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Jesús Alberto Castillo: Los fabricantes de ilusiones

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La historia de la humanidad ha puesto en evidencia a regímenes totalitarios que son expertos en desviar la atención de la gente.  Son modelos políticos dedicados a fabricar un mundo de ilusiones en la psiquis colectiva para perpetuarse en el poder y condenar al pueblo a las peores condiciones humanas, aunque vociferen ser hijos de la libertad y del amor patrio.

Los fabricantes de ilusiones se valen de las más sofisticadas técnicas de la propaganda para adoctrinar y manipular la mente de un vasto sector poblacional y hacerlo presa de sus caprichos. Conmueven con su discurso sabor a pueblo, ofrecen el paraíso en la tierra y recurren a grandes episodios o epopeyas para sembrar la cultura del mesías al resto de la sociedad. Saben manejar a las masas con ofertas engañosas que invaden las fibras íntimas del sujeto porque incitan al excesivo nacionalismo y al hombre emancipado, aunque en la práctica lo condenen a la esclavitud.

El fenómeno cobra más fuerza cuando los niveles de formación ciudadana son escasos en la población. Ya lo advirtió El Libertador con toda su crudeza en varias frases lapidarias: “Ungido el pueblo americano al triple yugo de la ignorancia, de la tiranía y del vicio, no hemos podido adquirir ni saber, ni poder, ni virtud”, “Por el engaño se nos ha dominado más que por la fuerza; y por el vicio se nos ha degradado más bien que por la superstición”. “La esclavitud es la hija de las tinieblas; un pueblo ignorante es instrumento de su propia destrucción”.

Los constructores de fantasía saben esta realidad y actúan con astucia. Al principio se venden como los salvadores de los males de la sociedad, la alternativa al status quo. Seducen con la frescura del verbo y promueven los más puros ideales humanos. Al llegar al poder se convierten en los peores reaccionarios. Despliegan su arsenal propagandístico para ideologizar y destruir la memoria colectiva de la nación. “Hombres nuevos, ideales nuevos” constituye la bandera narrativa del proyecto político que encarnan. Luego, pasan a ejercer la tiranía y someter al pueblo a las cadenas de la opresión. No importa la doctrina que procesen, sea de izquierda o derecha, liberales o conservadores. La tiranía es una de las bajas pasiones humanas y se expresa desde el poder.

Ante esa inefable realidad se impone la actuación de los hombres justos y virtuosos. La luz siempre prevalecerá frente a la oscuridad. El liderazgo que emerja debe anclarse en la educación como palanca de cambio. Es impostergable formar a la gente para convertirlos en verdaderos ciudadanos, en seres pensantes y protagonistas de su entorno de vida. Es la hora de un liderazgo visionario, con capacidad gerencial, para desmontar esa vieja cultura del mesianismo y la opresión. Una nueva dirigencia política formada en valores éticos, instruida y con sentido de servir a la colectividad. Sin actitudes demagógicas ni avaricia en el poder. Esa realidad está emergiendo y, más temprano que tarde, se impondrá para beneplácito del ejercicio político y de las condiciones de vida de la gente.

Politólogo y profesor universitario.

 

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