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Jesús Alberto Castillo: Mario Vargas Llosa, el adiós de un coloso de la literatura

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Se fue de este plano Mario Vargas Llosa, uno de los más consagrados escritores de habla hispana. El alma se nos destroza con su partida porque crecimos leyendo sus célebres obras que alimentaron nuestra visión sobre la realidad latinoamericana. ¡Cuán maravilloso fue nutrirse con cada una de sus creaciones literarias! Ellas inspiraron a una generación de jóvenes para incursionar en el exigente oficio de la escritura, tan necesaria y refrescante para la humanidad.

Su nombre completo era Jorge Pedro Mario Vargas Llosa. Había nacido el 28 de marzo de 1936 en Arequipa, ciudad sureña de Perú. Contaba con 89 años y es considerado uno de los máximos representantes del llamado “boom latinoamericano”, junto a consagrados escritores como Julio Cortázar, Carlos Fuentes y Gabriel García Márquez. Sus obras, entrelazadas de novelas y ensayos, han sido ampliamente difundidas y leídas en el mundo entero. Fue galardonado con los premios Biblioteca Breve (1962), Rómulo Gallegos (1967), Príncipe de Asturias (1986), Planeta (1993), Cervantes (1994), Nobel de Literatura (2010).

Dentro de sus prolífica producción literaria podemos mencionar Los jefes (1959), La ciudad y los perros (1963), La casa verde (1965), Conversación en La Catedral (1969), La guerra del fin del mundo (1981), El pez en el agua (1993), La fiesta del Chivo (2000), El sueño del celta (2010), Tiempos recios (2019), Le dedico mi silencio (2023), su última creación. Desde 1993 escribía quincenalmente su columna Piedra de toque en el prestigioso periódico El País de España, donde exponía temas de actualidad política y económica. Para él, como solía decir, “escritura y política eran dos caras de la misma moneda: la de la libertad individual”.

Su mundo literario le permitió expresar mágicamente la realidad política de los pueblos latinoamericanos. Compitió en 1990 a la Presidencia de Perú, perdiendo en segunda vuelta con Alberto Fujimori. Él nos permite ver que la literatura fluye con elegante ficción para desnudar los males que bofetean inexorablemente las condiciones de vida de la gente. Es una poderosa herramienta del pensamiento que se rebela contra la injusticia social, la demagogia, el mesianismo y el poder abusivo de los dictadores. Así lo concibió ese gigante de la literatura latinoamericana.

No es casual que ante la academia sueca, a la hora de recibir el Premio Nobel de Literatura, se atrevió en su discurso a recordar que “las mentiras de la literatura se vuelven verdades a través de nosotros, los lectores transformados y contaminados de anhelos y, por culpa de la ficción, en permanente entredicho con la mediocre realidad”. Por ello, la lectura sirve para inocular la rebeldía en el espíritu humano. No es concebible, entonces, tener un pueblo atrapado en la sombra de la ignorancia y evitar que caiga como títere en los hilos de sus verdugos.

Vargas Llosa, ese escritor que soñó y develó su brillante pluma para interpelar la realidad, sigue vivo entre nosotros. Nos insta a soñar, leer y escribir como una vía para aliviar nuestra pesada carga en el devenir cotidiano. Eso nos permite convertir el pesimismo en optimismo, la flojera en trabajo y lo imposible en posible. Precisamente, debido a su “cartografía de las estructuras de poder y sus mordaces imágenes de la resistencia, la revuelta y la derrota del individuo”, Vargas Llosa obtiene el Nobel de Literatura, cuando ya le parecía imposible tal hazaña.

Hoy su partida deja un profundo dolor en lo que amamos el campo de las letras. Pero, nos reconforta saber que su amplio legado perdurará para siempre en el ideario colectivo de esta fascinante región latinoamericana, la cual se debate en la búsqueda de un camino de libertades, prosperidad económica y calidad de vida. Vargas Llosa nos exhorta a transitar sin vacilaciones ese angustiante sendero con su inagotable fuente literaria.

¡Que en paz descanse!

Mario Vargas Llosa

 

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