Fotografías y joyas expuestas en Buckingham ayudan a contar un capítulo de la historia de Isabel II de Inglaterra, mientras que el Ávila reúne a gente que no se deja vencer para alcanzar sus metas.
Hoy haremos un breve paseo por la exposición que se abrió este verano en el palacio de Buckingham y que presenta una colección de joyas y retratos vinculados con el ascenso al trono de Isabel II de Inglaterra y que podrá visitarse hasta el 4 de octubre de 2022, fecha de su clausura.
El visitante se topará con varios retratos de la reina realizados por Dorothy Wilding, una mujer que alcanzó fama internacional por la calidad de sus trabajos fotográficos de personalidades y famosos. El primer retrato que ejecutó para la familia real británica fue el del príncipe George, duque de Kent, tío de la actual monarca.
Unos retratos de la soberana firmados por Wilding se utilizaron para ilustrar estampillas y otros los podemos encontrar en las embajadas británicas de todo el mundo.
Entre las piezas dignas de admirar por su exuberancia en esta exposición, se encuentra la diadema de diamantes y perlas para la coronación de George IV en 1821. Se engastan en ella 1.333 diamantes. En su base presenta dos hileras de perlas y paralelamente a ellas corre otra de brillantes. En la parte superior, las gemas cobran una importancia relevante porque el engaste toma forma de dos tréboles, una rosa y un cardo, símbolos de Inglaterra e Irlanda. Es muy conocida porque aparece en varios retratos donde la reina Victoria la lleva. La actual monarca la utilizó para la ceremonia de apertura del Parlamento, acto que ha delegado en su hijo Carlos.
También destaca el collar que el gobierno y la Unión Surafricana le regalaron a Isabel II cuando celebró su cumpleaños número 21, aniversario -que quizás influyó en el número de diamantes que tiene- que se unen con otros más pequeños. En 1952, seis de los diamantes más grandes pasaron a protagonizar un brazalete.

Imposible no incluir en este mini recorrido el llamado collar Delhi Durbar, que data de 1911, con sus magníficas esmeraldas, que se hizo para la reina María, entonces duquesa de Cambridge, su primera dueña. Destaca el colgante que proviene de uno de los cortes del diamante Cullinan, considerado el más grande del mundo. Isabel II lo heredó en 1953. Lo podemos ver eternizado en el retrato que le hizo Dorothy Wilding en 1956.


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