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Jesús Alberto Castillo: El despertar de Cumaná la ciudad primogénita

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Ayer, como cualquier día de la semana, salí a caminar muy de mañana la Avenida Bermúdez de Cumaná para tomar el transporte rumbo a la Universidad de Oriente donde me esperaban los alumnos. Los rayos del sol comenzaban a asomarse en el naciente horizonte y la otrora Calle Larga, esa que fue escenario de sangre y lucha durante la invasión del Falke en 1929, se mostraba casi solitaria. Apenas unas pocas almas armaban unos tarantines para exhibir más adelante la variada mercancía, propia de la economía informal que arropa esa intraficable zona de nuestra ciudad capital.

Anduve a pasos firmes contemplado la tenue mañana con un cielo gris, propio de la época lluviosa. Miré alrededor varios montorios de basura en esa importante arteria vial y a un mendigo que dormía plácidamente sobre un cartón, justo a las puertas de un conocido negocio de de artefactos eléctricos. Cerca de allí las aguas putrefactas corrían desviadamente por las aún frías calzadas de la ciudad.

Cumaná

Era la imagen de una ciudad que se despertaba, mostrándose como una moza desaliñada y harapienta. Dentro de pocas horas el asfixiante comercio informal, el ensordecedor ruido automotor y los congestionados pasos de la muchedumbre someterán a la llamada “Primogénita del Continente Americano” a la misma rutina diaria. La algarabía de la gente se hará sentir mientras la esperanza va esfumándose en el devenir del tiempo. La Cumaná seguirá preñada de lacerantes problemas ante la mirada indolente de sus autoridades.

Con decidido esmero tomé mi equipo celular y realicé diversas tomas fotográficas sobre la ciudad que comenzaba a despertarse. Capté cada momento y espacio de la cruda realidad que se abría ante mis ojos de manera desafiante. Palpé la desnudez de la ciudad que ha parido a mujeres y hombres virtuosos. La Cumaná mañanera se mostraba dócil y silenciosa como si tratara de decirme con sollozos sus angustiantes dolencias.

Sentí impotencia y rabia. ¡Tantos discursos oficiales y recursos malgastados mientras la ciudad luce abandonada! Apresuré el paso. Los minutos corrían y se me acortaba el tiempo para encontrarme con el alumnado de Administración y Contaduría Pública. Al llegar a la Iglesia Virgen del Valle abordé una camioneta con destino a la universidad. Al llegar al aula, me esperaban 5 jóvenes en sus pupitres. El reloj marcaba las 6:52. Atrás había dejado a la ciudad inmersa en sus graves problemas. Esperé 15 minutos a que llegara el resto de los estudiantes para comenzar mi clase de Fundamentos del Derecho.

 

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