Amigos lectores:
I. “Para comprender el trasfondo histórico de la Odisea, conviene mirar los escombros sobre los que fue cantada. La Guerra de Troya evoca el colapso de la civilización micénica (hacia el siglo XII a. C.), una era de grandes palacios burocráticos, carros de guerra y reyes guerreros cuyo valor se medía en la devastación que dejaban a su paso. Sin embargo, la refundación homérica del mito ocurre siglos más tarde, en el horizonte de la época arcaica (siglos VIII-VII a. C.), cuando Grecia emerge de su llamada “Edad Oscura” y empieza a articular una nueva forma de organización humana: la polis”. El ensayo de Luis Fernando Castillo Herrera se titula La Odisea y el mapa de la condición humana. Viene en la página 1 de esta edición dedicada a la poesía.
II. Por distintas razones, en las semanas recientes se ha recordado con insistencia al poeta y dramaturgo Federico García Lorca (1898-1936). Entre otras razones, porque se cumplen 90 años de su absurdo asesinato. Harold Alvarado Tenorio lo recuerda en la página 2: ““Aun cuando la publicación de Romancero gitano dio a García Lorca inmediato prestigio internacional, también le encasilló como un poeta populachero, especie de torero, gitanería, superstición y pandereta que terminó por atormentarle. Luego de una violenta crisis amorosa decidió viajar a Cuba y los Estados Unidos (1929-1930) en busca de alivio y nuevas fuentes de inspiración. El viaje produjo una obra maestra: Poeta en Nueva York (publicada póstumamente, 1940)”.
III. En 2024, el poeta Alejandro Oliveros, residenciado en Italia, publicó Flota el tiempo/Temps suspendu, edición bilingüe, cuya traducción al francés fue realizada por Philippe Dessommes Florez, para Editions Conférence. El mismo Flota el tiempo, pero con tres secciones más, ha sido publicado por la Editorial Pre-textos (2025). Flota el tiempo, poemario de sobria y contenida belleza, brevísimos los versos, meditación que afronta el paso del tiempo -y las heridas de la emigración-, quizá sea uno de los poemarios de Oliveros de más sensible factura. El libro desborda la vocación de intimidad, casi de susurro que tienen los poemas, y habla de ese dolor que atraviesa a la voz poética y a las vidas de millones de venezolanos, dentro y fuera del país.
IV. Dice en Campo de soledad -poema que no está entre los reproducidos en la página 3-:
Esta/ ay dolor que ves ahora,/ es lo que fuera/ en un tiempo/ Venezuela./ Solo quedan retinas/ dolorosas,/ ruinas desdichadas/ de la que fue un día/ tierra de gracia famosa./ ¿A dónde se ha ido la caña/ dulce de melaza? ¿La espiga/ amarilla, de tanta luz/ alucinada? Patria llorosa,/ de multitudes huyendo/ lastimosas./ ¿Qué hicimos en la vida/ para merecer esta tragedia/ sin consuelo?/ ¿A quién/ ofendimos en la tierra/ o en el cielo?/ Diez Millones sin un metro/ cuadrado de terreno,/ mientras el resto deambula/ sin consuelo./ Ay dolor, estos collados/ que ahora ves acongojado,/ fueron una vez/ el país más grato/ y más envidiado.”.
V. Néstor Mendoza presenta Amatoria, libro del poeta Carlos Osorio Granado: “En Amatoria se destaca, como es obvio, la exclusividad del amor erótico: mientras concentramos nuestra atención en la amada o el amado (o deseada o deseado), lo único que existe es la intensidad que ellos ofrecen mientras los deseamos o nos desean. Se inclina hacia una exclusividad, que es distinto a la fidelidad; o como dice el filósofo alemán, “El amor erótico es exclusivo, pero ama en la otra persona a toda la humanidad, a todo lo que vive. Es exclusivo sólo en el sentido de que puedo fundirme plena e intensamente con una sola persona”. La página 4 trae, además, poemas de Amatoria.
VI. Escribe la poeta Flavia Pesci Feltri sobre Melanoma (Editorial Pre-Textos, España, 2026), reciente libro de Jacqueline Goldberg: “Sin embargo, me parece que en Melanoma ocurre un gesto poco común dentro de nuestra poesía: la transformación de la enfermedad en un hecho estético y profundamente humano. El texto nos habla de la incertidumbre, del miedo, de la imposibilidad de gobernar el propio cuerpo durante el proceso degenerativo, de la espera lenta del diagnóstico, de la observación obsesiva de la piel y de la frialdad burocrática que, la mayoría de las veces envuelve a la medicina contemporánea”. También en este caso, a la presentación de Pesci Feltri, se suman algunos poemas. Página 5.
VII. Justo en los minutos en que me ocupaba en la revisión final del PDF, Vasco Szinetar me contó que Cristina Gálvez Martos acaba de ganar el Premio Leonor de Poesía, uno de los concursos literarios más reñidos de España, entre otras razones, por lo generoso de su premiación. De inmediato cambié el antetítulo, que dice ahora: GANADORA DEL XLV PREMIO LEONOR DE POESÍA, SORIA, ESPAÑA (2026). Leo que ganó el concurso con el libro Flora encendida. Este premio es una ratificación: las búsquedas literarias de Gálvez Martos son cada vez más sensitivas y sólidas. He leído tres libros suyos y, al pasar de uno al siguiente se percibe el paso del testigo, una voz poética cada vez más reconocible.
VIII. El texto que reproducimos en la página 6, se refiere al más reciente libro de Cristina Gálvez Martos, Padre, tengo miedo y espero el alba (Fundación Tuqueque, 2026). En el comentario de Yéiber Román, publicado inicialmente en Circulodepoesia.com, escribe: “En la figura del padre yace el núcleo emocional del libro. No está presente, pero justo por ello es que dicha ausencia se transforma en atención. Uno de los versos reza: «No estás, / por eso siento que me escuchas». Es una paradoja que resulta esclarecedora: el vínculo entre la hija y el padre no se rompe con la muerte, sino que se mueve hacia otro plano. Hablarle al padre es también hablarse a sí misma, buscar el origen de sus heridas y de sus temores”. Incluimos algunos poemas de Padre tengo miedo y espero el alba.
IX. En la parte inferior de la misma página 6, Alejandro Sebastiani Verlezza recuerda a Luisa Helena Calcaño: “Alberto Márquez suele comentar que la docencia le hizo mucho bien a Armando (Rojas Guardia). En más de dos décadas de intensas actividades, Luisa Helena ejerció un rol muy importante en este ámbito y pudo darle forma a infinidad de crónicas, ensayos y poemas”.
X. Página 7: Jason Maldonado habla de Tritono (Editorial El lector cómplice, Venezuela, 2026), tercer libro de poemas de Acuarela Martínez, poeta y pintora venezolana residenciada en Argentina: “En Trítono, la voz poética se vale de algunos conceptos religiosos para reafirmar la importancia de cada situación que presenta: liturgia, evangelio, jaculatoria, paganismo. Mediante estos conceptos le confiere una suerte de valor sagrado a lo que canta, a la experiencia de lo que poetiza con fervor. Para que esto se refuerce, en contraste con lo pagano, hay ingle, abdomen, lenguas y labios que hacen su trabajo”. Vienen poemas.
XI. En Cualquier cielo como refugio, Keila Vall de la Ville presenta a seis jóvenes escritores venezolanos: Edni López, Leonardo Rivas Lobo, Laura Cárdenas Armas, Diego Salinas Gardón, Adriana Prieto Quintero y Jesús Amalio Lugo. “El trabajo de seis jóvenes poetas venezolanos escribiendo desde el país y más allá de sus fronteras ofrece una aproximación a quienes hemos sido y vamos siendo. Un registro y un ámbito compartidos dan cuenta de los años desbalanceados, precipicio y caída, un consecuente distanciamiento, y una determinación. Su conversación intersecta referencias, premios y antologías, y desconoce fronteras”.
XII. Parte inferior de la página 8: Grecia Augusta Rodríguez escribe sobre Latido (Ediciones Verde Botella, España), segundo libro de la Trilogía poética del dramaturgo y poeta Arturo Rodríguez Milliet: ““La palabra, aquí, está herida. La tinta es la sangre del cuerpo del papel, como si fuera la mortaja de un suicidio. Rodríguez Milliet busca el concepto, el soplo de Dios, la síntesis última, diálogos con un fotón, y se topa con la impotencia del lenguaje. “Las palabras no son ideas”, gritan sus entrañas en uno. Y tiene razón. El lenguaje es un artificio miserable que minimiza lo inconmensurable”.
XIII. Las columnas vienen esta semana en la página 9:
–Juan Pablo Gómez Cova dice en Una casa de Pessoa: “Lisboa se ha apertrechado en torno a Pessoa; ciudad y poeta han establecido un vínculo póstumo de lo más misterioso y banal. Lisboa se ha aclimatado a una vida gris, de funcionario público, gesto adusto, atuendo oscuro y paso lento; ¿no es poética justo por eso? El Pessoa de souvenir que abarrota las tiendas de la Baixa, Alfama y el Chiado es ya una expresión de humor negro, sarcasmo del grueso”.
–Tahía Rivero dedica su entrega a la artista Luisa Silva: “Silva incluye el proceso de preparación de la arcilla, densidad, aditivos y maleabilidad, como parte constitutiva de su producción, de hecho, si algo prevalece a simple vista es cómo aborda el trabajo del modelado, en el que algo de tribal y arcaico es identificable en el empaste, como apreciamos en Cara a cara y Barlovento”.
–Mirla Alcibíades Rondón escribe sobre dos escritores: el peruano Ricardo Palma (1833-1919) y el venezolano Juan Vicente Camacho (1829-1872): “Y fue este hombre, cuatro años mayor que Ricardo Palma, el primero –hasta donde conozco‒ que utilizó el término que conceptuó el género. Lo hizo en un escrito que publicó en Lima en 1854 y que denominó «La Virgen de la Soledad. Tradición religiosa». Y esa ‘tradición’, como la subtituló y con la que bautizo el género (es oportuno añadir) suele ser olvidada. Digo que olvidada, porque ahí utiliza un signo definidor que, con apego a los registros impresos, Ricardo Palma comenzó a vulgarizar mucho tiempo después”.
XIII.Para cerrar, copio un poema de Cristina Gálvez Martos, perteneciente a su libro Hermana amarga, publicado en 2024:
Labores
En mi casa hay un gato blanco
sobre el mesón de fórmica
junto a morteros donde se enjuga un zumo amargo,
rincones que sólo conocen los ratones
sábanas blancas
gelatina de fresa en la nevera.
En mi habitación hay un pez
en el que voy a guardar secretos
sueños flotando como nubes lentas
algo pequeño prendido de mi boca.
Junto al fuego de la hornilla
canto una canción de siglos
que he de aprender de los muertos.
XIV.Hasta la próxima semana, amigos lectores.
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Nelson Rivera.

