Dirijo esta modesta solicitud a todos los venezolanos preocupados por su nación, más allá de sus intereses individuales, familiares o grupales. Lo dirijo también especialmente a quienes en Venezuela están en la posición de hacer cambios positivos para el país o de influir en ello a través de sus experiencias y opiniones, en el entendido de que son contrarios a la práctica perversa de considerar que sus intereses son los de la nación venezolana. No hay nada más errado que pensar que lo que uno quiere, siente o razona es lo que la nación necesita en un momento particular, independientemente de los buenos deseos que se tenga. No tomo en cuenta en esta reflexión inicial, a quienes sé que no se interesan en absoluto por la nación, sino sólo por sus propios intereses de poder y de enriquecimiento individual, familiar o grupal.
Me dirijo entonces, en solicitud de apoyo a esta modesta petición, al pueblo venezolano o a la ciudadanía, como guste más, y adicionalmente a algunas personas en particular: Delcy Rodríguez Gómez, presidente encargada; Jorge Rodríguez Gómez, presidente de la Asamblea Nacional; Diosdado Cabello Rondón, ministro de interior y justicia; Dinorah Figuera, jefe del sector opositor apoyado por EEUU; Eglée González Lobato, defensora del pueblo; Larry Daniel Devoe Márquez, fiscal general de la república; Ana María Sanjuán, ministra de educación universitaria; Enrique Ochoa Antich, embajador de Venezuela en Suiza; Luis Augusto Romero, Enrique Márquez, Claudio Fermín, Felipe Mujica, Eduardo Fernández, Manuel Isidro Molina, Gustavo Márquez Marín, dirigentes políticos.
Un cambio sencillo a realizar en el país, pero que tiene implicaciones importantes en los procesos electorales base de la democracia occidental, tiene que ver con la existencia del “voto en blanco”, la cual se conoce en la mayor parte del mundo al que pertenecemos. Se trata de una figura que existió en el pasado, pero que abruptamente y en silencio fue eliminada de nuestros procesos electorales nacionales, regionales y locales. El voto en blanco expresa la decisión soberana del elector de no votar por nadie, por ningún candidato ni ninguna fórmula presentada, por no creerlas aptas para las tareas de gobierno que se les asigna. El voto en blanco fue eliminado pues se quería obligar a decidir forzosamente por el menos malo, pensando sus propulsores que ellos serían favorecidos en esta escogencia.
La gente recurrió entonces a lo que llaman el voto nulo, que realmente debería llamarse “voto anulado”, pues es el voto que el sistema anula pues no expresa con claridad inobjetable la voluntad del elector. La gente no vota nulo, la gente se equivoca, comete un error al votar y el sistema le anula el voto. Ese voto no es realmente expresión de nada, sino de falla, de error, de equivocación, del elector o del sistema electoral. El voto se anula precisamente por no expresar ninguna voluntad con claridad. Se anula por no poderse determinar qué era lo que el elector realmente quería, a quien había escogido. Un sistema electoral perfecto no debería nunca tener que anular votos. Los votos anulados tenderían a cero.
El voto en blanco no es igual a la abstención, pues el elector se manifiesta de una manera clara votando, no dejando de votar. Rechaza las fórmulas que les presentaron los grupos políticos participantes. El voto en blanco es un voto válido no efectivo, a diferencia del resto de los votos que son votos válidos efectivos. El voto anulado es inválido, dejó de existir tan pronto lo anularon. No se toma en cuenta para nada. Los sistemas que tiene quorum electoral de instalación y de triunfo, expresados en porcentajes de votantes, toman en cuenta el voto en blanco a la hora de determinar ese quorum, pues el votante se manifestó y eso es válido. No toman en cuenta los votos anulados, porque estos son inválidos, al no mostrar la voluntad del elector.
No es voto blanco, es voto en blanco. No es voto nulo, es voto anulado. El primero expresa la voluntad de querer votar y de no hacerlo por ninguno de los candidatos presentados. El segundo es un error del votante que impide saber por quién quería votar. Espero se tome en cuenta esta proposición a la hora de efectuar las reformas constitucionales y electorales necesarias. El voto en blanco, el quorum de instalación que valide las elecciones, el quorum necesario para ser declarado ganador, la doble vuelta electoral, la no reelección indefinida y la proporcionalidad electoral, son aspectos importantísimos en la nueva etapa que se quiere comenzar, si es que en realidad se quiere hacer las cosas bien.

