pancarta sol scaled

Simón García: Defender la victoria

Compartir

 

El análisis político exige tener los ojos abiertos. Aunque sea más cómodo cerrarlos a aquellos hechos que refutan la percepción del observador.

La observación, desde mi lugar en las gradas, parece indicar que están emergiendo nuevas realidades políticas, señales tempraneras de una época en la cual se abre una transición: lo que hay no puede seguir como está.

En primer lugar el gobierno levanta una cortina de hierro para continuar en el poder ante las evidencias de una derrota electoral por las distancias entre su proyecto y sus pésimos incumplimientos.

Para seguir dejando de hacer, el continuismo oficialista apela a la coacción, a la represión y a crear dudas sobre una victoria de Edmundo

Pero estas fuerzas oficialistas podrían   adaptarse a los cambios de realidad y dejar de refugiarse en un cerrado fanatismo, que en definición de Voltaire es “el efecto de una conciencia falsa que sujeta al capricho de las fantasías y al desconcierto de las pasiones”.

El vendaje sobre las razones es una de las características de los autoritarismos que siempre se imponen sin debate y sin consensos.

En el caso de una elección de tanta trascendencia como la que va a ocurrir el 28 de julio las conductas autoritarias adquieren forma de fanatismo. Están tomando cuerpo, activa y predominantemente, en las filas del oficialismo Pero también en algunos opositores.

El fanático, desde ambos lados, desconoce el interés común, de manera que intenta bloquear toda iniciativa de diálogo y satanizar los acuerdos.

Su manera de tratar a otros es solo desde una frontalidad conflictiva.

Actitud que, en la nueva situación política, subestima la existencia de un resquebrajamiento de la relación de sometimiento en las bases populares del chavismo.

Así lo refleja la serie de resultados decrecientes en las últimas cinco elecciones. Lo expresa también una actitud más convivencial en el chavismo de base, así como las encuestas más confiables.

El gran desafío de las cúpulas del gobierno y del PSUV es decidir entre respetar la voluntad del soberano o aumentar su costo de permanencia en el poder, especialmente si escoge opciones que hagan incompatible sus legítimas visiones sobre la democracia y la justicia social con la vigencia de la Constitución Nacional.

El segundo cambio de fondo es que lo fundamental de la acción opositora está pasando de los partidos a los ciudadanos los cuales toman conciencia de su papel individual y social como agentes de cambio.

Su punto de cohesión no es una ideología sino la aspiración indetenible a cambiar. Y el estandarte de ese cambio es una sencilla y común aspiración: vivir mejor.

La tercera novedad es la sustitución del voto castigo por el voto esperanza

La motivación de este voto nace de comprender dos cosas: se puede sacar al país del hoyo y todos los venezolanos hacen falta para lograrlo.

La cuarta novedad hay que ponerla en escena estos últimos días de campaña que no deberían ser para seguir demostrando fuerza, sino para disipar confusiones en quienes aún mantienen dudas de votar por Edmundo  y elevar el discurso, las actitudes y las relaciones que demuestren  que el triunfo del 28 será de todos, no de una parcialidad.

Y la quinta, en el día 28, difícil y de brega complicada, hay que hacer amigos, no adversarios.

Después de verificar que los votos transmitidos correspondan con la voluntad de los electores, disponerse a celebrar en las calles una victoria de país, llenarlas de alegría y de gente que ponga la esperanza por encima de la venganza.