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Rafael Fauquié: ¿Ideologías o simple  sentido común?

 

Identificar, interpretar o enfrentar las infinitas complejidades de la vida a través de respuestas ideológicas resulta simplista, empobrecedor. Mucho más, infinitamente más que de “derechas” o de “izquierdas” se trata de simple sentido común; de entender el hecho político, más que como suma de estrategias para conquistar el poder y conservarlo a costa de  lo que sea, como una manera de garantizar la válida convivencia entre todos los miembros de una comunidad. 

Lo político es el espacio donde el yo y el nosotros se encuentran. La libertad individual no tiene porqué implicar el sacrificio de lo colectivo ni el bienestar colectivo derivar en la anulación de lo individual. Solo un sentido común que hable de solidaridad y postule la necesidad de consensos, responsabilidades compartidas, compromisos asumidos por todos, permitirá crear valores de tolerancia y de respeto; aceptará el derecho de las mayorías sin olvidar el reconocimiento de las minorías; sustentará lo político, no sobre vacías fórmulas ideológicas, sino sobre un imperativo de convivencia en medio de la inclusión, el diálogo, el acuerdo… 

En su trabajo Visiones irreconciliables, su autor, Isaiah Berlín, señala al sentido común como premisa fundamentale sobre la cual sustentar el funcionamiento de toda sociedad. Se trata de ceder algo a cambio de algo, de aceptar que no todos pueden tenerlo todo. Recuerda Berlin que los anhelos centrales de los hombres chocan entre sí. La libertad contradice la igualdad, la justicia precisa de la misericordia, lo necesario ha de acercarse a lo justo y lo ideal coexistir con lo real… Si no se entiende esto, tarde o temprano -en general, mucho más temprano que tarde- cobran cuerpo todos los estigmas capaces de convertir la vida social en un compartido infierno. 

El mundo de los hombres -repite Berlin- está obligado a construirse sobre pactos y concesiones. Lo racional debería prevalecer por sobre cualquier otra condición. No existe, no existirá nunca, ideología capaz de proporcionar respuestas definitivas a los hombres. Como dice Berlín citando a Kant: «De la torcida madera de la humanidad nunca salió algo derecho». Es ingenuo, es pueril, es simplista creer que la complejidad humana, esa “torcida madera” a la que se refiere Kant, podrá permitir una solución única, final y mágica para la dramática complejidad de la condición humana. De lo que se trata es de establecer condiciones para una vida social digna; y esas condiciones, mucho más que de ideología alguna, dependerán de un sentido común que lleve a entender que la intransigencia ideológica inexorablemente está destinada a desembocar en sociedades inhumanas, inhóspitas…