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El Papa León XIV llegó a Uruguay en Sudamérica con un mensaje contra el aborto y la eutanasia

 

La visita a Uruguay genera más interés en la clase política que en la ciudadanía. Su postura humanista y la preocupación por la justicia social, la migración y la IA coinciden con valores arraigados en los uruguayos. El Papa León XIV y Mario Bergara, luego de recibir la llave de la ciudad este viernes, en Montevideo, Uruguay.

Bajo un cielo soleado, el avión de Ita Airways tocó suelo en Uruguay a las 16.19 del viernes. Pocos minutos después, León XIV bajó las escalinatas del avión. Lo esperaba en la pista el presidente, Yamandú Orsi. Robert Prevost llegó así al país más laico de la región. Un rincón al sur en el que solo una de cada 10 personas practica la religión católica y en el que, según el cardenal y arzobispo de Montevideo Daniel Sturla, presente en la recepción en el aeropuerto, hay poco amor por la vida.

El Papa comenzó su gira sudamericana por un país en el que se lo recibió con honor cívico —se le entregó la llave de la Ciudad— y en el que la clase dirigente se mostró más expectante que la población, que miró, sin rechazo pero poco entusiasmo. Cerca de 3.000 voluntarios acompañaron su trayecto en el papamóvil, que pasadas las cinco de la tarde recorrió algunos kilómetros por la famosa rambla montevideana hasta la Plaza Independencia (donde se encuentra la sede de Gobierno) y la Puerta de acceso a la Ciudad Vieja, donde luego visitó el Cabildo y la Catedral de Montevideo.

En la plaza recibió la bienvenida oficial de Orsi a una región donde no hay guerras entre países. El anfitrión lo llamó querido amigo y destacó que Uruguay es un país donde los expresidentes se sientan juntos en paz y alegría. Seguían de cerca el discurso Lucía Topolansky, viuda de José Pepe Mujica; y los expresidentes, padre e hijo, Luis Lacalle Herrera y Luis Lacalle Pou, del Partido Nacional; y el expresidente Julio María Sanguinetti, del Partido Colorado.

Al tomar la palabra, León XIV dijo que aceptó la invitación para viajar a Uruguay con alegría. Saludó a todos los uruguayos y recordó que recorrerá distintos lugares del país y realidades muy diversas. También retomó las palabras de Francisco sobre el bien común, el cuidado de las fuentes y recursos naturales para no comprometer el futuro de quienes habitarán la Tierra y ponderó la transformación de la matriz energética local.

Luego habló de la evolución demográfica y se enfocó en los elementos que pueden ser más incómodos de su visita a los uruguayos: la defensa irrestricta de la vida incluso de la que crece todavía en el seno materno, en clara mención al aborto legal que existe en el país; la alta tasa de suicidios (señaló que nadie debería sentirse ajeno entre los suyos ni pensar que su ausencia importa más que su presencia); y otra mención para la eutanasia recientemente aprobada en Uruguay. Todos merecen recibir [cuidados] hasta el final natural de la vida, dijo.

Defensa de la paz y la convivencia

Su mensaje tuvo también un carácter político al destacar la importancia de la paz y la búsqueda de acuerdos como vías para la resolución de las diferencias. En ese sentido, valoró el papel de Mercosur, el bloque comercial que Uruguay integra junto a Brasil, Argentina y Paraguay. La convivencia entre personas de distintas procedencias y tradiciones forma parte también de la historia del Uruguay, dijo.

Por último, señaló que la laicidad, tan cara a los uruguayos, no implica que la religiosidad deba quedar recluida a la vida privada.

La relevancia política que el Gobierno da a la visita no está acompañada por la opinión pública: según una encuesta de Usina de Percepción Ciudadana, un 37% de los consultados le da importancia (19% mucha, 18% alguna) a la visita papal, mientras que un 63% le da poca o nula. Son datos consistentes con los del Latinobarómetro, que identifican una caída en la identificación con la religión católica sostenida desde hace 30 años: solo el 36% de uruguayos se define como católico, un número similar al de la encuestadora Cifra (32,5%). Y entre esos, solo uno de cada 10 se reconoce practicante.

Proceso de secularización

La baja religiosidad de Uruguay se explica por diferentes factores. Está marcada por características históricas; la Iglesia uruguaya desde la época de la colonia fue pequeña y con una colonización tardía, que generó una institucionalidad eclesiástica débil. Y las migraciones de fines del siglo XIX y del siglo XX, estuvieron compuestas por tendencias liberales, anarquistas, masónicas, de perfil anticlerical, fueron la base de la instalación del modelo batllista aún antes de la instalación del batllismo, que aceleró y radicalizó ese proceso, señala Nicolás Iglesias, investigador especializado en política y religión. Se refiere al gobierno de José Battle y Ordoñez (1903-1907 y 1911-1915), que lideró el proceso de secularización, separación de la Iglesia y el Estado, al punto de incluso cambiar nombres tradicionales como el de Semana Santa por el de Semana de Turismo y el de Navidad por el Día de la Familia, que culminaría en la Constitución de 1919.

Muchos, sin embargo, expresan a EL PAÍS que la relevancia está dada por la impronta del Papa en un contexto global de desigualdad, liderazgos hostiles a los proyectos progresistas y grandes empresarios tecnológicos. Así lo explica Fernando Pereira, presidente de la fuerza política gobernante, el Frente Amplio: La llegada es importante para el país porque es un líder de nivel planetario como jefe de Estado y también una figura religiosa mundial que trae consigo ideas a nivel global que han contribuido a construir una doctrina de la Iglesia más cercana a la gente. Lo había hecho el papa Francisco y naturalmente lo está haciendo también León XIV.

Su preocupación por la justicia social, la migración o la IA genera muchas coincidencias con valores arraigados de la cultura uruguaya vinculados al humanismo, lo comunitario y la perspectiva del bien común. Y coincide con algunas agendas del actual gobierno y sectores de la izquierda, dice Iglesias.

En el mismo sentido se manifiesta el cardenal Sturla, uno de los artífices de la visita, que evalúa que la llegada del Papa se debe, entre otras cosas, a la promesa incumplida por años a Francisco, quien entre bromas le decía que ya iría a la provincia. Tras la elección de León XIV, en la que participó, Sturla se lo recordó a Prevost y este le prometió que llegaría a Uruguay con un mensaje de transmisión de la fe y un mensaje de esperanza y alegría. Este país lo necesita, porque somos rioplatenses, medio tangueros y con tragedias de por medio y falta de amor y de sentido por la vida. Su mensaje fue elocuente

Desde una posición laica, el diputado frenteamplista Fernando Amado, quien en las últimas semanas se opuso a la propuesta de iluminar el Parlamento con los colores del Vaticano, expresó: Desde lo personal, es una visita que no me genera nada. Por otro lado, yo celebro que seamos uno de los países más laicos del mundo, pero también hay una cantidad de compatriotas que son católicos y me alegra que puedan vivir ese momento.

Si bien Amado recordó que el anticlericalismo es parte del laicismo tradicional uruguayo, consideró que esa separación entre Estado e Iglesia no es antirreligioso: La Constitución garantiza el equilibrio perfecto: implica la neutralidad del Estado en estos asuntos, para que no incline, privilegie, sostenga ninguna religión ni tampoco ninguna creencia espiritual.

El País de España