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Pedro R. García: Jorge Luis Borges, el inmortal

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Punto de quiebre.

Ubicando algunas pistas

En “El inmortal”, Jorge Luis Borges teje la historia de un romano que descubre un río cuya agua promete la inmortalidad. La travesía lo yeva a confrontar las realidades de una existencia eterna, entretejiendo reflexiones sobre el tiempo, la memoria y el verdadero valor de la vida. Este cuento invita a cuestionar la ambición humana y las consecuencias de nuestros deseos más profundos. El inmortal es un cuento de género fantástico escrito por Jorge Luis Borges, publicado en 1947 en la revista Los anales de Buenos Aires y de nuevo en 1949 bajo la editorial argentina Losada. Jorge Luis Borges nace el 24 de agosto de 1899 en Buenos Aires (Argentina) y fayece el 14 de junio de 1986 en Ginebra (Suiza). Es considerado uno de los autores más reconocidos de la literatura del siglo XX, debido a su estilo y poética literaria, en el que realiza diversas interpretaciones del tiempo, el espacio y la realidad, entre otros temas de origen metafísico y filosófico, del cual el cuento El inmortal es un gran representante y sirve de síntesis de la esencia de la literatura borgeana. En los apartados siguientes intentaremos desarroyar un análisis del contenido argumental del cuento, así como una observación de las temáticas, perspectivas y símbolos que trata Borges en su obra, además de un análisis de la forma, centrándolo en lo estilístico y en la función que adquieren los recursos que se usan. Por último, lo concluiremos con una valoración crítica en relación a todo lo explicado anteriormente.

Análisis del contenido

Este cuento está compuesto principalmente por la ansiada búsqueda de la inmortalidad del personaje Marco Flaminio Rufo con una posterior reflexión y primera, a modo de introducción nos coloca en el contexto de que todo el relato que va a ser presentado es un manuscrito hallado en el último tomo de la Ilíada, la segunda parte es la transcripción de este manuscrito, en el que se haya todo el grueso del argumento, y que está narrada por el mismo protagonista Marco Flaminio Rufo. La tercera y última parte es un fragmento breve que se sitúa fuera de la historia principal en el que un narrador desconocido reflexiona sobre la autenticidad del relato en cuestión. La trama comienza con la presentación, descripción y situación del protagonista; un tribuno militar romano que comandaba una legión en unas guerras egipcias en tiempos del mandato del emperador Diocleciano (por lo que esta historia transcurre entre los siglos III y IV), la cual se situaba acuartelada cerca del Mar Rojo. Después de que Marco Flaminio Rufo se encuentre con un jinete malherido que le habla sobre unas aguas capaces de dotar al ser humano de una eterna y atractiva inmortalidad, este decide ir en busca de la misteriosa Ciudad de los Inmortales la cual le menciona este jinete antes de morir. El tribuno se rodeó de soldados y mercenarios para emprender un largo y peligroso viaje que pocos pudieron aguantar, unos desertaron y otros desaparecieron en el desierto, quedando Marco Flaminio Rufo totalmente sólo ante su aventura, el cual continuó a duras penas, que malherido y entre delirios consigue llegar a su destino dejándose llevar por el azar, y bebe de las aguas que andaba buscando sin ser consciente de ello. Pasó un largo e indeterminado tiempo delirando y perdido en la Ciudad de los Inmortales, que estaba formada por una serie de arquitecturas complejas y laberínticas que no provocaban más que su desorientación. Cuando logra escapar de la ciudad se encuentra con un troglodita que le ha estado persiguiendo todo el tiempo, al que decide llamar Argos, y se propone enseñarle a hablar, lo que le descubrirá que los trogloditas son los inmortales. Finalmente, cuando Marco Flaminio Rufo descubre que también ha adquirido la inmortalidad, una serie de reflexiones le lleva a admirar la muerte y a anhelarla, por lo que emprende un extenso viaje pasando por diversos siglos de la historia en busca de otras aguas que le devuelvan su mortalidad (desde 1066 hasta 1921, especifica el propio protagonista), y que una vez hallada, le devuelve la paz. Los personajes que intervienen en El inmortal, además del protagonista y narrador omnipresente Marco Flaminio Rufo, destacan otros dos personajes como el jinete que le habla a Marco sobre el agua de la Ciudad de los Inmortales y por el cual emprende su viaje, y Argos; un troglodita inmortal que le descubre toda la verdad a Marco, y quien luego resulta proclamarse el propio Homero, autor de la Ilíada. En un segundo plano existen otros personajes como Joseph Cartaphilus; quien le entrega una traducción de la Ilíada de Pope a una princesa y en el cual viene incluido el manuscrito y Flavio; un procónsul que le entregó al protagonista los soldados y mercenarios suficientes para emprender su viaje. La temática del cuento de Borges es tan evidente por su propio título, y es conocido que es uno de los temas más recurrentes en su obra. Éste realiza una reflexión en la que dota a la inmortalidad de un matiz que hasta el momento parecía inexistente, puesto que siempre se planteó la inmortalidad como un profundo deseo del ser humano, y en contraposición a esto decide ver la mortalidad como algo necesario, puesto que el deseo del ser humano de existir para siempre acaba en algún momento. Incluso Borges llega a plantear cierto miedo o temor hacia la inmortalidad que le lleva a verla como algo más inconsciente y fuera del conocimiento de uno mismo, lo que llama una inmortalidad cósmica. En la historia de Marco Flaminio Rufo, al adquirir la inmortalidad y darse cuenta de que está condenado a existir para siempre, decide partir en busca de las aguas que eliminan esa condena tan libre que parecía antes. El protagonista pasa por muchas personalidades y adquiere el papel múltiples hombres, llegando a perder el concepto de su propia individualidad, haciendo que seguidamente ansíe buscar todo lo contrario: adquirir de nuevo su mortalidad. El mensaje que transmite esta historia paralelamente a su temática principal es de una incomprensión existencial del personaje de Marco Flaminio Rufo, en representación de cualquier persona con ambiciones, del que no se sabe muy bien por qué decide ir en busca de estas aguas de la inmortalidad, no se especifica qué le motiva, entendiéndose así que es algo natural del ser humano que la inmortalidad sea atrayente. Aun así, el tribuno sufre una serie de transformaciones a lo largo de su vida inmortal, y siente que no tiene sentido estar vivo de forma indefinida, puesto que todo rastro de su personalidad inicial de tribuno romano ha desaparecido, y desea acabar con la tortura que le parece la inmortalidad, buscando volverse algo simple, humano, frágil y definido. Esa pérdida de sentido y de identidad de Marco Flaminio Rufo a lo largo de sus diversos yos le motiva a encontrar esas aguas de la mortalidad, de las que como él mismo comenta, bebe por inercia y por costumbre, sin esperanza de hallarlas, pero Borges nos describe ese corte que le hace sangrar como metáfora y prueba de que el protagonista vuelve a sentir dolor y por el mismo hecho se siente vivo, ya que es algo que tenía olvidado y podría concluirse que esta es la motivación que le movía a buscar la mortalidad de nuevo (la cual es más racional que la de la búsqueda de la inmortalidad), ya que así es como siente que cada acto y cada experiencia merece la pena vivirla, porque solo así con la posibilidad de ser el último adquiere sentido realizarla. De esta forma Borges hace un halago a la fugacidad e individualidad de la vida. El texto tiene distintos símbolos y perspectivas. En primer lugar, se podría decir que el cuento tiene una división notable de la perspectiva por la simbología y el estilo narrativo (del que hablaré más adelante) que diferencian a un Marco Flaminio Rufo fuera de la Ciudad de los Inmortales y dentro de esta. Mientras que dentro de la ciudad se usan unas descripciones más detalladas del lugar y su arquitectura a pesar de que son algo extrañas, con lo que logra que nos sintamos tan perdidos en esa caótica ciudad como el propio Marco: “Fui divisando capiteles y astrálagos, frontones triangulares y bóvedas, confusas pompas del granito y del mármol.” En contraposición a estas recargadas descripciones, fuera de la ciudad Marco describe el lugar con más generalidad y menos importancia: “Hui del campamento, con los pocos soldados que me eran fieles. En el desierto los perdí, entre los remolinos de arena y la vasta noche. Una flecha cretense me laceró.” De esto se sobreentiende que se ciñe más a narrar los sucesos que a describir los posibles paisajes, dándole más o menos importancia a la descripción o la narración según Borges quiera guiarnos a su antojo en la esencia de los objetivos argumentales que deben destacar. Una perspectiva a destacar es la historia circular que representa, en el que un mortal trata de huir de la muerte con la inmortalidad, y una vez inmortal acaba malgastando toda su eterna vida en volver a ser mortal. Otra visión que me parece interesante es la de narración únicamente en primera persona por el protagonista, que en cierta forma expresa una constante soledad e introversión en la inmortalidad, a excepción del período de tiempo que pasa con Argos/Homero, ya que no se hace notable ningún tipo de diálogo o personaje secundario que interfiera en la trama, motivo por el cual el autor quiere expresar que en la vida eterna se pasa por tantas vidas y tantos personajes que realmente se pierde la identidad y no se es nadie, de forma que todo el relato es una especie de monólogo que se autoalimenta en la introversión del personaje de Marco Flaminio Rufo, un monólogo que se alimenta por la querencia de algo, y que únicamente acaba cuando se vuelve al estado inicial.

Análisis de la forma

La expresión estilística de Borges en este cuento es sumamente importante, tanto en la funcionalidad de su narración como en la función plenamente estructural que consigue transmitir la sensación adecuada al texto. El uso de la intertextualidad en El inmortal es algo que dota al relato de cierta fiabilidad a los sucesos que acontecen. Podemos verificar realmente datos que se mencionan en el libro como el nombre de Argos como el perro de Ulises en la Ilíada de Homero, la fecha de los acontecimientos, nombres de personajes que han existido en la historia e incluso al añadir ese fragmento final que cuestiona todo lo relatado anteriormente, Borges hace ese último esfuerzo por hacer que el cuento adquiera un matiz de realismo, como algo que ha sucedido realmente, a pesar de que ese mismo realismo es el que crea la duda de su verificabilidad. Por otro lado, la estructura circular del argumento también es visible en el que comienza siendo protagonista Joseph Cartaphilus, luego Marco Flaminio Rufo y finalmente en el último fragmento no obtenemos ningún protagonista en concreto (podríamos ser nosotros mismos, los lectores), y nos afirma que existe una especie de monólogo o discurso en toda la composición del cuento que va desde un tercero, pasa por el primero y termina en algo indeterminado, cada uno con sus características, que desembocan en un posible falso relato. Este discurso que comienza con Joseph Cartaphilus tiene un lenguaje complejo, que maneja varias lenguas: “Se manejaba con fluidez e ignorancia en diversas lenguas; en muy pocos minutos pasó del francés al inglés y del inglés a una conjunción enigmática de español de Salónica y de portugués de Macao”, luego pasa a ser Marco Flaminio Rufo, el cual también posee un lenguaje culto, propio de un tribuno romano con cierto poder, y pasa a ser de un investigador, lector o crítico (que podrían ser las tres cosas a la vez) que también tiene un sólido discurrir, en conclusión se intuye que la funcionalidad de este recurso es que de la sensación de que todos son la misma persona y a la vez no, obteniendo diferentes perspectivas que igual se pueden unir en una, que en tres totalmente distintas, lo que representa el personaje de Marco Flaminio Rufo en la circularidad de su amarga inmortalidad. Esto es algo a lo que también se podría llamar estructura en el abismo en la que estos tres personajes se superponen como distintos niveles narrativos y podrían verse como uno dentro de otro o como una unidad. Por último, si hay algo que impresiona en términos estilísticos en el cuento, es todo el entramado de la descripción que usa Borges cuando el protagonista se encuentra atrapado en la Ciudad de los Inmortales. Para esto, decide utilizar un estilo cargado de detalles algo confusos en el que describe escenarios totalmente surrealistas, claustrofóbicos y sobretodo laberíntico: “Había nueve puertas en aquel sótano; ocho daban a un laberinto que falazmente desembocaba en la misma cámara; la novena (a través de otro laberinto) daba a una segunda cámara circular, igual a la primera. Ignoro el número total de las cámaras; mi desventura y mi ansiedad las multiplicaron.” Con respecto a esto, el objetivo del autor es claro, y al igual que el protagonista consigue que el lector sea pierda y se sienta tan confundido como el propio tribuno, sintiendo esa claustrofobia y esa frustración y repulsión por los edificios tan poco lógicos que le rodean. La intensa narrativa de estas escenas produce un esfuerzo en la construcción arquitectónica de la imaginación del lector, ya que como he comentado anteriormente, el lenguaje se sobrecarga al igual que se sobrecarga de tensión el protagonista en la narración. Estas formaciones se describen usando adjetivos claves que cargan al sustantivo de un peso lingüístico mayor, al igual que aumenta el peso de la claustrofobia, y podemos verlo en ejemplos como “sórdidas galerías”, “inextricable palacio”, “increíbles escaleras inversas” etc. Aun así, el verdadero juego de confundir y transmitir al lector lo que el protagonista vive está en la sintaxis y la formación de las frases, la pura descripción de edificios y escenarios caóticos que como he dicho, exigen un esfuerzo imaginativo superior en contraste con otros momentos del cuento. Un ejemplo de este recurso es esta interesante descripción: Emergí a una suerte de plazoleta; mejor dicho, de patio. Lo rodeaba un solo edificio de forma irregular y altura variable; a ese edificio heterogéneo pertenecían las diversas cúpulas y columnas. Antes que ningún otro rasgo de ese monumento increíble, me suspendió lo antiquísimo de su fábrica. Sentí que era anterior a los hombres, anterior a la Tierra. Esa notoria antigüedad (aunque terrible de algún modo para los ojos) me pareció adecuada al trabajo de obreros inmortales.

Valoración crítica

El inmortal es un cuento que como comenté al inicio del trabajo, es una obra que simboliza de una forma muy sintetizada la literatura borgeana. La temática que trata entra dentro de las paradojas metafísicas de las que Borges tanto escribe y habla, y por supuesto es una temática que no pasa desapercibida por nadie. En el análisis que he realizado del texto, es bastante notable la reflexión que se realiza y que luego traspasa a los mismos lectores. Sin duda, el autor consigue tratar la inmortalidad como algo que es inexplicablemente e ilógicamente deseable, con un protagonista que no se lo piensa dos veces en aventurarse arriesgando su vida a lo largo de muchos kilómetros y mucho tiempo en busca de algo que en principio ignoraba, pero se vuelve infinitamente atractivo en cuanto se le es descubierto. Para posteriormente, hacernos ver de una forma muy correcta y convincente de que la inmortalidad es algo amargo e indeseable, puesto que es la muerte lo que le da sentido al ser humano. Borges escribe con este cuento un pilar robusto de su libro El Aleph que conforma una profunda e interesante reflexión acerca de la inmortalidad, que lejos de ser un ensayo, transforma esta reflexión en una interesante propuesta de una historia con personajes históricos y ficticios en un contexto y una situación muy motivada por la curiosidad del ser humano, además de la libertad, la duda y el poder. Siendo más que una elaborada reflexión, como ya he analizado; contiene una profundidad estilística resaltable que nos consigue transmitir en cada momento la intensidad adecuada en la acción narrativa. Borges conforma un cuento muy completo, lleno de matices y de variedad de cuestiones que merecen ser analizadas. Para terminar, adjunto un vídeo (dividido en dos partes) muy curioso sobre una representación dirigida por un cineasta y animador llamado Ewan Jones Morris basada en este cuento de Jorge Luis Borges, en el que se puede visionar de una forma aproximada la estética confusa, irracional y laberíntica que tan imaginativamente nos describe el autor en la Ciudad de los Inmortales entre otras cosas.

Es medianoche, hace calor, dejó de yover, algunos humildes y menos humildes y otros muy jóvenes mañana no nos acompañaran…     

pgpgarcia5@gmail.com

 

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