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Fernando Aranguren: Que la vergüenza cambie de bando el caso Gisele Pelicot

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El caso de Gisele Pelicot es una vergüenza para todos los hombres del mundo porque es la evidencia de cómo el patriarcado está en todas partes y además se escuda a través de muchos medios comenzando por el sentido de que la mujer es un objeto y puede ser utilizada como esclava sin absoluta ninguna voluntad por el consentimiento de su pareja.

La situación en la violación de Gisele Pelicot que fue drogada por su marido para promover múltiples violaciones con la excusa detener el poder sobre ella y todas las mujeres esto está implícito en una cultura donde las mujeres son objetos a pesar de ser promovidas en un estado o en un país donde se iniciaron las luchas por los derechos pero también desde ese mismo momento a la fundadora de las luchas Olympe de Gouges  iniciadora de las luchas fue guillotinada por el simples sentido de pedir igualdad en este caso que nos ocupa se vuelve a repetir la violencia institucionalizada a través de la cultura machista y se demuestra que no es simplemente la necesidad de leyes que eliminen la posibilidad de ver la violencia hacia las mujeres como un ejercicio cotidiano donde los estados dan cifras internacionales de preocupación y por otro lado fomentan la explotación a través de las diferentes formas de violación en todos los espacios con las excusas del llamado consentimiento.

Cuando escuchamos la forma como se ha ido llevando el juicio en Francia podemos sentir cómo se piensa sobre las mujeres en cualquier país porque han querido visibilizar el caso sin ver sin visibilizar a los agresores que son los verdaderos culpables ellos y la cultura que ha sido fomentada por todos los estados del mundo de siempre culpar a la agredida y no culpar al agresor por ese motivo los agresores se esconden bajo una neblina qué invisible las agresiones contra las mujeres y solamente promueve la culpa en las mujeres agredidas y en las personas agredidas este caso nos debe promover la reflexión sobre qué pensamos como hombres sobre la violación y además insistir que debemos transformar la educación para quitarle ese llamado permanente de la invasión al cuerpo de las mujeres en nombre de la propiedad en nombre de los prejuicios religiosos en nombre de los estados donde las personas dejan de ser personas el tema de la violencia no es solo el hecho de la violación es el hecho de que los agresores sentían el derecho de violar a Giselle Pelicot bajo una versión promovida por su esposo de que era consentida la actividad de la violación sobre ella y los hombres que participaron tenían una característica fundamental es ser hombres que pensaban que las mujeres no tenían derechos en este sentido hay que hacer un gran trabajo para que nosotros los hombres comprendamos que los cuerpos son libres y que además el concepto del consentimiento tiene que ser expreso por la persona y no por un tercero además en este caso vemos que no existe una característica general de lo que es un violador todos los hombres hemos sido educados para violar cualquier forma de poder o de derecho que nos impida ejercer lo que queremos esto ha permitido en las sociedades hacer de la de la violación un ejercicio y forma de ejercer el poder lo vemos que los agresores en múltiples ocasiones se escudan en conceptos tan vagos y tan tampoco éticos como la patria ,el estado .

Pensamos como activistas de derecho humanos de mujeres y hombres que debemos comprometernos y plantearnos la necesidad de transversalizar un protocolo en todos los espacios para que el ejercicio de la violación en este caso sexual pero también de violencia implícita a través de los mecanismos de El poder ejercido desde la mirada patriarcal sea desmontado a través de la educación e impulsado bajo un protocolo transversal contra las violencias de género en todos los espacios comenzando por los espacios políticos donde podamos eliminar cualquier vía de ejercicio de la política por un agresor de violencia de género y además visibilizar sus nombres sean de donde sea como decía una gran luchadora  Lo importante es que la sociedad pueda cambiar desde sus bases comenzando por su cotidianidad y esa cotidianidad se construye derrumbando la cotidianidad de la violencia  Sixta Hernández.

Como expresa Giselle Pelicot La Vergüenza cambie de Bando.

 

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