Amigos lectores:
I. Solo unos minutos después de haberle saludado por primera vez, bastaban para avisar que Alejandro Salas (1960-2003) era excepcional. Sus frases cortas y lúcidas; su sentido de la observación inesperada; su modo de sonreír que era, a un mismo tiempo, método de repliegue; su rostro de púber eterno: mínimos datos, gestos casi inasibles de un ser humano peculiarísimo, culto y dotado como pocos.
II. Con el paso del tiempo, mientras su timidez se mantenía incólume y los campos de su curiosidad crecían -había materias en las que rozaba la erudición- Salas agregaba obras y hechos a sus múltiples oficios. En su muy corta vida -alcanzó a vivir apenas 43 años- fue poeta, artista visual, narrador, ensayista, investigador, grabador, curador, traductor y editor. Del hombre y de sus obras se habla en las páginas de este dossier, propuesto y ejecutado con esmero por el poeta, investigador y editor, Eduardo Tovar Zamora.
III. Escriben:
-Eduardo Tovar Zamora, Tres claves para apreciar a Alejandro Salas: “erudición y una fina destreza para expresarse a través de ideas, sentimientos e imágenes. Creo que en el fondo la obra de Alejandro Salas fue un intento por atrapar la vida en diversas formas, y convertirla como él decía, en “un estado de gracia”, en “una sensación de eternidad”. Y las maneras en que operó en su intento explican quizá la sucesión inagotable de actividades y procederes, como poeta, narrador, artista, editor, investigador, traductor, curador, asesor, mentor, así como confidente y amigo”.
-Rafael Arráiz Lucca, Alejandro Salas, erudito y silencioso: “Es un libro sobre la muerte, la salvación de las almas, los estadios místicos, el cielo y todo aquello que se moviliza a partir del deseo’. Y ciertamente, la poesía erótica no es otra que la poesía que indaga en la anatomía del deseo, en su fenomenología, en sus mareas. De allí que un poema erótico para serlo tiene que ir mucho más allá de su punto de partida corporal, de allí que los grandes poemas eróticos sean poemas metafísicos, cuando no místicos”.
-Félix Suazo, Semblanza: “Con Alejandro, todo tenía el velo del misterio. Lo conocíamos como investigador de fina mirada, lector meticuloso, crítico implacable y colega divertido. Tenía una lentitud ágil que acechaba detrás de sus lentes. Sus ojos redondos urdían acciones y silencios imposibles de descifrar”.
–Milagros González, Un café con Alejandro: “En esa época empecé a escribir biografías para el Diccionario Biográfico de la GAN que Alejandro coordinaba. Y esa fue mi gran oportunidad de aprendizaje, ya no por el placer de hablar de arte que era lo que hacíamos en el Gabinete. Empecé a aprender metodología de investigación guiada por él”.
–Esmeralda Niño Araque, Su impronta investigativa: “El Alejandro que recuerdo y admiro se caracterizaba por tener una profunda habilidad en la investigación, así como una discreción y una gran capacidad narrativa para entrelazar la exactitud histórica con un estilo acucioso. Poseía un genio único para adentrarse con naturalidad y profundizar en archivos históricos, cartas, diarios y documentos oficiales. Redactar una biografía no consistía en un simple ejercicio de compilación de datos como fechas, exposiciones y premios”.
–Krisolga Coelho, Alejandro Salas en S&M. Una memoria editorial: “Un gran fundamento para el nacimiento de S & M fue la labor de traducción de Alejandro Salas. El primer título de la editorial, Autorretrato en espejo convexo, publicado en 1988, es un extenso poema de John Ashbery, inspirado en una pintura de Parmigianino del mismo nombre, que Salas estaba traduciendo con dedicación. Tanto Parmigianino, inmortalizado en su autorretrato, como los versos de Ashbery, reflexionando sobre el cuadro, ocuparon un espacio en sus días. El poema lo apasionó y al terminar la traducción lo que más quería era compartirlo y propagar la emoción”.
–Zorián Ramirez Espinoza, Ceder a las palabras el don de las mareas: “En Erotia el autor define la memoria como una neblina hecha de luz sobre una oscuridad lejana y permanente. Luego, la voz de ese libro se refiere a sí misma como “una sombra hundida en la noche”. Pero ¿A qué noche u oscuridad se refiere? ¿La del misterio o la del amor? La de una sombra que recubre y persiste abriendo la piel bajo los pies del poeta, escuchando la llamada del útero desierto”.
IV. Y hay más: En las páginas 6 y 7 se ofrecen poemas, fragmentos de narraciones y de un ensayo de Alejandro Salas: lecturas seleccionadas por Eduardo Tovar Zamora, que ofrecen al lector unas pocas pistas para aproximarse a su obra escrita.
V. En Escribir desde el colapso. Algunas ideas sobre el estado actual de la literatura venezolana, escribe Omar Osorio-Amoretti: “El primer eje es de los desplazamientos. Quizá se trate del rasgo más novedoso dentro de la tradición literaria reciente, incluso si se considera que una parte importante del legado de sus exponentes proviene de una experiencia de extranjería (Andrés Bello, Rufino Blanco Fombona, José Rafael Pocaterra, Rómulo Gallegos). Se trata, además, de uno de los elementos que ha contribuido, para bien y para mal, a la incorporación de la producción literaria en el mercado internacional contemporáneo. Esta visibilización tiene exponentes tan tempranos como Una tarde con campanas (2004) de Juan Carlos Méndez Guédez y ha terminado en obras como Volver a cuándo (2023) de María Elena Morán; en poemarios como Contra el régimen de lo fluido (2025) de Natasha Tiniacos, sin olvidar el caso de la crónica en libros como 7 historias suramericanas (2018) compilado por Marelis Loreto Amoretti o La vida interrumpida (2025). Páginas 8 y 9.
VI. La IA y la destrucción de los libros: ensayo de Edgar Cherubini Lecuna que viene en la página 10: “Un libro no es solamente el texto que contiene. El ejemplar físico conserva su edición, tipografía, encuadernación, anotaciones, procedencia y huellas de lectura. Al convertirlo exclusivamente en datos, se salva su contenido escrito, pero no debería destruirse el objeto histórico que lo transmitía. La paradoja se expresa en que, para construir una memoria artificial aparentemente ilimitada, se está sacrificando una parte material e insustituible de la memoria humana. Algunas empresas han comprado millones de libros impresos, muchos de ellos incunables de un valor histórico incalculable al ser los primeros vestigios de la cultura impresa o bien se trate de libros iluminados”.
VII. Página 11, página de columnas. Se ofrecen esta semana:
–Ruth Capriles publica en su columna, Sin guía para perplejos, El alma virtual: “Las iglesias rasgarán vestiduras y reiterarán la sacralidad del alma humana. Pero llegarán a darse cuenta de que la IAG corrobora lo que ellas han predicho desde el comienzo: al morir, como al final de todos los tiempos, el ser humano se une a la divinidad en espíritu. Quizá lo que hemos llamado alma o espíritu ha sido siempre nuestro ser virtual”.
-En Café del día, Roger Vilain escribe Trilogía: “Una terraza de café, una silla de barbero, un aeropuerto al que entro y tomo asiento, justo en ellos encontré la partitura para convertirme en eficaz observador, para acabar en total entrometido, requisitos que conceden el premio de fisgón mayor, es decir, de individuo capaz de andar ladrándole a la luna, cosa no menor si lo ves con seriedad”.
-Mi nota, al cierre, está dedicada al libro de Isabel Soler, La derrota de Vasco de Gama: “¿Qué se cuenta en estas páginas? Lo que aquellos marinos van encontrando en las costas de África, y más adelante en la India, en un avance siempre asolado por las dificultades. Cada tanto, la necesidad de abrevar en busca de agua y alimentos, de cuidar a los enfermos, o la urgencia de reparar los daños acumulados en las embarcaciones, les obligaban a tocar costa: allí, la mayoría de las veces, el contacto con la tierra suponía el contacto con nativos impredecibles: a veces hostiles; otras, dispuestos al intercambio; a menudo participantes en una relación de mutua y tensa desconfianza”.
VIII. No digo más. Que disfruten amigos lectores.
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Nelson Rivera.

