El adelanto oficial de la Navidad convive en Caracas con una cotidianidad marcada por la prudencia económica, los recuerdos familiares y la urgencia de resolver la comida diaria en sectores como Catia, La Hoyada, Chacao y Altamira. En la Plaza La Juventud de Caracas se instaló una feria navideña 2026.
Para gastar no hay: La Navidad por decreto no ha despertado en las calles de Caracas
Los ánimos los tenemos que poner nosotros mismos porque el ambiente no acompaña esa situación, dice un encuestado.
La Navidad inició oficialmente en Venezuela el primero de noviembre por adelanto decretado por la presidenta encargada, Delcy Rodríguez, pero en las calles de la capital venezolana todavía cuesta encontrar motivos para celebrar. Aunque las gaitas ya suenan en algunos comercios que comienzan a exhibir sus adornos, juguetes y mercancía propia de la temporada, el ambiente festivo aún no se siente entre los caraqueños.
En un recorrido por distintas zonas de la ciudad, el adelanto de la Navidad convive con una cotidianidad que transcurre sin mayores sobresaltos. A pesar de que en algunas vitrinas ya comienzan a verse los colores decembrinos, fuera de esos espacios Caracas conserva su ritmo habitual: marcado por la prudencia y la urgencia de resolver el día a día. Este año, además, la convocatoria a celebrar llega después de meses especialmente difíciles para los venezolanos, golpeados por las dificultades económicas y la herida por la tragedia de los terremotos del 24 de junio.
El adelanto de las festividades se ha convertido en una práctica recurrente en la política venezolana. Durante años, Nicolás Maduro acostumbraba anunciar el inicio de la temporada apenas en octubre. Ahora, bajo el anuncio de Delcy Rodríguez, la fecha fijada fue principios de noviembre. Sin embargo, a pesar de las variaciones en el calendario, en las calles el efecto es el mismo: La retórica gubernamental dista mucho de la realidad económica del venezolano.
Normalidad en el oeste y centro de la ciudad
En Catia, una de las zonas comerciales populares de la capital, la gente transita con total normalidad, ajena a cualquier fervor navideño adelantado. Los comerciantes se muestran temerosos de responder preguntas o emitir opiniones a la prensa. Las bolsas que lleva la gente revelan cuál es su prioridad: la comida. Entre quienes caminan por la calle, apenas se puede ver una que otra bufanda navideña.
La prioridad del caraqueño sigue siendo resolver el día a día la comida.
Bianca Castellano, de 46 años de edad, si bien miraba pijamas infantiles de renos y Santa Claus, afirma que para ella aún no ha llegado la Navidad. Por tantas situaciones que han pasado estamos tristes. Todavía no se siente el ánimo como en otros años, confiesa mientras se le escapan algunas lágrimas por el recuerdo de su papá y otros familiares que ya no están.
Este escenario se repite en La Hoyada. Los comercios reproducen gaitas a todo volumen, en un intento por inyectar un espíritu navideño entorpecido por la cotidianidad.
Para gastar no hay. La economía está floja, dice Marlenis Ropero, de 51 años de edad, vendedora de ropa íntima en el Gran Mercado de Productores Unidos Más que Vencedores. Sus palabras resumen el sentir de la mayoría de los comerciantes que ven pasar las horas sin el tradicional repunte de ventas que caracterizaba al penúltimo mes del año en otras épocas. Allí, pese al repique del furruco, no había compradores ni mirando mercancía ni preguntando precios.
En La Hoyada los comercios reproducen gaitas buscando disparar las ventas.
Sentimientos encontrados
En la Plaza La Juventud de Bellas Artes, las cuadrillas municipales trabajaban intensamente en la instalación de una feria navideña y decoraciones, un esfuerzo institucional por materializar el decreto oficial en el espacio público.
Nora Gutiérrez, de 46 años, define su llegada a este mes con sentimientos encontrados por los familiares que están lejos y los planes que no se cumplieron. Todos sabemos que la situación del país no es la mejor, pero, como siempre he dicho, confiando en Dios, eso también es algo que destaca entre los venezolanos, asegura.
Para ella, el ánimo en la calle es apenas tibio, sostenido únicamente por pequeñas alegrías cotidianas, como celebrar la salud y el cumpleaños de su hijo. Somos venezolanos y de verdad que hemos sobrevivido a todo lo que nos ha pasado, con la fe intacta en que todo podría cambiar, apunta.
Frente a la melancolía, también surgen posturas de resiliencia y celebración. Rosana Quintero, de 50 años, se declara devota incondicional de estas fechas. Ya yo empecé a adornar mi casa, mucho antes del primero, con eso te digo todo. La situación del país está fuera, pero dentro de mí está maravillosamente bien, y eso es lo importante, dice con entusiasmo.
Asegura que, al visitar tiendas como Mango Bajito, se puede comprobar que la gente sigue buscando cómo celebrar. Entras y no quieres salir, y de lo full que está a veces cuesta caminar. Si hablamos de lo económico, mira, veo muchas compras; entonces me pregunto: ¿dónde está lo difícil? En la comida, en todo lo que se está preparando. Ya hay personas haciendo sus hallacas, argumenta Rosana.
Altamira y Chacao en su propia rutina
Hacia el este de la ciudad, en zonas como Chacao y Altamira la dinámica no es muy distinta. Lejos de desbordarse en un entusiasmo festivo, el ambiente transcurre inmerso en su propia rutina corporativa y comercial.
En la plaza Francia estaba sentado Alexander Campos, docente de 51 años, quien aborda el inicio de noviembre desde una perspectiva de responsabilidad personal. Los ánimos los tenemos que poner nosotros mismos porque el ambiente no acompaña esa situación, señala.
Campos reconoce que el panorama social y económico está sumamente decaído, agravado por meses de inflación, devaluación de la moneda y un presupuesto familiar encarecido. A pesar de que los números por ahora no le dan, su meta sigue siendo la misma: garantizar el plato navideño de su familia.
En un país que vive su primer diciembre sin Nicolás Maduro en más de una década, el adelanto festivo transcurre en medio de un escenario político inédito. El reciente regreso de María Corina Machado y los pasos hacia una mayor libertad de expresión contrastan con una paradoja que se respira en la calle: el miedo sigue presente entre los comerciantes, que aún prefieren callar, mientras la inflación continúa marcando el ritmo de la economía familiar.
Al final, el ánimo festivo no depende de decretos gubernamentales ni empieza cuando se encienden los adornos en las plazas y principales avenidas de la capital, sino cuando el presupuesto familiar permite disfrutar de la tradición, comprar el pan de jamón, los estrenos y las hallacas compartidas en los hogares venezolanos.
Aliana Abadi – El Nacional

