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Rafael Gallegos: Juan Vicente Gómez política y petróleo

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En diciembre de 1908 un temeroso Juan Vicente Gómez se asomó al balcón de la Casa Amarilla, con un empujoncito de algún mentor. Allí lo esperaba el pueblo para aplaudirlo. El mismo voluble pueblo que aplaudió hasta el delirio a Guzmán Blanco, a Páez, ya Castro, y los pitó –hasta el escupitajo- cuando dejaron de ser los hombres fuertes.

Ese día daban mueras a Cipriano Castro y esperaban la presencia en el balcón del nuevo hombre fuerte para brindarle un delirante aplauso. Pero Juan Vicente Gómez se asomó como tieso. Se hizo un silencio expectante. Los miraron a todos tímidamente, los saludó con la mano, y… se devolvió.

– ¿Cómo le parece?, el pueblo está tranquilo – expresó Gómez ante sus sorprendidos áulicos al regresar al salón.

Parecía un hombre tranquilo, tímido y manejable. Con pocas ambiciones de poder. Pocos adivinaron la zamarrería que se escondía tras esa careta, la férrea dictadura que implantaría por tres décadas. La creencia general era que el nuevo presidente iniciaba una era de democracia en Venezuela. A los pocos años, los hechos se encargaron de desmentir tal especie.

Un cachorro petrolero

Gómez fue un dictador –tal como expresó mi querido e inolvidable padre Rafael Gallegos Ortiz en su libro “Él cachorro Juan Vicente Gómez”- implacable para con los venezolanos, y cachorro complaciente con las petroleras, que lo mantuvieron allí hasta su muerte. Fue un dictador de petróleo.

Hagan ustedes las leyes…

En 1920 el Congreso aprobó la primera ley de hidrocarburos venezolana. Su promotor fue el Ministro de Fomento, el médico falconiano Gumersindo Torres. Entre otros aspectos la Ley (artículo 8) les daba prioridad a los propietarios de tierras para obtener concesiones petroleras. Aspecto que llegó a ser llamado Concesión Torres. Más de 2.300 propietarios solicitaron concesiones.

Las transnacionales petroleras, previendo serias molestias para su negocio, presionaron al gobierno para cambiar ese artículo. El dictador, de lo más complaciente los tranquilizó con la siguiente frase: “hagan ustedes las leyes, que ustedes son los que saben de petróleo”. Carta blanca, procedieron a redactar una segunda Ley… y los propietarios de terrenos perdieron su prerrogativa.

Luego en 1922, se aprobó una tercera Ley donde las mismas transnacionales influyeron para hacer algunas precisiones: puntos de fiscalización (en el puerto de embarque en lugar de en los patios de tanques), mayor tamaño de las parcelas y mayor duración de la concesión (40 años).

Quince días después de esta tercera Ley, el Ministro Gumersindo Torres salió de su puesto. Seguramente no podía ser cómplice de tanta entrega. Este mismo patriota – hay que reconocerle esa condición- al observar como las exoneraciones de aduana a las petroleras eran superiores a los pagos de impuestos, expresó la lapidaria frase: “habría sido preferible no cobrar impuesto de explotación, y en cambio cobrar los derechos de aduana exonerados”.

La CVP de Gómez

En 1923, Juan Vicente Gómez fundó la Compañía Venezolana de Petróleo (CVP). Cuyo principal accionista fue el mismo con un 70%, a través de sus testaferros Roberto Ramírez y el eminente médico y ex Ministro del régimen Rafael González Rincones, hijo del fundador de la Petrolia del Táchira Carlos González Bona.

Con esta empresa Juan Vicente Gómez acumuló una gran fortuna comprando con exclusividad las “reservas nacionales” de petróleo a precios de gallina flaca y revendiéndolas a los mejores oferentes. Además del dictador, los favorecidos fueron sus yernos, primos, hijos… los Gómez.

En 1914 se perforó el pozo Zumaque 1 que marcó la dimensión comercial de Venezuela, y en 1922 el reventón del Barrosos 2 arrojó cien mil barriles diarios durante diez días, asombrando al mundo.

En 1929, el ministro Gumersindo Torres fue regresado a su puesto. Fundó la Oficina Técnica de Hidrocarburos e hizo importantes reformas y reglamentos a la Ley. Entre otros aspectos ubicó en los patios de tanques la fiscalización de los hidrocarburos.

A la muerte del dictador, la producción petrolera de Venezuela superaba los 400.000 barriles por día, casi todos para exportación. Años ha, el petróleo había dejado atrás a los decadentes renglones agrícolas.

Balance de una férrea dictadura

JVG acabó con los caudillos y las guerras civiles. En ello influyó la estrategia militar de Castro y del mismo Gómez cuando derrotaron a la “Revolución Libertadora”, además fundaron la Escuela Militar; pero hay que destacar como importantísima causal –tal vez el principal- la compra de máuseres y otras armas de guerra, que quedaron fuera del alcance económico de los caudillos regionales, y favorecieron el fortalecimiento del ejército. Los caudillos regionales quedaron liquidados como fuerza política. Sin embargo, Gómez no pudo evitar muchas intentonas nacionales e internacionales a lo largo de su dictadura.

También JVG modernizó la administración pública, y aprovechó los ingresos petroleros para importantes avances como la carretera panamericana. Ya la gente no tendría que sacar pasaporte para ir de Caracas a Maracaibo.

En 1930 pagó la deuda pública. Importante significado para un país que fue invadido en 1902 por deudas.

Como contraparte, Gómez se convirtió en el gran latifundista del país. Era el hombre más rico de Venezuela. Sus haciendas se podían tomar de la mano desde Maracay hasta el Táchira. Su fortuna superaba con creces al presupuesto nacional.

Mientras tanto, el analfabetismo era del 80%, las enfermedades endémicas y el hambre diezmaban a una hambrienta población cuyo promedio de vida era… 34 años.

Y los presos, los torturados, los asesinados en las cárceles con vidrio molido o colgados por los testículos (“pa’ que se mee de a parriba”), cero elecciones y cero libertades… eran la orden del día.

A su muerte, Venezuela era un país marasmo, reprimido, con una agricultura decadente, y con la oposición en la cárcel, el cementerio, o el exilio. En sus 27 años de gobierno construyó menos escuelas que Guzmán Blanco.

Mariano Picón Salas expresó con certeza que Venezuela entró al siglo XX en 1936.

Política y petróleo de la mano

Al período de Gómez hay que estudiarlo en su momento y de allí extraer lecciones. Para eso es la historia.

Y la lección es imperativo aprenderla, entre otros aspectos, para el diseño de una nueva industria petrolera, fundamental para el futuro de Venezuela. Para no repetir la libre voracidad de las empresas, la blandenguería y corrupción del gomecismo y el mínimo impacto de los beneficios de ese negocio en la comunidad, es importante asumir lineamientos para el diseño de la nueva industria:

*Una LOH que refleja una visión moderna.

*Rondas de licitación con negociaciones competitivas que reflejan un ganar – ganar.

*La masiva incorporación de capital privado para lograr un escenario petrolero con muchas empresas privadas, mixtas, y de ser necesario empresas estatales compitiendo con las privadas, como una más.

*Un estado fuerte, muy bien pagado, capaz y honesto que básicamente controla el negocio.

*Una estrategia para transformar los beneficios del negocio en desarrollo sustentable de Venezuela… es la razón de existir.

La historia se repite y repetir al gomecismo sería terrible. Ya basta de ser perdedores.

 

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