Superbigote de Maduro y muñeca de Cilita regalan a niños en Táchira y Miranda. – El Pitazo/Costa del Sol FM
Nicolás Maduro juega a la guerra con Guyana (mirando las presidenciales de 2024)
El reciente referéndum organizado por el gobierno venezolano buscó operar como cortina de humo y, al mismo tiempo, como motor de una campaña nacionalista, en el contexto de una removilización de la oposición y la continuidad de la crisis socioeconómica.
Manuel Sutherland Revista Nueva Sociedad. Diciembre 2023
Luego de desearle a nuestro lectores un entusiasta fin de año y que el nuevo sea pletórico de dignidad personal y familiar, nos parece importante resaltar que si algo resume nuestras preocupación ocupada en lo educativo es el desmoronamiento la institucionalidad pedagógica. Hasta un nivel que nubla el futuro del sistema escolar venezolano, desde el maternal hasta el postgrado universitario. Lo que obliga a la apasionada crítica pedagógica, cuando se aproxima la posibilidad de un cambio real por vías electorales, a redoblar los esfuerzos por crear la Alternativa Educativa. Una que tenga como dirección y sentido de perspectiva: La impostergable necesidad de superar la calamidad que significa para una sociedad como la nuestra, una educación escindida, que acentúa inaceptablemente la enorme brecha que se está ensanchando entre los que pueden pagar una educación razonable y los que no. Fisura que es producto de la desvalorización de lo humanamente pedagógico, como son las condiciones (estudio y trabajo) de vida de los actores fundamentales de la educación. Y el descuido del desarrollo estructural de un sistema que merece mucha y costosa atención tal cual lo prevé Gioconda Cunto de San Blas inspirada por los diligentes cálculos que se hicieron para el Plan País. Grieta que también es efecto de lo que Ofelia Rivera y Roger Zamora llaman desvalorización de la profesión docente, que es a nuestro ver efecto de la desmesura de la tributación política a un proyecto militar que potencia hasta el extremo antidemocrático el gobernar para siempre; en desmedro del justo valor que merece la profesión docente y lo que le da sentido práctico, fuera de los excesos de la insulsa poética oficialista: el aprendizaje noble de los alumnos.
Esa desinstitucionalización se expresa también en el empobrecimiento hasta las cotas más altas conocidas en nuestro país de la enseñanza aprendizaje en las instituciones reales de todo tipo, no las que solo existen en la cabeza de la élite que gobierna la educación desde 1999. Esa desinstitucionalización (cualitativa según el uso y costumbre de la pedagogía nacional) se materializa en la reducción del año escolar muy por debajo de los años escolares de los 200 días proclamados pomposamente al establecerse la jornada escolar reducida a dos o tres días semanales en las instituciones que atienden a quienes está mal colocados en la segmentada estructura social que domina. La dedicación a la tarea docente se ha reducido drásticamente en la educación oficial y en la menos favorecida de la iniciativa privada, al calor de una absurda política laboral tipo sálvense quien pueda que reduce absurdamente la jornada educativa cuando ha pasado la emergencia del azote de la Covid-19, cuando el trabajo en educación es obligado a resolver su emergencia humanitaria compleja fuera de lo que explica su obligación laboral más básica. Tiene el trabajador de la educación la obligación de resolver su medio de vida por otras vías distintas a la dedicación a la tarea pedagógica que fundamenta el trabajo en educación. También, como largamente lo vienen señalando los gremios y todos los sectores organizados de la vida pública nacional interesados en el progreso de la formación social y cívica en nuestro país, habría que dar fin a la religiosidad chavista que domina en la selección de contenidos de la enseñanza oficial. Dar al traste a una política oficial de demolición de la institucionalidad instalada para la formación docente y abrir las puertas de la información oficial hoy sometida a los más abyectos caprichos de una élite que busca monopolizar (inútilmente por cierto gracias a la acción crítica de la academia y las organización de la sociedad gremial) lo que debe saberse sobre el funcionamiento real de la educación nacional. Habría que redoblar los esfuerzos para que la necesaria burocracia que administre racionalmente al sistema educativo escolar supere la adicción al 4 x 40 (que bien caracteriza Tulio Ramírez para el caso de la UCV) donde cuatro hacen el trabajo de cuarenta, la mayoría de los cuales son obligados a no hacer lo que tienen que hacer, por una politiquería concentrada en el gobernar para seguir gobernando. En obligada omisión de preocupación y ocupación en la solución de los complejos problemas que plantea la inclusión social y educativa de todos los venezolanos, en los infaustos tiempos de ingreso fiscal reducido.
Mucho podría decirse de las necesidades de acción pedagógica inmediata, instigadas por la desinversión que domina desde la quiebra de la industria petrolera. Mucho más habría que decir y hacer para que la Alternativa Educativa ponga a la institucionalidad pedagógica en la ruta al siglo XXI que nos está esquivando. Siglo XXI que deberíamos verlo en términos del occidente que mejor atiende las necesidades de inclusión educativa de la sumatoria de minorías que suelen conformar las mayorías nacionales, habitualmente alejadas del circuito social de excelencia que domina en las democracias occidentales. También la Alternativa Educativa tendría que expresar inequívocamente la voluntad de apoyar un proyecto político donde la convivencia social se funde democráticamente en el desarrollo tecnológico del país. Tecnología bajo ambiente democrático, para asegurar las inmensas ventajas competitivas que tenemos de cara al desarrollo sostenido y sustentable. Lo cual supone entender que la Educación Universitaria o Superior es alta cultura, hecha desarrollo económico y humano, o humano y económico, más que otra cosa; donde la docencia, la investigación y la mayoría de las complejas funciones que se le asignan a educación universitaria están conectadas a la posibilidad de que el desarrollo científico y humanístico de la sociedad contemporánea tenga lugar en un entorno institucional autónomo y de alta inversión social, tal cual lo plantea sabiamente la Constitución vigente.
Revista Memoria Educativa Nº 984

