Suele ocurrir que las cosas que se dicen en el desarrollo de una campaña electoral, no siempre se pueden reproducir con la misma intención, luego en el ejercicio del gobierno.
Por ello, siempre hay que tener registro de las promesas hechas al calor de una contienda electoral; las agendas de los candidatos y su seguimiento, para advertir su cumplimiento, o no, en el ejercicio del poder.
Claro está que nos referimos a expresiones que corresponden a sistemas democráticos liberales, donde hay reglas y se cumplen. No a los gobiernos autoritarios, devenidos en dictaduras, cuando la realidad ha sido impuesta con abierto ventajismo, y termina por ser adversa, pero de todas maneras imponen la fuerza institucional secuestrada.
Con el triunfo arrollador del Presidente Trump, y la paulatina designación de quienes van a ser sus colaboradores más cercanos, se ha creado una gran expectativa y hasta cierto nerviosismo en sectores, tanto del gobierno venezolano, como de la oposición.
Las tradicionales declaraciones del designado Secretario de Estado norteamericano, de origen cubano, el Senador Marco Rubio, hacen creer a muchos que el abordaje de la política exterior a partir de Enero 2025, será explosiva.
Hay que advertir en principio, que quien dirige la política exterior de cualquier gobierno, es el Presidente; y en este caso la fuerte personalidad del Presidente Trump, hace inviable que su Secretario de Estado pueda actuar con criterio propio. Es decir, será el ejecutor de una política que diseña y dirige el Presidente. En tal sentido, no hay más que esperar a que asuma el nuevo gobierno para conocer su dirección y alcance.
Desde aquí hemos abogado por la necesidad de abrir camino a la gobernabilidad, y por ello, auspiciamos la posibilidad de negociar y alcanzar acuerdos; habida cuenta de que siempre será mejor la paz, que la guerra en cualquier sentido: bélico; comercial; diplomático, o verbal.
En cuanto al capítulo Venezuela, hay un hecho real y hasta el presente incontrovertible, como fue el triunfo electoral de la oposición el 28J, que el gobierno se niega a reconocer, y ha vulnerado con subterfugios leguleyos, y la fuerza descomunal que impone con abuso institucional.
Así las cosas, hay que retomar la sindéresis y propiciar, con mediación internacional, un ciclo de negociaciones que avance hacia el reconocimiento del triunfo de la oposición, y la expresión libérrima de la soberanía popular; que libere a todos los presos políticos (hay casi 2.000); garantice una transición ordenada y pacífica del poder; que ofrezca garantías de no retaliación contra el gobierno saliente, en fin, garantizar la paz y la gobernabilidad.
Para ello, es necesario aislar a los factores extremistas de lado y lado, y procurar el centro político para tomar las decisiones justas. No es posible pasar la página y normalizar un desafuero como sugieren algunos gobierneros, y también ¨opositores¨ buscando prebendas del oficialismo.
El país no puede seguir descendiendo por un barranco interminable, y ruinoso en el que los trabajadores no tienen salario acorde; sin servicios esenciales; donde se violan los DDHH fundamentales. Es inaceptable la muerte de ciudadanos presos bajo custodia del Estado.
Son 25 años de destrucción sistemática porque a pesar de que dispusieron de inmensos recursos, jamás tuvieron interés en el desarrollo socioeconómico. Necesitan a la gente en estado de pobreza para dominarla, y hacerla dependiente (Giordani dixit).
Se requiere un apego estricto al orden constitucional, del que paradójicamente el gobierno que fue su impulsor, y hoy viola de manera recurrente, pues se le convirtió en una camisa de fuerza. Las Constituciones, y leyes no pueden ser el resultado de una fuerza tumultuaria circunstancial, sino del consenso, y ahora como para disuadir, quieren modificar a la carrera para encubrir una derrota inocultable.
Ya hemos dicho que en política se gana y se pierde, pero perder no es el final. El que pierde entrega, y se prepara desde la oposición para volver a ganar y gobernar, como sugirió el Presidente Lula.
Prolongar la agonía de toda la sociedad por la fuerza no es posible por siempre; el país se hace ingobernable, y el mundo se distanciará cada vez más por falta de reconocimiento. Aislar a Venezuela del mundo no resulta edificante. Mucho más productivo será –sin dudas- negociar acuerdos para la gobernabilidad; pero todo pasa por admitir el triunfo de la oposición.
Pase lo que pase en lo inmediato, la oposición no puede renunciar al hecho de que en 2025 habrá elecciones de Gobernadores y Alcaldes, así como de la Asamblea Nacional, y hay que estar preparados para competir sin duda alguna. Se pueden hacer ambas cosas: negociar la gobernabilidad y el reconocimiento del resultado del 28J, y competir electoralmente el año próximo.
El gobierno tiene su plan; la oposición debe ser articulada con un centro de dirección política plural que junto al diplomático Edmundo González Urrutia (en el exilio), y la líder de la oposición perseguida, continúe el trabajo y no los dejen solos.
¡Es necesario lograr el objetivo y dar un chance a la paz!
@romanibarra

