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Jesús Alberto Castillo: Entre la convicción y la responsabilidad

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Uno de los pensadores que mejor pudo descifrar el dilema entre la convicción y la responsabilidad para un dirigente político fue Max Weber, ese gran teórico de la burocracia. En efecto, sostuvo que hay situaciones en la vida que un estadista debe asumirla, aunque la misma choque contra sus propios principios. Pues, se trata de dar respuestas prácticas a situaciones adversas para evitar el caos.

La responsabilidad, según Weber, es cumplir con el deber de hacer frente a situaciones catastróficas, tomar decisiones apropiadas a las circunstancias y estar dispuesto a asumir las consecuencias que ellas acarrean. Es por ello que nos habló de dos tipos de ética: la de la convicción y la de la responsabilidad. La primera se adapta a los sanos deseos del sujeto político, a lo que considera bueno y justo. La segunda, a lo que se ve obligado a hacer ante las circunstancias.

Para ser ilustrativo, Weber en su obra “La política como convicción” pone como ejemplo un mandatario de naturaleza pacifista, amante de la convivencia social y fuerte crítico de la guerra que ante el peligro inminente de que su nación sea invadida por un Estado agresor no tiene otra alternativa que declarar la guerra. Mantenerse fiel a sus convicciones sería un verdadero desastre. Se convertiría en un gobernante inepto, cómplice e irresponsable por permitir que el territorio bajo su mando pase a manos de otro Estado.

Así de lógico es el planteamiento weberiano sobre la ética de la convicción y la ética de la responsabilidad en el espacio político. Lamentablemente, hay quienes aún no comprenden esta diferenciación y se descontextualizan de la realidad política. Influyen en ellos más los sanos deseos que la propia crudeza de los hechos que son determinantes en el accionar político. Al final, son los resultados que cuentan más que las buenas intenciones en el complejo mundo de la praxis política.

Al evaluar el actual debate en los sectores opositores de ir o no a las elecciones del 25 de mayo, tenemos en Weber un gran referente para dilucidar dicha controversia. Por supuesto, cualquiera pudiera convencerse que votar es un acto de deslealtad a la voluntad expresada el 28 de julio. Hay razones para pensar así; pero, si no se vota, el oficialismo ganará todos los cargos a disputarse y mantendrá su hegemonía, aún siendo minoría.

Esa es la cruda realidad en política, nos guste o no.  Esperar que ocurra el milagro por obra y gracia de un salvador, de acuerdo a la convicción de la mayoría, sería condenarnos al maleficio del oficialismo. Lamentablemente, contrario a lo que piensa el colectivo, los buenos deseos no son suficientes en política. En ella se impone la realidad de los hechos. En eso Maquiavelo acertó al desnudar la política en su verdadera esencia, sobrepasando a los antiguos pensadores griegos como Platón y Aristóteles.

Politólogo y candidato por lista al Consejo Legislativo del Estado Sucre.

 

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