pancarta sol

Wladimir Rodríguez: Señora presidenta interina, con el estómago vacío no hay propaganda que valga

 

En Venezuela, el cinismo oficial tiene una musicalidad prodigiosa siempre suena a orquesta sinfónica tocando sobre el plato vacío de la gente. El más reciente anuncio de la presidenta interina, Delcy Rodríguez, sobre el lanzamiento del plan “Venezuela se alimenta” prometiendo la erradicación del 90% del hambre a fuerza de una supuesta e invisible producción nacional no es más que una escena repetida de una obra de teatro que la gente ya no quiere pagar por ver.

Prometer la abundancia desde la opulencia del poder, ante una nación castigada por una inflación galopante y salarios pulverizados, no es solo un error de cálculo; es un acto de desfachatez política que insulta la memoria y el sufrimiento cotidiano del ciudadano.

El gobierno interino  insiste en vivir en el país de las alocuciones y los adjetivos inflados, mientras la realidad de la calle impone un diagnóstico desolador. Las cifras más recientes de HumVenezuela nos recuerdan que más de 18 millones de personas y dos tercios de los venezolanos que persisten en esta tierra malviven atrapadas en la privación estructural severa. Hablar de soberanía alimentaria cuando hay 12 millones de almas en necesidad humanitaria crítica y tres millones padeciendo hambre severa no es una política pública es un ejercicio de ficción redactado en despachos refrigerados.

El venezolano de a pie no necesita comunicados ni decretos para saber si cenó o no; le basta con abrir una nevera desenchufada, contar las horas de un apagón de ocho horas o mirar el fondo trágico de su bolsillo.

La aritmética de la crisis liquida cualquier fantasía de escritorio. Hoy, una familia promedio requiere al menos 800 dólares mensuales para adquirir la canasta básica, mientras el salario mínimo legal agoniza congelado en 130 bolívares, un monto simbólico que destruye la dignidad de la clase trabajadora. Educadores, médicos y obreros han sido arrojados a la precariedad bajo la perversa fórmula de bonos sin incidencia salarial. Sin sueldos reales ni poder adquisitivo, la proclama de que la producción nacional llenará las mesas carece de sustento los anaqueles podrán exhibir productos importados para los pocos que pueden pagarlos, pero si el bolsillo del ciudadano está destruido, la comida se convierte en un objeto de museo que se mira con hambre pero no se toca.

A este drama alimentario se le suma la parálisis total de los servicios públicos, convertida ya en una crisis de derechos humanos. En el interior del país, los racionamientos eléctricos devoran las horas del día y la provincia paga el precio más alto. En los estados como Aragua, los hospitales operan a medias, con el 90% de la red primaria paralizada y enfermos crónicos vagando sin medicinas. Mientras tanto, el 81% de la población carece de un suministro continuo de agua potable, dependiendo de camiones cisterna o de cargar tobos por las escaleras. ¿Cómo hablar de producción y bienestar cuando la cotidianidad es una prueba de supervivencia física?

​Para apagar la emergencia del hambre no se necesitan planes de propaganda ni controles sociales, sino medidas urgentes y pragmáticas:

*​Plan de Emergencia Nutricional Directo Entregar subsidios directos en dinero a los tres millones de personas en hambre severa, otorgando libertad de compra y eliminando las cadenas del control político para que cada familia elija qué y dónde comprar.

*​Sincerar el Salario de los trabajadores y Freno a la Inflación Derrocar la ficción del salario de un dólar, promover un pacto real de productividad, detener la devaluación que liquida el ingreso y frenar la voracidad fiscal municipal y nacional que asfixia al comerciante y al campesino local.

*​Rescate de la Red Agraria y Producción Local Otorgar créditos reales, insumos y combustible sin peajes ni extorsiones al productor del campo, descentralizando los recursos hacia las regiones para garantizar que la tierra vuelva a producir de verdad.

*Reactivación Inmediata del PAE Recuperar de forma urgente el Programa de Alimentación Escolar en el 100% de las escuelas públicas, donde el 70% de los niños ya ni recibe el plato de comida que garantiza su permanencia en las aulas.

El hambre en Venezuela no se resuelve con discursos para la galería ni con promesas retóricas nacidas de una clase política que lleva décadas viviendo de espaldas a la calle. La gente no cena notas de prensa ni se alimenta con decretos que jamás se cumplen. Si la dirigencia insiste en pretender gobernar sobre los estómagos vacíos de millones de familias, terminará descubriendo una verdad inexorable cuando el pan falta en la mesa, no hay propaganda que contenga la indignación de un pueblo, ni gobierno interino que resista el peso de la realidad.

¡Difunde y comparte la reflexión!

Somos Aragua.