Y, se anime sesudamente, tras unos 20 días de realizadas las presidenciales, al retorno de las normas democráticas mediante un diálogo, directo, claro y abierto. Pero, no de la represión, es una exhortación muy saludable desde EEUU, sin que ello conlleve injerencia alguna o menoscabo de la autoridad de Nicolás Maduro investida y empoderada, hoy día, por una supuesta “reelección”, cuyos estándares internacionales se eludieron durante el proceso comicial; una recomendación en apoyo a los derechos políticos universales para el pueblo venezolano e instan a Nicolás Maduro a proceder igual, ante una crisis sociopolítica sin previo histórico alguno en la vida institucional de Venezuela agobia a toda su población y sin salvedades obvias porque hasta los oficialistas “enchufados” se quejan por la crisis y también apelan por la informalidad para sobrevivir en un país de reservas energéticas cuantiosas. Pero también, de pobreza extrema gradual, mientras la corrupción y otros males minan a casi todos los estratos de la población, y esta sobrevive en medio de penurias que se agudizan a diario, por las deficiencia de los servicios básicos, escasez de atención médico-asistencial, de combustible; situación análoga a la de una posguerra, nisiquiera de victoria pírrica, sino perdida irrecusablemente, por los cuatro flancos, y ante el sarcasmo e impasibilidad de sus líderes; en el caso que nos ocupa, el de nuestra Venezuela única a manos de insensatos, entreguistas de sus riquezas o recursos naturales a intereses iraníes y chinorrusos.
La actitud presidencial pendenciera constituye un exabrupto, como tantos otros que emanan desde la Presidencia de la República, solo promueven el aislamiento de la Venezuela prestigiosa en la generación de talentos o recursos humanos, reconocidos y asimilados en muchos países del orbe.

