-EFE: La ONU informó que 3,5 millones de personas recibieron ayuda humanitaria durante 2024 en Venezuela.
-EFE: Yván Gil tacha de engañosas las cifras de la ONU sobre ayuda humanitaria en Venezuela.
Poco puede hacerse en las instituciones reales si quienes comen poco y mal siguen siendo la inmensa mayoría. El informe de la FAO difundido valientemente por la Academia nacional de Medicina, arriesgadamente cabría decir dada la represión campeante, señala la tragedia nacional que significa que una porción muy grande de conjunto poblacional venezolano no come o no lo hace bien, cuestión a que a nuestro ver tiene dos consecuencias mortales para el desarrollo del país: empuja a la gente, a las generaciones de relevo, fuera del país. Y que no hay ni presente ni futuro en materia de calidad de la educación sin alimentación razonable, tal como lo señalan con digna constancia los gremios de la educación, a la par de su incansable lucha por la dignificación de la educación y resalarización del trabajo. “Con hambre no hay educación” rezan frecuentemente los carteles que animan la protesta pedagógica.
Este trabajo académico de quincena a quincena que se hace para tomarle el pulso al acontecer educativo venezolano, tiene como idea metódica fundamental la posibilidad de hacerlo bajo la pretensión de seguimiento (Follow UP) de sus problemas de conocimiento pedagógico y contextual fundamentales. Dar cuenta de los asuntos propios de la manera como se inserta la educación institucionalizada en la dinámica general del país y más allá de él. Bajo la pretensión de registrar en una base de datos que sea fuente de información pública, a la vez que compromiso con la posibilidad de que el Sistema Educativo Escolar Venezolano real, ese que existe fuera de nuestros sueños pedagógicos, vaya avanzando en los términos de una escuela básica y una universidad a la altura de los tiempos. Que sea de calidad razonable para todos y comprometidas con los cambios científicos y tecnológicos aquí y ahora, no en el improbable mundo que pintan las ideologías y las religiones de ocasión. Eso sí, sin renunciar a la eterna lucha para que el trabajo en educación sea de calidad también razonable, decentemente remunerado, aliciente para el avance de la educación y de quienes viven de ella y por ella.
Tal es nuestra declarada actitud, altamente respetuosa de la actuación de los factores democráticos que con hechos probados enfrentan al drama que sufrimos, cuando despertamos del sueño según el cual supusimos que se respetarían los resultados probados de las presidenciales y que el país en paz pudiese iniciar su reconstrucción por intermedio de una transición razonable. Quizás ingenuamente los educadores no creímos que el estatus quo se robara las elecciones, y menos aun que a eso se le sumara la onda represiva más larga y alta que ha conocido el país desde al menos 1958. Ingenuamente esperanzados, tampoco creíamos que tanta gente buena y también comprometida con las mejores causas de nación, renegara hasta la lapidación mediática de quienes no estuviesen de acuerdo con ellos, en apostar el futuro político de nuestro país a la acción fuerzas extra nacionales o a seguir utilizando la abstención inducida como método frente a los procesos electorales que se avecinan. Quizás sea porque los sueños, sueños son…
Revista Nº 1.032 Memoria Educativa Venezolana, paso a paso

