El de franela blanca es Edgar Silva El coordinador del Comité de Derechos Humanos para la defensa de pensionados, jubilados, adulto.
Edgar Silva se llenó de canas defendiendo a los viejitos.
Desde hace 33 años lucha por mejorar la seguridad social de la tercera edad. Por eso estuvo preso, ha sido reprimido, ha aguantado los efectos de bombas lacrimógenas y ha sido hostigado por los cuerpos de seguridad. En síntesis, su defensa no ha sido grata a ningún Gobierno. Sin embargo, su trabajo no se detiene y menos ahora que el sistema no beneficia a los pensionados, sino las misiones.
En el sótano de la sede principal del Seguro Social, ubicado en la parroquia Altagracia, ahí tiene la oficina el Comité de Derechos Humanos para la defensa de pensionados, jubilados, adultos mayores y personas con algún tipo de discapacidad, cuyo coordinador es Edgar Silva, un hombre que ha pasado 26 años luchando por una mejor seguridad social y que hoy llena el espacio de Gente Buena.
De hecho, la oficina del Comité es una lucha que se hizo en la calle. No fue que el Gobierno decidió que ellos estuvieran dentro de las instalaciones por mera complacencia. Eso costó golpes, sudor y lágrimas. Cuando el general Carlos Rotondaro estuvo al frente del Seguro Social fue que se dio la apertura y de la plaza José Martí, donde Silva se reunía con los viejitos, pasaron a tener una oficina pequeña con su respectivo logo.
Un avance en medio de tanta discriminación de la que ha sido objeto este sector de la población.
Una pasión que crece
La defensa de los derechos humanos de la tercera edad me llena de pasión, dijo Silva mientras atendía a una pensionada.
El 11 de noviembre de 1991 fue que comenzó todo este movimiento. Silva, de profesión docente, tenía en mente trabajar con los muchachos de la calle, pero le tocó meterle el pecho a otros “niños”: la tercera edad. “Pues ellos también son otros niños”, comenta con regocijo.
Inicié la lucha con ellos y a la par con los pacientes renales que para la época eran muy vulnerados. Marchamos incluso hasta Miraflores para exigir los derechos de ley. En el 92 me pusieron preso, junto con Enrique Ochoa Antich. Nos llevaron a una celda de la Disip en Los Chaguaramos, en plena intentona golpista. No lo sabíamos hasta que en medio del enfrentamiento de los policías que intentaban tomar las instalaciones uno llegó y nos abrió la celda. Nos dijo que podíamos irnos. Lo que hicimos fue cerrarla y quedarnos ahí refugiados. En la tarde llegaron los custodios y nos encontraron. Esa es una anécdota que recuerdo perfectamente.
También tiene en mente todas las veces que los viejitos han tomado las calles y exigido el pago de sus pensiones.
Mabel Sarmiento – Crónica Uno

