Quiero iniciar este pequeño atrevimiento textual como en otrora: tiempos de la reforma espiritual de Martin Lutero, entre otros clericós reformistas creadores del primer sisma de la iglesia primitiva a consecuencia de la Indulgencia: “La remisión ante Dios de la pena temporal debida por los pecados que ya han sido perdonados en cuanto a la culpa”, principalmente.
Con tal aseveración no quisiera pensar, ni es la intención de hacer comparaciones odiosas como la de Julián Hernández (Julianillo), el contrabandista de vinos y textos bíblicos de aquel misionero de Dios, que atravesando los altos Pirineos franceses durante el siglo XVI, desafió a la “Santa Inquisición”, para lograr llevar hasta los reformadores monasterios españoles, lo que a la postre se convirtió en el texto de salvación: el evangelio, que gracias al Señor; y los monjes Reina y Valera recorrió el mundo hispano para consolidar la gran Comisión cristiana que certificó la profecía de Isaías.
La videncia de la verdad es una de las tareas más peligrosa que pueda tener cualquier ser humano; y en el caso del colega y mejor amigo Omar González Moreno, puedo afirmar que su misión cumple el propósito “Del Siervo Sufriente”: en el capítulo 53 de profeta Isaías quien anticipó, que el Mesías cargaría con los pecados, el dolor y las iniquidades de la humanidad a través del sufrimiento antes de traer la salvación.
A cerca de este tema: “La videncia”, muchos filósofos entre ellos Sócrates, quien es considerado el padre del pensamiento crítico occidental por transformar la filosofía en un ejercicio práctico de cuestionamiento constante y un examen de la propia vida, podemos afirmar que su enfoque no buscaba imponer respuestas, sino despojar a las personas de prejuicios, dogmas y falsas certezas.
Otros más contemporáneo como Michel Foucault, discrepan de la divinidad de la verdad, al decir que esta nunca es transparente ni desinteresada, sino que se produce mediante reglas ligadas a estructuras de poder, sin embargo, admiten que la única forma de transparencia a la que se puede aspirar es la ética del decir veraz o parresia: el coraje de hablar con honestidad frente al poder.
Cuando nos acercamos a la narrativa comunicacional que cotidianamente rubrica el autor del libro “San Celestino de Cuerpo Entero”, (EEUU, Feb.2025), nos encontramos con un escritor inspirado por un espíritu que recorre la misma indomable fe de libertad, reivindicación y Justicia que frente a la impunidad reina en Venezuela, de gran similitud, guardando las distancias a la persiguió la santa Inquisición ante y después de Cristo.
Puedo testimoniar que Omar González Moreno es un ser de valoración cristiana, que Dios en su magnánimo y soberano poder le ha permitido probar su camino; y demostrar una realidad inobjetable e inerrante de la apologética para evidenciar eso que nos dice la Biblia acerca del amor ágape, donde la solidaridad, no solo es un sentimiento de buenas intenciones, sino, de acciones concretas al servicio de la pública empatía y del compromiso hacia el prójimo, fundamentados en el divino amor de consolación.
Es así como el periodismo estratégico y comprometido de Omar, ha ido construyendo no solo la épica narrativa del liderazgo de una indómita e irreverente mujer, que caracteriza a María Corina. Es la visión de la roca: la sedimentación moral y ética de una política que no se rinde, como la “Piedra” que es Cristo, que significa fundamentar la misión en la vida misma, con decisiones erigidas y sustentada en la fe: “la certeza de lo que se espera y la convicción de lo que no se ve” que lo encontramos en el libro de hebreo: (11:1). Enseñanza que la líder de proceso social y cultural le ha mostrado al mundo ciudadano, como un principio moral, sólido para sostener la edificación sobre una tierra fértil; en momento de gracia.
La decisión que asume Omar González Moreno, no es la estrictamente del biógrafo de María Corina Machado, tal como la pudo ejercer Mireya Rodríguez: Autora del libro “La mujer que derrotó al dictador”, considerado uno de los primeros textos biográficos enfocados en el impacto de su liderazgo, sino, que va más allá, es uno de sus aliados políticos más cercanos y miembro de la dirección nacional de su partido, Vente Venezuela.
González Moreno posee una licenciatura en Comunicación Social y inusitada experiencia como periodista, su relación con la líder opositora es estrictamente de cooperación política y militancia. Ha ejercido roles clave como diputado de la Asamblea Nacional y coordinador regional en estados como Anzoátegui, además de haber sido parte del grupo de dirigentes opositores refugiados en la residencia diplomática de Argentina en Caracas. Es una de las “Guacamayas” que burlaron el régimen como lo hizo “Julianillo” en siglo XV.
Mi cercanía a Omar me ha llevado a recordar arqueos bibliográficos de las estigmatizaciones, judicialización y persecución como la de Casiodoro de Reina de la (Higuera), quien realizó la primera traducción completa de la Biblia al español, publicada en 1569 y luego la de Cipriano de Valera), monje “Jerónimo”, quien realizó la primera gran revisión y la publicó en 1602 (dando origen al nombre combinado de biblia: Reina-Valera.
Estos dos personajes, protagonistas de la historia eclesiástica de occidente: y quienes significaron un cambio y una impronta que le imprimió una significación particularmente importante al devenir del movimiento cristiano reformador del mundo, gozaban de mismo espíritu emancipador que hoy surca la biografía y publicaciones que sobre la vida y trayectoria de la ganadora del Premio Nobel de la Paz. Existen trabajos redactados por otros autores y periodistas; que ha permitido establecer en Venezuela una relación entre la ciudadanía, los partidos políticos y el pensamiento crítico.
La narrativa política llevada religiosamente por Omar González ha experimentado una resiliencia de transformación profunda en el lector, a través del propio enjambre que diseño María Corina el 28 de julio del 24; que marcó un tránsito comunicacional hacia la democracia de partidos, que aún peregrinan una severa crisis institucional, como consecuencia de la polarización y la necesidad de reinventar la cultura cívica para el porvenir.
Luis Carvajal Chacón.


