Publicada en el año 1994, el manuscrito de El primer hombre fue hallado en el automóvil en el que Camus perdió la vida en un accidente el 4 de enero de 1960. Es una novela autobiográfica construida, principalmente, sobre recuerdos de infancia del propio Camus. Su protagonista, Jacques Cormery -alter ego de Camus- es, al igual que él, huérfano de padre. Vive en uno de los barrios más pobres de Argel –“en una pobreza desnuda como la muerte”-, junto a su madre analfabeta y casi sorda, una abuela tiránica, un tío y un hermano. En ese ambiente el niño va formándose, obligado a “crecer solo, en fuerza, en potencia, encontrar solo su moral y su verdad…”
En la formación del protagonista Jacques Cormery-Albert Camus destaca muy especialmente la figura de su maestro de escuela, M. Bernard (en la realidad, Louis Germaine, maestro de Camus), quien, consciente de las facultades del niño, le estimula la curiosidad, inculcándole amor por el conocimiento y la literatura; apoyándolo, de manera muy práctica, en la obtención de una beca que permitirá al niño proseguir estudios superiores en el Liceo.
Camus describe a ese maestro, como una real inspiración para su propia infancia, para su vida toda; un personaje central en ésta, un ser que “alimentaba el hambre de descubrir” en sus estudiantes y era capaz de hacerles sentir “por primera vez que existían y eran… dignos de descubrir el mundo”. Para Camus, su maestro se convierte en mucho más que un profesor. Es un estímulo, un dador de sueños y de promesas, un aliento para discípulos ante quienes abre las puertas de un mejor destino. Discípulos a quienes ayuda a soñar, a quienes impulsa a creer y a querer. Inspirado por ese maestro, Cormery-Camus, descubre nuevas formas de ver la vida, de sentir el mundo, de descubrirse a sí mismo dentro del mundo.
Es fácil distinguir el alentador mensaje de la novela: la educación puede ayudarnos a descubrir lo mejor de nosotros mismos y permitirnos acercarnos más humanamente a los demás. Como leemos en un determinado momento en El primer hombre: “Nacer por fin como hombre para después nacer otra vez en un nacimiento más duro, el que consiste en nacer para los otros…” Es fácil entender el mensaje de Camus: somos como el primer hombre -somos todos, de hecho, un primer hombre- cuando vamos aprendiendo, cuando vamos enfrentándonos a nuestras inseguridades y miedos; cuando a nuestro alrededor distinguimos a seres como nosotros, distintos y, a la vez, semejantes; y comenzamos a entender donde comienza nuestro mundo y donde comienza el mundo de todos, dónde somos nosotros mismos, y dónde comenzamos a ser para los otros.
Cuando El primer hombre fue publicado, más de treinta años después de la muerte de su autor, se conoció también la carta que Camus había escrito a su profesor Germaine tras recibir el Premio Nobel. Vale la pena conocer esas palabras: “He recibido un honor demasiado grande, que no he buscado ni pedido. Pero cuando supe la noticia mi primer pensamiento, después de mi madre, fue usted. Sin usted, sin la mano afectuosa que tendió al pequeño y pobre niño que era yo, sin su enseñanza y ejemplo, nada de esto hubiese sucedido. No es que dé demasiada importancia a un honor de este tipo. Pero ofrece, por lo menos, la oportunidad de decirle lo que usted ha sido y sigue siendo para mí, y le puedo asegurar que sus esfuerzos, su trabajo y el corazón generoso que usted tuvo continúan vivos en uno de sus pequeños alumnos que, a pesar de los años, no ha dejado de ser su agradecido pupilo.
Le abrazo con todo mi corazón.
Albert Camus.
Y vale la pena conocer, también, la respuesta del maestro: “Creo conocer bien al simpático hombrecito que eras y el niño, muy a menudo, contiene en germen al hombre que llegará a ser. El placer de estar en clase resplandecía en toda tu persona. Tu cara expresaba optimismo […] Tu celebridad no se te ha subido a la cabeza. Sigues siendo el mismo Camus”.
Todo en El primer hombre, se refiere a lo mismo: la vida como el permanente aprendizaje de la propia identidad, como el reconocimiento de una superación individual identificada con la educación. Así, el “primer hombre”, ese niño protagonista de la novela, es, gracias a la educación, capaz de superarse a sí mismo en medio de la adversidad; precozmente capaz de abrir los ojos ante lo realmente importante, lo vitalmente necesario.

