Continuamos la serie de “cisnes negros” biológicos que han resultado significativos en la historia del siglo XX venezolano. El riñón de Cipriano Castro, la próstata de Juan Vicente Gómez, y la enfermedad cerebral del Dr. Diógenes Escalante.
En 1945 el post gomecismo iba para diez años y había sido encabezado por los generales Eleazar López Contreras (ELC) e Isaías Medina Angarita. A continuación analizamos el período de ELC solamente desde el punto de vista político electoral:
La Constitución de 1936 inició elecciones de segundo grado para la Presidencia de la República y apenas pudieron votar los varones mayores de 21 años. Por otra parte, el Congreso aprobó una ley conocida como Ley Lara, que declaraba en el inciso VI de su artículo 32, como traidor a la patria a quien -a juicio del Ejecutivo- fuera considerado comunista, anarquista, etc. Debido a la aplicación de esa ley, pro hombres como Rómulo Gallegos y Enrique Tejera renunciaron al gabinete de López Contreras.
Hay que aclarar que desde comienzos de 1936, personalidades opositoras propusieron – sin éxito – la elección universal, directa y secreta, que incluía la elección de un nuevo Congreso que reemplazara al electo “a dedo” por Juan Vicente Gómez.
Un año después, en enero de 1937, se realizaron elecciones (de segundo grado) para la renovación parcial del Congreso. Fueron electos – y anulados por la Corte Suprema basadas en el Inciso VI – los diputados Jóvito Villalba, Raúl Leoni, Gonzalo Barrios y Juan Oropesa. Solo respetaron la elección del senador Luis Beltrán Prieto.
En marzo de 1937 fueron expulsados –otra vez el Inciso VI- 47 dirigentes acusados de comunistas, anarquistas o lo que se le ocurriera al Ejecutivo. Entre ellos Jóvito Villalba, Raúl Leoni, Gonzalo Barrios, Juan Bautista Fuenmayor y muchos otros. Rómulo Betancourt se les escapó y estuvo tres años en la clandestinidad hasta que fue capturado por un comando -en el que curiosamente estaba Pedro Estrada- y expulsado del país.
También López ilegalizó al ORVE, PNP, BND y otras organizaciones, mientras su gobierno creaba las Agrupaciones Cívicas Bolivarianas con multas electorales.
En 1938 a Rómulo Gallegos, Pérez Alfonso y otros les fue desconocida su elección como concejales.
A pesar de tanta represión y abuso de poder, la naciente democracia del período del ELC tuvo un balance positivo. Hay que resaltar que él se rebajó su período presidencial de siete a cinco años. Con cierta resistencia el gomecismo cedía. Y en 1941 fue electo por el Congreso como presidente el militar demócrata Isaías Medina Angarita.
Demócrata con mar de fondo
El general Medina era el ministro de Guerra de ELC. En la selección del Congreso obtuvo 120 votos, contra 10 de Rómulo Gallegos y 2 del Embajador Diógenes Escalante. Este último era el candidato de López Contreras, paisano de Queniquea, condiscípulo y amigo. López lo convenció –a pesar de cierta resistencia- para que fuera candidato. Se vino a Venezuela creyendo que sería electo. El Dr. Escalante era andino y pro régimen, pero no era militar, lo cual increíblemente fue el impedimento para su candidatura. Finalmente el candidato resultó el general Isaías Medina Angarita. Por su parte, Escalante manifestaría entre amigos que vino a Venezuela a perder el tiempo.
El general Medina resultó un gran demócrata. Legalizó y permitió la creación de partidos políticos. Durante su gobierno no hubo exiliados ni presos políticos, y se permitió el voto femenino para las elecciones municipales. Sin embargo… lo tumbaron. ¿Qué sucedió?
La realidad es que a pesar de los innegables avances en el terreno de libertades, Medina no pudo superar lo fundamental. Dos fuerzas subterráneas no resultaron amenazaban con irrumpir… e irrumpieron: la elección universal, directa y secreta; y la modernización del Ejército, que incluía la superación de los “chopo e piedra”, o viejos militares sin escuela surgidos durante el gomecismo.
Los militares de escuela se habían reunido con Medina para solicitarle la modernización del ejército. También parece que Medina no se acercaba lo suficiente a sus subordinados militares. Hay una anécdota de un encuentro en el Country Club, cuando éste jugaba golf con su ministro Uslar Pietri y con un Sr. Boulton. Se encontraron con los ministros Parra Pérez y Gil Fortoul. Medina se acercó a saludarlos. Al despedirse el Presidente, Gil Fortoul expresó: Pobre Isaías, en lugar de estar aquí, debería estar comiendo sancocho con los militares.
En cuanto a las votaciones universales directas y secretas, Medina o no quiso, o no pudo aprobarlas. Tal vez le faltó estrategia. Don Mario Briceño Iragorry comentó en una ocasión, que Medina le dijo que ese fue su peor error.
Aspecto que los hechos… avalaron.
Escalante, un puente… Roto
Para las elecciones de 1946, el Embajador de Venezuela en Estados Unidos Diógenes Escalante, surgió como la fórmula presidencial para satisfacer, sin rupturas, las exigencias de los jóvenes militares y políticos.
El naciente partido Acción Democrática lo nombró su candidato presidencial luego de una conversación que sostuvieron con él en Washington, Betancourt y Leoni. En ella se acordó el apoyo y el compromiso de implantar elecciones universales, directas y secretas para las elecciones de 1951.
Escalante llegó a Venezuela en agosto de 1945. Gigantescas multitudes callejeras lo ovacionaron desde Maiquetía hasta Caracas. Era el hombre providencial. Su presidencia era un hecho… hasta el día en que su asesor de prensa Ramón J. Velázquez lo excusó de no asistir a una reunión porque: El candidato dice que no tiene camisa.
– ¿Cómo dice que el Dr. Escalante no tiene camisa? – preguntó el interlocutor lleno de estupor.
– Exacto – respondió Velázquez con el corazón en la mano
Y eso fue todo. Un “cisne negro” biológica había cambiado la ruta de Venezuela.
“Entuciasmo”
Medina cometió el error de acelerar la sustitución de Escalante. En lugar de reunirse con representantes de AD, militares de escuela y otras organizaciones para elegir otro candidato unitario, se apresuró al elegir al Dr. Ángel Biaginni, su ministro de Agricultura.
Este señor no se entusiasmó al país. Más bien generó resistencia, apuntalada por una nota a mano publicada en la primera plana de un periódico, donde escribía “entuciasmo” – así con C – lo que significó muchas burlas.
Después del ojo salido…
Tiempo después Betancourt reflexionó aspectos de la conversación: Cuando llegaron Leoni y él a la Embajada de Washington, la esposa de Escalante le expresó que éste tenía semanas sin dormir…. Y durante el diálogo, el Embajador tenía los ojos como puyados, ya veces tardaba demasiado tiempo en responder.
Aspectos que Betancourt ni de lejos tomó en cuenta.
Escalante fue un gran venezolano que no pudo ejercer su hora estelar. ¿Qué hubiera sucedido de estar lúcido y ejercer su potencial? ¿Hasta dónde hubieran variado los hechos en Venezuela? Especulación habemus.
Este hombre serio y responsable, según su secretario privado en sus momentos de lucidez expresaba: Tremenda vaina le he echado a los venezolanos.

