En Buthan, nación tan milenaria como mística anduve por sus colores, sus rostros, sus palacios, sus cordilleras, pero sobre todo, por sus transparencias de espíritu.
Me vi al espejo, o mejor, vi muchas de mis búsquedas espirituales reflejadas en una tradición y en una devoción filosófica por la interpretación del alma de la humanidad.
La hermosa @yang_zo_nabi (joven joya de belleza sutil) me vistió para andarme a mí mismo en el Valle de Thimputh. Ahí, me guiaron por sus acertijos Ray y Yonten. En un ancestral templo budista -otra vez- me reconoció y me saludó la sonrisa eterna encarnada en tres señoras inolvidables, una de ellas me besó para saber si era cierta mi reencarnación. Vi danzar, pintar, orar y sonreír. Los palacios y sus flores me fueron recomponiendo frente al espejo hasta que di con el Dios de la compasión haciéndole el amor a la Diosa de la SABIDURÍA. Ahí entendí el origen de la civilización.
La sensualidad y el erotismo acariciaron mis manos, desvistieron mis túnicas y me dieron un rosario budista y un amuleto para impregnarme de un aroma, de un sentimiento, de un roce espiritual que reinterpretara la eternidad en una caricia.
La inmortalidad se entrelazó a mis dedos y se esfumó sonriendo…

