Rodrigo Paz cumple este 8 de noviembre su primer año de gobierno en Bolivia con la popularidad en picada. Según el Monitor de Opinión Pública de Ipsos Ciesmori, la aprobación del presidente cayó 33% desde el inicio de su gestión. Pasó de 65% en noviembre de 2025 a 32% en julio de este año. En ese mismo periodo la desaprobación subió del 18% al 55%.
Otro dato importante que se refleja en esta encuesta es el creciente pesimismo de los bolivianos sobre la situación del país. El 74% de los consultados considera que Bolivia avanza por el camino equivocado frente a un 26% que cree que va en la dirección correcta.
Hace un año el panorama era otro; Paz cerró casi dos décadas de hegemonía del izquierdista Movimiento Al Socialismo al presentar su juramento como presidente electo. Su plan tenía una poderosa retórica: “Bolivia al mundo y el mundo a Bolivia”. Sus tareas inmediatas estaban enfocadas en recuperar la economía y abrir inversiones a nuevos aliados.
Sin embargo, varias polémicas, cuestionamientos a sus decisiones y promesas de campaña incumplidas desencadenaron en un desgaste prematuro de su imagen.
Un gobierno en tensión
El momento más crítico llegó entre mayo y junio. Ciudades bolivianas, especialmente La Paz, sede de gobierno, sufrieron bloqueos radicales de carreteras que llevaron al límite a la población y pusieron a prueba al presidente. Todo esto, acechado además por pedidos de renuncia. Hasta cierto punto, la presión se contuvo por el estado de excepción, declarado en junio de este año. Paz tuvo que dictar esta declaración para hacer frente al conflicto impulsado por sectores de obreros y campesinos, afines al expresidente Evo Morales.
Estos desafíos de gobernabilidad incidieron también en el Ejecutivo. La relación con el vicepresidente Edmand Lara es casi inexistente. Lara es además es uno de los mayores críticos de la actual gestión. A esto se suman los cambios dentro de su gabinete por presión social y denuncias, renuncias de funcionarios que ya no comulgan con el lineamiento del presidente y falta de transparencia.
Recomponer la confianza llevará tiempo. Y exige, antes que nada, orden puertas adentro.
Frágil economía
Paz recibió una inflación que cerró 2025 en torno al 20%. La economía se contrajo 1,58% ese mismo año por la caída de las exportaciones de hidrocarburos, el agotamiento de reservas y la escasez de dólares y combustibles. La medida más radical para el bolsillo de la gente fue la eliminación del subsidio a los combustibles. Además, inició la transición hacia un tipo de cambio flexible.
Aunque los bolivianos reconocen, hasta cierto punto, que eran medidas necesarias, las protestas callejeras y presión al gobierno por la situación económica han sido una constante. La estabilización, sin embargo, no se traduce todavía en crecimiento real.
El FMI proyectó una contracción de 3% en 2026 y de 1,5% en 2027.
Promesas incumplidas
Un día después de su posesión el presidente boliviano anunció que daría fin al desabastecimiento de combustibles. Junto a sus ministros, Paz recorrió las carreteras transportando diésel y gasolina, mientras el canal estatal hacía una transmisión en vivo, pero en los siguientes meses la realidad volvió a imponerse. Aunque hubo algunas mejoras, no solucionó definitivamente la provisión.
Por otro lado, una de sus grandes promesas de campaña fue no acudir al Fondo Monetario Internacional con el argumento de que no se requeriría de esa ayuda para contrarrestar la situación económica del país. Sin embargo, no lo cumplió. Paz recurrió al FMI para conseguir un préstamo de 1.900 millones de dólares. De esta manera, asumió compromisos con este organismo internacional, como eliminar todo tipo de subvención a los combustibles hasta el 2027.
Avance del crimen organizado
La ola de asesinatos registrados en los últimos meses puso en evidencia la penetración de las organizaciones criminales en Bolivia. La respuesta del gobierno fue la implementación del plan Frontera Segura para desplazar a un importante contingente de seguridad en la frontera con Brasil.
Aunque los hechos se incrementaron luego de que fue aprehendido el narcotraficante uruguayo Sebastián Marset, este operativo bilateral ha concretado la captura de brasileños vinculados con el Primer Comando de la Capital (PCC) y el Comando Vermelho. Son las organizaciones criminales más importantes del vecino país y que el gobierno considera están en plena disputa territorial por controlar el negocio del narcotráfico.
La sombra de Marset sigue muy presente y ha alcanzado a altos funcionarios. En octubre, el entonces fiscal general de Bolivia, Roger Mariaca, fue destituido y enviado a la cárcel con detención preventiva por una investigación en la que el gobierno lo acusa de liderar una “organización criminal” que protegía al “narcoterrorismo” en el país. La posterior revelación de audios y videos sugiere una presunta relación con las actividades de Marset. Junto con Mariaca, fueron imputados por la misma causa fiscales departamentales y un mayor de Policía.
Todo esto, días después de que el Departamento de Estado de EEUU incluyera al exfiscal general, varios funcionarios y exautoridades bolivianas en una lista de personas con visas restringidas por acusaciones de corrupción y presunta protección al narcotráfico.
En un reciente caso, se abrió una investigación en contra del presidente del Tribunal Supremo de Justicia (TSJ), Romer Saucedo. Se le acusa de presunto tráfico de sustancias controladas y organización criminal. El documento está suscrito por una comisión de fiscales que investiga delitos de narcotráfico y señala riesgos de fuga y obstaculización. Horas antes, Saucedo se declaró en el exilio.
Jugadas de Cerimedo en el poder
A nivel mediático la participación del consultor argentino, Fernando Cerimedo, conocido por sus campañas digitales para la derecha regional, entre ellas la de Javier Milei y la del Partido Nacional en Honduras, sigue siendo uno de los mayores escándalos políticos del presidente Paz. Pone en duda cuánto poder e influencia manejaba este estratega en la toma de decisiones del gobierno.
Cerimedo, actualmente con detención preventiva en una cárcel de Bolivia, sigue marcando agenda. Se develaron audios con diferentes autoridades del círculo cercano al presidente como los ministros de Estado, e incluso con la primera dama, María Elena Urquidi.
Sin embargo, la respuesta de Paz fue minimizar la participación de Cerimedo dejando claro que solo era un colaborador de campaña, sin mayor autorización o poder dentro de su gestión. Aunque algunas pruebas que salieron a la luz demuestran su cercanía.
Periodista boliviana especializada en periodismo multimedia, datos e investigaciones transnacionales. Con experiencia en cobertura electoral, análisis político regional y ecosistemas de desinformación.

