Algunas torpezas te condujeron a oscurecer lo naturalmente luminoso. En ocasiones escudo, a veces máscara proteica, eres tu personal manera de ser ilusión, tu ceño fruncido junto al asombro, tu armonía dibujándose permanentemente en medio de la soledad y el silencio. Equívocas percepciones te obligaron a girar alrededor de mucha depauperada efigie. A veces eres armonía y, a veces, suma de incoherencias. A veces te consuela el silencio y a veces te atraen los ruidos desconocidos. A veces eres voz y a veces grito. A veces eres euforia y a veces pretexto de derrotas. Te afirma tu intención de redimirte dentro del tiempo y tu propósito de conservar una esperanza que nunca dejará de pertenecerte. Detestas la intemperie. Aprendiste a reconocerla en las oportunidades negadas, en las ilusiones prematuramente abandonadas, en la soledad sin eco, en el aquí sin horizonte, en la monotonía de las rutinas carentes de sentido… Eso que otros podrían calificar de disparate acaso sea tu estrategia para sobrevivir en ese tiempo donde estás obligado a residir. Una y otra vez te dices que se trata de avanzar hacia momentos y lugares donde aceptar ese nombre que es el tuyo, junto a tu voluntad de entregarte a esfuerzos negados a ser solo recuerdo. ¡Que tus contradicciones no sean demasiado graves y que los pasos de tu marcha logren afirmar el sentido de tus desplazamientos! ¡Que sean duraderas para ti ofrendas y razones, y efímeros las dudas y los miedos! ¡Que convivan en ti, lado a lado, convicciones e ilusiones! ¡Que las intenciones que siempre fueron tuyas coincidan con las expectativas de quienes depositaron su fe en ti! ¿Cuál ha sido el sentido de tus tardíos descubrimientos? Tal vez permitirte reconocer lo que fue siempre esencial. Buscas forjarte un destino en nombre de esa fugacidad que eres y de esa continuidad que no puedes dejar de ser. Te obligas a diferenciar tus ideales de autenticidad de banales afanes de diferenciación. Es paradójico que tu ilusión de lejanía conviva con mucha premura de encuentros y algún que otro burdo acuerdo. Quieres crecer junto a tus ilusiones, alejarte de mucho merodeo inútil y seguir la senda de algún personal orgullo. Te descifras en desafíos escogidos por ti. Acaso demasiado ambiciosamente, te propusiste predecirte ante lo impredecible, prevenirte de lo imprevisto. La eventual fragilidad de tu piel señala tu hábito de contemplar el mundo a la distancia. ¿Tu mayor debilidad? Desconocerte. ¿Tu mayor vulnerabilidad? El remordimiento, ese conjunto de desaciertos, incongruencias y desagradables memorias que te debilitan, contradicen o vulneran.

