pancarta sol scaled

Julio César Hernández: Ni populismos de izquierda – ni de derecha

Compartir

 

El lenguaje cuestionador

El analista Moisés Naím en su obra “Lo que nos está pasando” escribió que “en el mundo hay una crisis de gobierno y de gobernanza, que el desempeño de los gobernantes está muy bajo entre sus líderes” y ellos lo saben, como también saben que los problemas de diversa índole serán cada vez mayores, ante lo cual se idean la manera de lograr apoyos masivos, mediante la utilización de un “lenguaje cuestionador” del orden social y de enfrentamientos radicales con los representantes de éste, no importa que sean del sector democrático.

Al amparo de un discurso maniqueo, se actúa y condena a un total estado de discriminación o desprecio, por quienes se oponen a sus puras intenciones gubernativas, logran dividir los bandos entre “patriotas” contra los “apátridas”, términos que fueron ignorados en la dinámica democrática venezolana, hasta la llegada del chavismo-madurismo, con los cuales, se dejaba claro que los primeros si se portaban bien, iban a recibir las dádivas o reconocimientos del líder supremo y de su élite gobernante, y los segundos pasaban a ser desconocidos en sus derechos políticos y a ser deshumanizados .

Los líderes ultras

Ese lenguaje cuestionador, correrá a cargo de líderes carismáticos, más que de líderes pensantes, no importa que no sean verdaderos conocedores del Estado o de la ciencia del gobierno; esos líderes populares serán figuras centrales en cualquier modo de populismo, porque en ellos se encarna aparentemente no sólo el sentir y el actuar del pueblo, sino también sus valores, ellos siempre saben lo que hay que hacer, y sus decisiones nunca deberán ser cuestionadas, porque nunca se equivocan, razón por la cual sus más apasionados y ciegos defensores, no admiten opiniones en contrario.                   

Esos “líderes” sean populistas de derecha o de izquierda, por lo general, asoman soluciones rápidas y simples a los problemas de Estado, sin cuestionar su factibilidad o medir consecuencias, pues sus fórmulas gubernativas propuestas son infalibles. En ese sentido, se recuerda aún, como a partir de 1999, se arremetió contra el orden económico, social y político establecido en el país, durante cuarenta (40) años, lo que ocasionó el desmoronamiento de la Institucionalidad vigente y de su efectividad, convirtiéndolas en verdaderas escuderas de este régimen.

¿Qué atrae a los populismos?

Esa confianza popular ilimitada en el líder, sin aceptar contrapesos, trajeron un populismo de ultraizquierda, autoritario, que produjo un cambio negativo del orden económico, social y político, dando lugar a una economía altamente centralizada, sin eficiencia, pero que, si provocó grandes migraciones, endeudamiento exagerado y una evidente insolvencia financiera, como lo termina de demostrar, la enésima emergencia económica declarada, que entre otras motivaciones expresa “defender al pueblo”, pero al que se somete a condiciones salariales paupérrimas por ejemplo.

Ese populismo de izquierda, que se cree el pueblo, lo llevó a desconocer su voluntad electoral,  para eso se llevó por delante al Estado de Derecho y de Justicia, configurando el Estado-PSUV, cuyas ejecutorias aparentemente siempre serán perfectas e inescrutables, pues para ello, cuenta complementariamente con las Instituciones Públicas, que en todo momento darán visos de constitucionalidad o legalidad a sus actuaciones, dado que, con esta clase de prácticas, el poder se ejerce de manera absoluta en aras de imponer sus ideales hegemónicos.

De otra parte, al otro extremo del populismo de izquierda, se encuentra el populismo de derecha, que al igual que el primero, considera que la población de un país, se divide en los mismos bandos enfrentados: “nosotros y ellos”, el “pueblo real y sus enemigos”, en eso hay coincidencias. Ambos juegan al todo o nada, olvidando que, en Democracia, se deben forjar consensos entre las principales fuerzas políticas para gobernar, pero no lo hacen, para evitar que sus enemigos de la otra acera, alcancen el poder, aunque todos se proclamen demócratas.

Ese populismo de derecha es extremadamente nacionalista, enfatiza en la identidad estatal, se victimiza, está por encima del resto del mundo, del cual se defiende vehementemente al ser perjudicada por las constantes acciones malvadas de otros países o sistemas políticos a los cuales se oponen férreamente, ya que adicionalmente esas prácticas foráneas atentan contra la cultura y valores tradicionales de esa sociedad idealizada, las que les quitan supuestamente oportunidades a los nativos, aunque éstos se dediquen a otras actividades humanas, no ejercidas por los nativos.

En las actuales circunstancias, se puede observar como en el caso de los Estados Unidos de Norteamérica, por “razones de seguridad nacional”, sus actuales autoridades gubernativas, desean extender su poderío tanto a Panamá como a Groenlandia, sin importar siquiera el derecho de autodeterminación que tienen esos territorios, asentados en continentes distintos, pero solo basta con enunciar aquella razón, para tratar de intimidar e imponerse por la fuerza militar a países que históricamente han sido aliados de ese país.

La ultraderecha populista, ha venido también manifestándose en contra el multilateralismo económico, lo cual a nuestro parecer limita o coarta en buena medida los procesos de integración comercial en distintos órdenes, afectándose del mismo modo, los intercambios tecnológicos y culturales entre países, pues el “aislacionismo” podría provocar entre los países que lo adopten, quedar al margen de nuevos adelantos y oportunidades, incluso para sus propios ciudadanos, lo que en suma no contribuye al desarrollo de la humanidad.

¿Dónde desembocan?

Pareciera que en la práctica, ambos populismos, terminan desviándose, hacia autoritarismos en sentido lato, en donde cooptar a otros poderes o cuestionarlos severamente, cuando no les favorecen en sus decisiones, dado que la legitimidad verdadera o supuesta de la que gozan, los colocan por encima de cualquier otro poder, e incluso de la misma ley, dada la mesiánica tarea que les corresponde, para salvar a la humanidad de su respectivo país, de un futuro incierto, devenido por los errores y torpezas de otros seres, muy inferiores a ellos.

En definitiva, rechazar en la medida de lo posible, populismos de izquierda o populismos de derecha, porque ambos dividen o polarizan a la sociedad, en bandos buenos y malos, bandos que se destrozan y niegan las herramientas de la política democrática, como el respeto, la tolerancia, la negociación o los acuerdos, ambos populismos capitalizan la ansiedad y el resentimiento social, provenientes de distintos enemigos, ellos representan una batalla ideológica sin tregua alguna, que lógicamente afectará por largo tiempo a la Sociedad que los pueda padecer y con ello el bienestar y prosperidad de un país.

 

Traducción »