pancarta sol scaled

Simón García: Valencia y la Fiesta Brava

Compartir

 

En Valencia, los toros son parte de la cultura de la ciudad. No de una élite, que siempre las hay, sino de un fervor que recorre todos los estratos sociales. Los recuerdos de toros y vaquerías siempre están cerca del alma de una sociedad que viene del campo.

El toreo es el arte de una vital geometría entre toro y torero, rito sublime separado de la muerte por el delgado espacio de un pistón. Arte inspirador, motivo de elegía en el Llanto por Ignacio Sánchez Mejía de García Lorca “a las cinco de la tarde”. De bullicioen la ópera Carmen de Bizet. De emociones cruzadas en el pasodoble que le compuso Agustín Lara al maestro Silverio Pérez un 31 de enero de 1943. De colorido en los 140 lienzos y el famoso Toro de Botero en bronce. Todo nos devuelve a la definición de Octavio Paz: el toreo es poesía en movimiento.

Es también fiesta popular que nos vino de España. La primera corrida de toros en tierra firme de nuestro país se hizo en Nirgua en 1567,entonces jurisdicción de Valencia. En tiempos de independencia hubo un coso taurino en La Candelaria y casi cien años después, en 1912, la gente asistía al Corralón de Benigno Márquez. En Guacara se funda la Plaza de Toros en 1948 y en la década del sesenta la de Puerto Cabello. En Naguanagua hubo una plaza de toros portátil.

Arenas de Valencia fue la primera plaza moderna que se construye en Valencia en 1921, entre Av Bolívar y Navas Spínola con el auspicio de Luis Ernesto Branger. Treinta años después Valencia contaba con toreros de tronío como Raúl Cabrera o Carlitos del Campo quien dejó su traje de luces blanco por una cornada que recibió después de recibir una oreja con su primer astado el 15 de junio de 1949. Este torero, padre de crianza y afectosde Julio Castillo, fue además de un fino novillero, un hombre culto, poeta y mecenas según reseñas del historiador taurino y cronista magnifico de Valencia, César Dao, primera autoridad en la materia.

La figura cumbre de los toreros de Valencia fue Bernardo Trosel Estévez, nieto, hijo, padre y abuelo de toreros, quien por sugerencia del periodista taurino Raúl Albert, adoptó para esta dinastía el nombre de su ciudad.

Un albers, distinto en ortografía y sangre, habría de jugar un papel relevante en la reanimación de la afición taurina en Carabobo. A Peter Albers, hijo de Otto Albers quien llegó de Hamburgo como gerente de Mester y Cía, una empresa de maquinaria industrial y contrajo matrimonio con la dama porteña Isabel Teresa Acosta, le tocó el diseño de una nueva plaza de toros.

La historia estuvo precedida de una jugada del azar, preparación y suerte, cuando en 1964 visitaron la oficina de arquitectura de los hermanos Albers un grupo de aficionados encabezados por J.J. Olavarría y Augusto Duarte para encomendarles el anteproyecto de una plaza de toros privada. Pero la venta de acciones no fue suficiente para iniciar la construcción.

Tiempo después, cuando Polo Castellano generó un movimiento para que Valencia contara con una Plaza de toros, el proyecto Albers fue desempolvado y recibió la aprobación de los concejales. Así pudo concluirse la construcción de una plaza verdaderamente Monumental con un aforo de 25.000 personas. La corrida inaugural tuvo lugar el sábado 10 de febrero de 1968 con toros mexicanos de Reyes Huerta y los espadas Antonio Ordoñez, Diego Puerta y el diestro de Maracay Adolfo Rojas, quien logró la primera oreja en ese circo.

Nos cuenta Peter Albers que pudo apreciar entre los trabajadores una estimación especial por una obra que hacían para el prestigio y engrandecimiento de la ciudad. Ya en los detalles finales hubo que hacer la prueba de las instalaciones eléctricas que debería durar toda la noche y que los obreros convirtieron en una entusiasta pre-inauguración con ron y cervezas, no para emborracharse sino para mantenerse despiertos y alertas. Cada quien puso lo que pudo para celebrar que habían cumplido su misión con Valencia.

La afición valenciana entre quienes destacaron nombres como el Dr; Zadala Ramos, Polo Castellanos, Manuel Urquía, el Dr Cafroni, Cesar Dao Colina, Omar Sanoja o el Dr Casal, aspiraba a convertir a la Monumental en la siembra del mejor toreo de Venezuela.

En una época Carabobo llegó a tener el mayor número de peñas en el mundo, agrupadas en una Asociación Regional que dirigió César Dao y un conjunto de animadores de peñas como Manuel Urquía; Alberto Ochoa Rotjes; López Ayaro; Miguel Osío; José Rodríguez Parra; Juan Bello; Rafael Sequea; Antonio D¨Souza; AngelStopello o Luis López entre otros.

Pero no eran solo tascas y restaurantes del norte. En La Españolita, donde Marisa y Gonzalo, cruce de de la Michelena con Av. Lisandro Alvarado funcionó la Peña Cesar Girón animada por Angel Rodríguez Manau. “El gallineto” Justo fundó una Peña en el piso superior de la Tasca Terrramar, Lara con Soublette. Y en el Bar Santa Rosa,, una cuadra antes de llegar a la plaza por la Urdaneta, un español, Olimpo “poco pelo” tenía empeñaos a unos cuantos parroquianos. Sur adentro hubo una en Los Taladros, en el Club La Lapa del Sr. Mejía, quien llegó a ser miembro de la Comisión Taurina de Valencia. No faltaban Bares Sol y sombra en algunos barrios sin asfalto que también sabían de manoletinas y toreo de espaldas.

Las corridas de toro siguen San Cristobal o Mérida, mientras en la Monumental, patrimonio cultural inmaterial desde el 2013, no se podrá ver a Cristian Valencia, un nieto de Bernardo que este año toma su alternativa en España. No se podrá porque allí hay un monumento de silencios, incomprensionesy olvidos. Ya en Valencia no hay ni un ole.

 

Traducción »