Vivimos un tiempo de dificultades que solo la racionalidad, y entereza podrán coadyuvar para rescatar el tejido respetuoso; solidario, y afectivo que nos ha caracterizado como raza humana. Los conflictos son recurrentes en el mundo por razones político-ideológicas; económicas; religiosas, limítrofes, y de distinta índole, pero más poder tiene la inteligencia; la voluntad, y la disposición de entendernos, que vivir en guerra de manera permanente.
De otro modo, ya los más poderosos en términos militares, hubiesen recurrido a la utilización de las armas más poderosas, y letales, para la terminación de la vida en la tierra; pero es obvio que aunque hay países con gran potencial bélico, también hay contrapesos en otros lugares, y ayudan a mantener precariamente el equilibrio, e impiden un desenlace exterminador.
Siempre ha habido y siempre habrá diferencias en todos los órdenes, pero se supone que la inteligencia humana y su desarrollo permanente, es el freno, y al propio tiempo el soporte para el consenso que permita distender posiciones encontradas, o extremas y auspicie mediante mutuas y recíprocas concesiones, la necesidad de alcanzar escenarios para la convivencia civilizada en un entramado institucional garantista de acceso universal; imparcial, e igualitario para todos. Es lo que puede desarrollar y preservar la democracia.
Ese camino, no exento de dificultades, estamos atravesando los venezolanos de este tiempo; y si bien es cierto que el diagnóstico de la crisis ya se ha hecho en buena medida, no es menos cierto que existen áreas cuya recuperación necesita atención urgente y prioritaria. Son las que tienen que ver con la vida de los ciudadanos; se trata de la salud y la necesidad de recuperar la infraestructura pre y hospitalaria; la dotación de equipos e insumos de calidad; del empleo y la recuperación del salario de todos los trabajadores, especialmente del sector educativo, desde preescolar hasta el universitario; y el ingreso de jubilados y pensionados. La recuperación y modernización del transporte superficial, y subterráneo; derrotar la inflación, y abrir la economía; rescatar el sector eléctrico, y el hidrológico, ahora que se aproxima una inversión multimillonaria en el sector petrolero.
No nos olvidamos de los mecanismos de negociación que tienen que ver con los aspectos estrictamente políticos para reinstitucionalizar al país, y en el cumplimiento de las etapas diseñadas, se debe optimizar los tiempos de realización y ejecución, porque están ligados también con la esperanza de los ciudadanos que necesitan poder expresarse libremente, mediante el voto con observación interna e internacional confiable y profesional. Esto es, respeto a la Constitución.
Con ello proponemos que los negociadores aceleren el ritmo del trabajo, así como las mesas técnicas, y desde luego las consultas con todos los factores políticos; empresariales; laborales, y académicos del país, a objeto de avanzar a una postura consensuada que permita en breve la conformación del nuevo poder judicial; del Consejo Nacional Electoral, y la revisión y actualización del Registro Electoral, y la depuración del personal de la institución para mejorarlo profesionalmente. Pero es especialmente importante que se fije un cronograma electoral con fecha precisa para la celebración de las elecciones presidenciales, que en nuestra opinión deben ser las primeras en realizarse, habida cuenta de lo ocurrido el 28 de julio de 2024, y cuyo resarcimiento es necesario para legitimar la primera magistratura del Estado.
Luego de ello, el país debe hacer un esfuerzo espectacular para garantizar el regreso de la inmensa cantidad de compatriotas que deseen regresar del exterior, y rehacer sus vidas en nuestro territorio con garantías plenas para su reinserción, sin retaliaciones, ni venganzas.
En el pasado ya hemos vivido como sociedad, procesos de descomposición social y política, producto de guerras; confrontaciones de distinta índole, y la inteligencia se ha impuesto para proveer y garantizar escenarios de mutua confianza y realización personal.
La nuestra no es la primera, ni la última sociedad inmersa en crisis, pero los acuerdos políticos deben procurar los mecanismos de reinserción, y reconciliación, sin los cuales, estaríamos transitando el camino de la disolución. Por ello, todos debemos hacer un esfuerzo de comprensión y madurez, para ayudar en la consecución y logro del entendimiento que nos permita reconocernos mutuamente. Nadie dice que sea fácil, pero cualquier esfuerzo será mejor que no intentarlo, o dejarnos arrastrar por sentimientos subalternos e impropios de la raza humana.
Es obvio que para que ello ocurra, debe haber en el medio los instrumentos que auspicien ese reencuentro societal. Si no alcanzamos unas instituciones con bases sólidas, el camino será más largo. Es imperdonable que no hagamos el esfuerzo de constituir el mejor, y más altamente profesional, y ético Poder Judicial, así como un nuevo, e idóneo Consejo Nacional Electoral, que brinden confianza plena al ciudadano.
Como hemos dicho en otras entregas, el poder judicial debe dedicar su esfuerzo a corregir entuertos, dentro de su esfera e influencia, de manera imparcial. Ofrecer garantías, y seguridad a todos; de manera que nadie debe temer, excepto aquellos que se desviaron e inevitablemente tendrán que pagar su deuda con la justicia. Y la política a los asuntos del Estado modernizando las instituciones para el mejor servicio al ciudadano.
Debemos estar a la altura de la exigencia, y el derecho humano que a todos nos asiste. Si se puede.
@romanibarra

