La beneficencia es la acción o práctica de hacer el bien y ayudar a las persones en condiciones precarias sin pedir nada a cambio. Las instituciones benéficas, tienen por finalidad realizar el favor y proteger a los seres humanos más desprotegidos. Para llevar a feliz término esa misión protectora debe contar con estrategias, alianzas, procesos y si es posible colaboración de otras instituciones similares, para optimizar, aumentar y disponer de recursos para asistir a los más desamparados.
Los conceptos elementales de la solidaridad social son: la previsión y asistencia social, el cooperativismo y el mutualismo. La previsión social es el cuidado e interés que practica el Estado a través de leyes e instituciones idóneas para eludir los riesgos de las personas. Entre las principales formas de previsión social se destacan: ahorro, jubilaciones, pensiones, seguros y asistencia social. El cooperativismo es la manera de la difusión de sociedades cooperativas y el mutualismo es una sociedad formada de fondo común para remediar o aliviar los males o daños que puedan padecer los socios.
La acepción de beneficencia está ligada en la mayoría de las veces a la filantropía o clamor al prójimo. El filántropo tiene una actitud constructiva y piadosa, sin recibir alguna respuesta favorable a su generosidad. Una de las cualidades de las instituciones benéficas debido a su estructura, recursos y disponibilidad es la facilidad de cubrir a cabalidad más espacios y asimismo resguardar y favorecer a más personas.
Dentro de los organismos más notables en esa acción de asistencia sobresalen: casas de misericordia para dar refugio a las mujeres que dan a luz ilegítimamente, que hacen lo posible por ocultar el embarazo y el parto. Casas de socorro, de expósitos para recoger a los niños abandonados o de padres desconocidos, de maternidad, hospitales de enfermos, de perturbados o manicomios, de convalecientes y socorros a domicilio para los seres humanos escasos de una subsistencia adecuada.
Con la finalidad de destacar el rol de la caridad para disminuir el sufrimiento humano en el hemisferio, la Asamblea General de las Naciones Unidas, mediante la Resolución A/RES/67/105, aprobó el 5 de septiembre como el Día Internacional de la Beneficencia. Esa disposición es un homenaje para rememorar el aniversario de la Madre Teresa de Calcuta, quién se destacó como una monja y misionera sobresaliente por su notable faena socorrista. En 1950 en su nuevo país adoptado de la India, creó la orden de las Misioneras de la Caridad de Calcuta, Durante un período de 45 años la misionera ejerció una encomiable ocupación entre los pobres, enfermos y moribundos. En sus hazañas caritativas creó los hospicios y albergues para los pobres y desamparados. Sus esfuerzos y preocupaciones por ellos fueron recompensados por sendos reconocimientos y alabanzas a nivel mundial. En 1979 obturo el Premio Nobel de la Paz, debido a uno de sus argumentos sostenidos de que: “la pobreza y la angustia constituyen una amenaza a la paz”. Luego de cumplir un extraordinario cometido filantrópico, la Madre Teresa de Calcuta falleció el 5 de septiembre de 1997 a la edad de fructíferos 87 años.
Al comparar la beneficencia, el voluntariado y la filantropía se aprecia una verdadera vinculación social y humanitaria que facilita la creación de sociedades inclusivas, resistentes y dispuestas para achicar los rigores v consecuencias de la crisis humanitaria, consolidar y complementar los diversos servicios públicos dedicados a la atención, asistencia, la educación, vivienda y protección a la infancia, entre otros.
Recordemos esta estelar efeméride humanitaria, exhortando a los gobernantes del hemisferio y a los sectores organizados de la sociedad para dedicar grandes esfuerzos y recursos para mitigar y eliminar los aprietos de millones de personas en condiciones deplorables en el universo.

