pancarta sol

Jesús Puerta: La guerra de los blazers

 

El blazer es una chaqueta de corte estructurado que se encuentra entre lo formal y lo casual. Desde los años 60 y 70, la prenda se popularizó en la moda femenina, convirtiéndose en un símbolo de elegancia y empoderamiento de la mujer. No es casual que las dos mujeres que hoy polarizan la atención política del país, usen blazers (y del mismo color), una, desde los medios oficiales del gobierno impuesto por la intervención norteamericana, la otra, desde el Aula Magna de la UCAB, saludando los resultados de la intervención norteamericana. Ambas se presentan así: elegantes y empoderadas. El blazer se distingue por su versatilidad y diseño independiente, aunque comparte ciertas similitudes con el saco de traje lo que le permite combinarse con una variedad de prendas. Tradicionalmente confeccionado en lana o en mezclas de lana, hoy en día también se pueden encontrar versiones en algodón, lino, poliéster y otros materiales. Lo usan mucho las jueces y abogadas, economistas y profesionales en general.

No sé quiénes son los asesores de moda de Delcy Rodríguez y de María Corina Machado ¿Miguel Ángel Pérez Pirela, el consentido de los niños cantores del Zulia? ¿Corina Yoris, del otro lado? Eso es lo de menos. No quiero trivializar la cuestión. No se trata de buscar culpables. Más que de moda, es un asunto de marketing. Se trata de resolver la paradoja de diferenciarse, clave en el mercadeo, especialmente el político, pero, al mismo tiempo, parecerse. Tal vez, el símbolo que se está buscando es el de la “chica de éxito”, una mujer “empoderada”, gerente eficiente, elegante y efectiva. Pero también la imagen del líder (lideresa) popular. Esa misma que carga muchachitos, besa viejitos y conversa con empatía a un señor flaquísimo, humilde, que expresa a la vez pobreza y civismo. A veces, ese líder popular se hace populachera y baila regaeton o merengue. Ahí empiezan las diferencias. Delcy dijo que fue un show esa explosión de euforia colectiva que acompañó la procesión de la Machado, desde Barquisimeto a Caracas. Tal vez para no quedarse atrás, y complaciendo al siempre guapachoso vampiro de Carabobo, al día siguiente la Rodríguez intentó mover los hombros en Guacara. Diría Maduro, desde New York, que esos bailes no son recomendables.

Aquí es válido aplicar alguna teoría psicoanalítica, como la del arquetipo de héroe, que en parte se evidencia en el caso de MCM, “la mujer de las dificultades”, el Hércules de los doce trabajos, el Ulises de la Odisea, en versión femenina. De alguna manera, con más dificultades, Delcy se presenta como una heroína que, aprovecha su experiencia en el gobierno anterior, para deshacer lo que deshizo (o sea, el Estado de Derecho), para así convertir una “debilidad” en una “fortaleza”, explicando la matriz FODA. Muestra como logros los avances para desmontar lo que ella antes contribuyó a montar, como esa mala costumbre de detener y desaparecer sin orden judicial. Andrés Izarra aplicó la teoría del deseo mimético del francés Girard para interpretar esta guerra de blazers. Según esa interpretación, el deseo humano es esencialmente mimesis o imitación. Esto significa que nuestros deseos se configuran gracias a los deseos de los demás, por lo que el deseo es profundamente social. Así, las personas no desean objetos o metas por sí mismas, sino porque ven que otros las desean. Este proceso de imitación del deseo genera dinámicas sociales complejas que influyen en las relaciones humanas, los conflictos y la formación de identidades. En este caso, los blazers evidencian el deseo compartido del poder. Una, desea mantenerlo a toda costa; la otra, desea conquistarlo con una fortaleza específica, evidenciada por las actas del inolvidable 28 de julio de 2024 y los baños de multitud que procurará repetirlos en lo adelante.

Pero las dos mujeres, obviamente, son muy diferentes. Diferencias de origen, trayectoria, discurso, logros y promesas. Una, como dice ella misma, viene del orden anterior, lo cual es una debilidad por muchas razones, aunque ella dice que es también una fortaleza. En ese sentido, muestra logros y promete…¿qué promete? Aumentos de los consabidos bonos para el 2027, sin aclarar el asunto de los sueldos y salarios, mucho menos lo del “consenso laboral” que eliminaría el cálculo de las prestaciones como se venían haciendo. También que las detenciones se harán con órdenes judiciales, que avanzará la transición pautada en el plan Rubio. Este blazer promete la eficiencia y la efectividad supuestamente demostrada. La otra, anunció en su Alma Mater, la UCAB, que por cierto es la mía también, varios puntos interesantes. Remito a las informaciones que circularon en las redes de esa rueda de prensa.

Yo, como periodista, le hubiera hecho varias preguntas a la señora Machado:

A) Lo de la comisión de la verdad ¿Es para ya o para cuando ella sea presidenta? ¿cómo se articula esto con la aplicación de la justicia transicional (tema que abordaré en un próximo artículo)?,

B) Esas asambleas de ciudadanos que se anuncian ¿Son para qué exactamente? ¿Para organizar su campaña electoral y para garantizar movilizaciones ahora? ¿O tienen otra proyección?

C) Se revisarán los acuerdos petroleros, ¿de acuerdo a cuál ley? ¿la venezolana o la gringa? ¿La Antibloqueo, la ya reformada ley de hidrocarburos, la constitución? ¿cómo queda su oferta de privatización de PDVSA en ese contexto?

D) La aplicación del programa “Tierra de Gracia” ¿implica cambios de la constitución? ¿Cómo se implementaría?,

E) ¿Qué opina de las investigaciones a Trump y su entorno, propuestas por los demócratas en el contexto de la campaña del Mid Term?

F) ¿Qué opina del cálculo de la deuda externa venezolana? ¿Seguirá dependiendo en su gobierno de una empresa de la cual Miguel Rodríguez ha dicho que son unos malandros?

Y una pregunta fundamental: ¿cómo quedan por fin el tema de los sueldos y salarios, de su aumento, del cálculo de las prestaciones?

Claro. Veo que algunos puntos son de aplicación inmediata y otros para cuando sea hipotéticamente gobierno. Es obvio, y positivo, me parece, que estamos ya en campaña electoral. De nuevo las dicotomías de la polarización impiden una reflexión serena. Es humano, demasiado humano. Entendemos todo esto. Hace tiempo que no creo que nuestra especie sea única ni principalmente racional. Además, hay muchas heridas. Las principales, relacionadas con la violación de derechos, desapariciones y torturas, pero también las heridas del abandono, de la humillación, de la destrucción premeditada incluso. Ha habido engaño, manipulación, traición. Descuido, corrupción, manipulación. La intensidad emocional es la nota del momento.

El desenlace de este complejo entramado, además, está influido por situaciones internacionales. La omnipresente geopolítica. Entre los factores externos que coadyuvan a la democratización y a la contención de derivas autoritarias, destaca la victoria de Lula en Brasil y la muy posible victoria demócrata en las elecciones de medio término de esta semana en EEUU. Los dos hechos contrapesan la prepotencia de Trump, así como la guerra con Irán y la situación de Europa y Ucrania. Esto, y la presencia de las masas en las calles, ejercen una presión ineludible orientada al debido proceso, las garantías constitucionales y la institucionalidad, contrarrestando la lógica puramente transaccional de la política norteamericana.

Ya se probarán los blazers en esta historia. Veremos cómo se combinan en este enfrentamiento la elegancia y el empoderamiento. Por experiencia propia, sé que las mujeres son terribles. Pero el plan del Pueblo sigue intacto y distinto al de Rubio: libertad total para los presos políticos, desmontaje del aparato represivo y sus leyes autoritarias, respeto a la constitución, rescate de los derechos laborales y el salario, soberanía popular y nacional.