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Rafael Sanabria Martínez: El alba de la ciudadanía femenina

 

​El 27 de octubre de 1946 no representó simplemente un episodio comicial en el calendario político del siglo XX; constituyó la refundación del pacto social venezolano y la entrada formal de la mitad de la población al ejercicio directo de la soberanía popular. Tras el derrocamiento del gobierno de Isaías Medina Angarita en octubre de 1945, la Junta Revolucionaria de Gobierno promulgó el Estatuto Electoral mediante el Decreto N.º 216, consagrando por primera vez en la historia republicana el sufragio universal, directo, secreto y popular para ciudadanas y ciudadanos mayores de 18 años, eliminando el vetusto requisito de la alfabetización masculina y abriendo las puertas a las mujeres sin distinción de saber leer y escribir. Hasta ese momento, el derecho al voto femenino había permanecido relegado a contadas tentativas de ámbito municipal. La cita electoral de octubre de 1946 para elegir a los integrantes de la Asamblea Nacional Constituyente desmanteló finalmente el monopolio masculino en la toma de decisiones estatales y transformó la concepción misma de la ciudadanía.

​Esta histórica jornada no surgió de manera fortuita, sino como el corolario de décadas de intensa movilización intelectual, gremial y comunitaria. Desde la década de 1930, agrupaciones como la Agrupación Cultural Femenina, el Centro de Acción Femenina y la Asociación Venezolana de Mujeres abrieron grietas en el discurso tradicional de la época. Figuras fundamentales del activismo como Carmen Clemente Travieso, pionera del periodismo feminista; Ada Pérez Guevara, escritora, diplomática y creadora del órgano de difusión Correo Cívico Femenino; Panchita Soublette Saluzzo, jurista abocada a la defensa de los derechos civiles; junto a líderes populares de la talla de Olga Luzardo y Argelia Laya, impulsaron recolectas de firmas, debates de prensa y manifestaciones públicas que vincularon la emancipación femenina con la justicia social integral.

​Más allá de las grandes macro-narrativas de la historiografía tradicional —que suelen limitarse al conteo de escaños partidistas—, la investigación histórica contemporánea y de género ha rescatado micro-testimonios y detalles invisibilizados por décadas: el histórico instante en que la ciudadana Carmen Ligia Ortiz de Vargas se convirtió formalmente en la primera mujer venezolana en depositar su voto en las urnas de aquella jornada, marcando el preludio de una avalancha cívica femenina. En aquellas urnas del 27 de octubre de 1946, millones de venezolanas ejercieron este derecho por primera vez, dando lugar a la elección de 12 mujeres como diputadas principales a la Asamblea Nacional Constituyente, de un total de 160 escaños, además de 11 diputadas suplentes. Entre las constituyentes electas destacaron personalidades de insigne trayectoria pública e intelectual: la periodista Ana Luisa Llovera, la afamada escritora Mercedes Carvajal de Arocha (conocida bajo el seudónimo de Lucila Palacios), la educadora y geógrafa Mercedes Fermín, la normalista Cecilia Núñez Sucre, las dirigentes magisteriales Amparo Monroy Power y Carmen Gracián de Malpica, la defensora del trabajo femenino Isaura Saavedra, la representante social Catalina de Romero, las activistas regionales Nieves de Entrena, Alicia Contreras y Ángela Parra de Febres, así como la educadora y poetisa Luisa del Valle Silva.

​Una vez instalada la Asamblea Constituyente el 17 de diciembre de 1946, el trabajo de estas pioneras contribuyó a la promulgación de la Carta Magna del 5 de julio de 1947, en cuyos textos quedó sellada de forma definitiva la igualdad jurídica entre hombres y mujeres y la universalidad del voto. Aquella gesta permitió que el 14 de diciembre de 1947 la mujer venezolana acudiera nuevamente a las urnas, esta vez para elegir por vía directa al Presidente de la República. El 27 de octubre de 1946 trascendió así como el hito donde la equidad de género dejó de ser una aspiración postergada para convertirse en el pilar constitutivo del Estado moderno en Venezuela.