como responsable de organizar los venideros procesos electorales, aunque siga sin anunciar los resultados desagregados de las elecciones presidenciales, lo que a todas luces sigue constituyendo una gravísima irregularidad a sus deberes de árbitro, lo que hace además que su llamado a votar para el 25 de mayo, se muestre huérfano de entusiasmo y respaldo ciudadano.
Esas faltas de entusiasmo y respaldo, son resultados de un proceso de reflexión que muchos venezolanos hemos realizado, acerca de la irregularidad de la que hemos sido víctimas, y de las cuales fuimos testigos al estar presentes de manera presencial en cada uno de nuestros centros de votación, donde oíamos claramente como se cantaban en alta e inteligible voz, los sufragios ciudadanos en favor de Edmundo González Urrutia, para luego recibir la infame información de que esos resultados fueron tergiversados.
Por lo anterior, hablaremos de una abstención o ausencia puntual para las elecciones del 25 de mayo, nacida de nuestras conciencias, de no aceptar en justicia que, nuestra opinión mayoritaria, no haya sido respetada o preservada por la autoridad electoral, lo que nos lleva a preguntar en relación a mayo, ¿votar para que el voto nos lo conviertan en paria?, porque así lo convirtieron en el último proceso, para que no fuese determinante, ni menos contabilizado a favor de la causa que adversamos, es decir, lo mimetizaron.
La abstención o ausencia en los centros de votación, resulta de una toma de conciencia, valor espiritual y moral, que nos permite autodeterminarnos, consciente y responsablemente, sobre todo al momento de escoger las autoridades que regirán nuestros destinos, que difiere del abstencionismo, porque esta es una postura de total desinterés por la vida política, una conducta permanente de no votar, que no es nuestro caso, pues estamos claros que con nuestra abstención, estamos negándole al régimen los medios para que diga que en Venezuela hay Democracia, luego del 25 de mayo.
Reacción social
Este evento de mayo, no puede ser un borrón y cuenta nueva, al contrario, es oportuna una conducta de censura social al mismo; para ello la abstención será la conducta más oportuna, lo que no significa abstencionismo, que es una conducta más duradera o prolongada en la voluntad de no sufragar, de no interesarse por ningún evento electoral, lo que no ocurre con el presente proceso, pero que sí, debe merecer una sanción ciudadana ante todo lo ocurrido, para que no se vuelva a repetir.
Significado de la abstención masiva
Se equivocan entonces los empíricos voluntaristas, al decir que la abstención es omisión, todo lo contrario, es acción, es actuar para cuestionar la situación irregular del 28 de julio, ese ausentismo implicará correr riesgos, por la cacería que hacen de sus promotores, a los cuales se les inventan expedientes, la abstención, no es entrega, es verdadera resistencia, la cual según el -diccionario de la lengua española- es la “acción de rechazo, aguante, renuencia o negativa” en este caso, a acompañar un proceso electoral vulnerable.
La abstención masiva, en tiempos de fraude es un medio de defensa social y electoral ciudadana, contra la pretensión gubernativa de seguir contando los votos como quieran, es oponerse a unas elecciones regionales, precedidas de una gravísima impunidad, que como bien señaló José Ignacio Hernández, constituyen un nuevo fraude, al mezclarse dos elecciones de dos niveles territoriales: estadal y parlamentario nacional, con el propósito de enterrar el clamoroso triunfo ciudadano del 28 de julio.
El poder como legitimidad
Al respecto se debe recordar que, a regímenes como el actual, lo menos que le importa es la legitimidad, noción que no se detendrá a atender o analizar con nadie, pues para eso tiene poder, con el cual someterá a cualquier adversario o enemigo político, si se atreviese a reclamar el verídico resultado, así, copará la mayoría de los cargos de elección popular, así sea con un mínimo de votantes. Para ellos, lo importante es contar con un grueso número de electores en los centros de votación, para poder manipular los resultados.
Protesta cívica
No mostrar una protesta masiva y cívica, para el evento del 25 de mayo, sería imperdonable o injustificable y ello sólo se logrará con una masiva abstención, la cual no podrá ser impedida por el régimen, mientras que el voto, si lo podrá mezclar con los de ellos, sin control alguno. Por eso, regalarle un voto régimen, para que lo cuente como quiera, no, es más, sino seguir sacrificando valores y principios democráticos, que nuevamente se verán mancillados por el inescrupuloso sistema electoral, además de la burla que ello representa.
Otra de las opiniones leídas, es la de quienes no consideran el 28 de julio, como un gran triunfo ciudadano, claro que lo fue, sólo que la autoridad competente no obró con probidad, a lo cual se sumó la connivencia de otras fuerzas del régimen, para consumar el fraude, pero los votos de la Democracia se cantaron como ya se dijo; por eso, de haberse superado los obstáculos extraelectorales impuestos a la decisión soberana de cambio, hubiese sido también un triunfo militar, pero eso no era lo esperado en esa estratégica elección.
Que quede claro entonces que el alto grado de conciencia ciudadana que decidió abstenerse masivamente el 25 de mayo, no es abstencionismo, sino una manifestación ciudadana de protesta comprobada, de rechazo a la manipulación en la totalización de votos ocurrida, de desatención a una indigna convocatoria, una sanción moral a la felonía cometida contra la democracia, de no permitir que se siga jugando con la fe y la esperanza de los venezolanos, que se entienda de una buena vez desde el poder que, al gobernar contralegem, siempre tendrá el desdén del pueblo.

