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Jesús Alberto Castillo: ¡Liberen a Jordan!

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Es el grito que se escucha y expande con fuerza en todos los rincones del municipio Mejía, ese pequeño terruño del estado Sucre, pero gigante en emprendimiento y calor humano. No podía ser de otra manera. Los mejíenses han sabido valorar la exitosa gestión de su alcalde Jordan Sifuentes, un enérgico joven hoy preso en las mazmorras del Helicoide, símbolo de tortura y muerte en este país.

Han transcurrido más de 7 meses desde la detención de este burgomaestre que le devolvió la sonrisa a los habitantes de Mejía a fuerza de entrega, tesón y gerencia. Su llegada al ayuntamiento, ubicado en las propias entrañas de San Antonio del Golfo, representó una especie de oasis en medio del desierto en la geografía sucrense.  Jordan Sifuentes no vaciló en ningún momento. “Agarró el toro por los cachos” y se echó al hombro la pesada carga que había dejado una dinastía por muchos años y en poco tiempo produjo grandes cambios que elevaron la calidad de vida y el gentilicio mejíense.

Con un estilo de trabajo dinámico y transparente, Jordan le cambió el rostro al municipio. Se rodeó de un talentoso equipo que no ha parado de trabajar hasta hoy. El joven alcalde tuvo que enfrentar grandes retos como cualquier gerente. Estableció buenas relaciones con los sectores sociales de la región y colocó en el centro de su gestión a la gente. No defraudó la confianza depositada y, con camisa arremangada, se fajó a pleno sol con su equipo de trabajo para impulsar importantes obras a lo largo y ancho del municipio. La autogestión y las alianzas estratégicas le permitieron a Jordan levantar la moral de un pueblo y ser ejemplo de gestión exitosa en el estado Sucre. Su gobierno está valorado como el mejor, según calificados estudios de opinión.

El único alcalde opositor, de los 15 existentes en Sucre, se convertía en una gran referencia política. Había que inventarle cualquier delito para sacarlo del juego. Sólo era cuestión de tiempo. El momento llegó el 28 de julio con la victoria contundente de Edmundo González.  Torquemada estaba al acecho y actuó cuando el joven alcalde le garantizó una gran cantidad de votos en su municipio al diplomático el día de las elecciones. Mejía fue uno de los cuatros municipios del estado Sucre donde ganó Edmundo. ¡Era el momento de encarcelar a Jordan!

La delación no se hizo esperar y el Tribunal de la Inquisición le inventó todo tipo de conspiración para confinarlo en una celda de esa tenebrosa obra de concreto desde tiempos de Pérez Jiménez, ubicada en Roca Tarpeya, esa colina rodeada de esbirros en la parte sur de la capital. Son horas de angustia que vive Jordan y otros inocentes coterráneos tras unos barrotes anhelando libertad. Su abnegada madre, Joaida, no desmaya. Se mantiene firme luchando por la pronta salida de Jordan de esa detestable prisión.

Allá, en el verdor fresco y aire marino de Mejía sigue palpitando fuerte el corazón de un pueblo que exige la libertad inmediata de su alcalde. Cada minuto que transcurre de las agujas del reloj, el clamor se hace presente y crece la esperanza para verlo de nuevo acompañando a su gente en la construcción de un mejor futuro. Mientras tanto, sigue escuchándose, desde Tarabacoa hasta La Peña y desde San Antonio del Golfo hasta los floridos campos de Mejía, ese retumbante eco: ¡Liberen a Jordan!

 

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