Microrrelatos.
Una mujer llamada Estrella, una noche de ronda en una casa de citas en Ciudad de México en 1927 donde trabajaba como pianista -en una escena de celos- le dio un navajazo en la mejilla derecha a Ángel Agustín María Carlos Fausto Mariano Alfonso del Sagrado Corazón de Jesús Lara y Aguirre del Pino… bueno, digamos que a Agustín Lara, el hombre de la cicatriz canalla.
Desde entonces, y al uso de algunos cantantes ciegos de moda, comenzó a utilizar lentes oscuros, por lo que lo creyeron invidente.
El Flaco de Oro estalló en 1933 en la radio, con La Hora Íntima de Agustín Lara transmitido por la XEW, el cual lo catapultó a la fama masiva y consolidó el género de la canción romántica en el continente. Es decir, el borrachito que entraba a la cantina, pedía un tequila y le solicitaba a los mariachis alguna ranchera, alguna canción de El Flaco, quien se hizo global gracias a la radio, al cine, y a su matrimonio con María Félix, María Bonita.
Cultivó el género popular, el género romántico, la música culta española, con canciones como Madrid, Granada, Toledo, Valencia, Sevilla, las cuales compuso sin llegar a conocer España.
Le tenía terror a viajar en avión, por lo que rechazó en varias ocasiones las invitaciones de Franco para agasajarlo en la península. Pero en 1964, ya en su madurez, sí viajó a España, ¡Pero en barco! Cruzó el Atlántico a bordo del trasatlántico español Cabo San Vicente.
Fueron días de aclamación y ovaciones en España, donde lo adoraban. Franco lo recibió en Huésped de Honor: Francisco Franco lo recibió en el Palacio de El Pardo, le otorgó la Cruz de Isabel la Católica y le regaló una lujosa casa en Granada, ubicada en el Albaicín, como agradecimiento por haber proyectado la imagen de España en todo el mundo.
Un mexicano, flaquito, con una cicatriz que le cruzaba la cara, casado con la mujer más hermosa del mundo, hoy está de cumpleaños, y algunos amigos me han pedido que lo recuerde.
No hay mejor manera de recordarlo que poner una pista con sus títulos, dejarse llevar por la nostalgia, pedir un tequila o un cocuy (son primos) y dejar escapar:
-Salud, Maestro.

