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Nelson Morán: ¿Sindicalista yo…?

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Independientemente, de una conversa subyacente en torno a qué sí soy sindicalista no debo ser político; cuestión está que para muchos es irrelevante, púes ambos están estrechamente unidos, y sin entrar en el ámbito de quién fue primero. La cosa puede ser más que sencilla, a la política le dicen que es un arte, y muchos políticos existen; ahí entra la ideología y la asociación en partidos políticos para tomar el poder y ejercer las acciones que orientan a quienes lo conforman. Claro, si unos toman el poder, los otros son sus opositores con derecho a desplazarlos.

Pero para ello se requiere un duro y persistente trabajo. Los Sindicatos nacen al calor de la lucha por sobrevivir, tanto en la sociedad como en el mismo sitio de trabajo, esclavizante, donde llevaban una mala vida, e incluso llegaban a morir. En este contexto nacieron las protestas, marchas. Manifestaciones, huelgas, exigencias laborales, y la idea de organizarse para un mejor reclamo reivindicativo; así se forjaron los Sindicatos, al calor de la lucha por los derechos de los trabajadores, y vinieron las conquistas y reivindicaciones. Los promotores sindicales, independientemente de su postura política partidista, siempre estaban del lado del trabajador, ese era, y sigue siendo, el motivo fundamental de ser: El bienestar del trabajador y su familia.

Pero vinieron los esquiroles, tránsfugas, rompe huelgas, vendidos, y así, en todo ámbito aparecieron clones sindicales al servicio del patrono y peor aún del gobierno de turno. Estos falsos sindicalistas fabrican sindicatos, federaciones, confederaciones, con la intención de frenar el avance de los trabajadores e imponer la idea patronal o del gobierno, y buscar prebendas personales; sin pena ni vergüenza actúan y dicen hacerlo en nombre de los trabajadores, a quienes pretenden utilizar con fines inconfesables. Incluso se atreven a firmar contratos entre cantos de gallos en la media noche. La cuestión es que los trabajadores, y desde hace tiempo, tienen y tenemos conciencia de la situación, y a estos esquiroles, que también se les llama tarifados, los han sacado de reuniones públicas, de diversas maneras, los han desenmascarados, como debe ser.

Ellos, auxiliados por quienes controlan el poder, y a quienes le prestan sus servicios, inventan estrategias que a veces les funciona, aunque sea transitoriamente. Prevalidos del poder crean sindicatos y afilian automáticamente a todos los trabajadores, con la pretensión de ser el sindicato mayoritario; también pasan a formar parte de las coordinaciones sindicales, y ahí hacen y trabajan para torpedear y crear impedimentos contra la lucha; paralelamente, buscan firmar acuerdos para aparecer como los mejores, y eso lo hacen descaradamente, sin consultar nunca a los trabajadores, se asumen como tales. La cuestión es que quién vive lo peor son y somos los trabajadores, tanto activos como jubilados y pensionados, por supuesto la familia también, con efectos colaterales en la sociedad.

Quienes no están al lado de los trabajadores, comprometidos con sus luchas, no pueden considerarse sindicalistas. Será otra cosa, menos sindicalistas. El compromiso clasista nos une. Es hora de ponerle freno a éstos falsos y salir al frente, todos juntos, por nuestros derechos y reivindicaciones, de conquistar la paz y el bienestar merecido. Ser sindicalista significa y significará: Trabajar por el colectivo de trabajadores; Así y solo así sé es sindicalista.

¡Verdad que sí, vamos púes, Pa’lante!

 

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