pancarta sol

Moisés Orraiz: ¿Estamos mirando el precio equivocado del petróleo?

 

Cada vez que aumenta la tensión en Oriente Medio, los mercados repiten prácticamente el mismo ritual: mirar el precio del petróleo.

Sube el Brent, aumenta la preocupación. Baja el barril, aparece cierta sensación de alivio.

Pero esta vez esa lectura podría resultar insuficiente.

Durante septiembre, los flujos petroleros del Golfo Pérsico se recuperaron hasta aproximadamente el 81% de los niveles anteriores al conflicto. En el caso del crudo y los condensados, la recuperación alcanzó cerca del 91%.

Sin embargo, existe un dato que cuenta una historia diferente: las exportaciones de productos refinados, como gasolina, diésel y combustible de aviación, apenas se han recuperado hasta alrededor del 60%.

El petróleo está encontrando cómo fluir.

El combustible no lo está haciendo con la misma facilidad.

El barril es solamente el comienzo

El error consiste en pensar que disponibilidad de petróleo significa automáticamente disponibilidad de combustible.

No funciona así.

El crudo debe transportarse, almacenarse y procesarse en refinerías antes de convertirse en gasolina, diésel o combustible de aviación. Después comienza otra cadena logística para llevar esos productos hasta consumidores y empresas.

Precisamente allí están apareciendo algunas de las mayores tensiones.

Las disrupciones en refinerías de Oriente Medio y Rusia coinciden con un fuerte incremento de los costos de transporte. En determinadas rutas entre Oriente Medio y Asia, mover petróleo llegó a costar más de un millón de dólares diarios por embarcación.

Podemos entonces encontrarnos ante una paradoja: petróleo disponible, pero combustibles caros.

Los mercados siguen esta relación mediante indicadores como los llamados crack spreads, que reflejan la diferencia entre el precio del crudo y el valor de los productos obtenidos después de refinarlo.

Cuando esa diferencia aumenta, puede estar indicando que la tensión se desplazó.

El problema deja de ser exclusivamente cuánto petróleo existe y pasa a ser cuánto puede convertirse eficientemente en combustible.

Una señal que va más allá de la energía

Esto puede parecer una discusión exclusiva para operadores del mercado petrolero, pero sus consecuencias alcanzan prácticamente a toda la economía.

El diésel mueve camiones, maquinaria agrícola y cadenas de distribución. El combustible de aviación conecta mercancías y personas. La energía forma parte del costo de producir y transportar innumerables bienes.

Por eso, cuando los combustibles permanecen caros, la presión puede terminar trasladándose hacia la inflación.

Y desde allí el efecto alcanza los mercados financieros.

Una inflación más persistente reduce el margen de los bancos centrales para bajar las tasas de interés. Tasas altas durante más tiempo presionan el crédito, modifican las valoraciones de las empresas y afectan los mercados de bonos y divisas.

La cadena es mucho más larga de lo que sugiere el precio que vemos diariamente en una pantalla:

petróleo, refinación, combustible, inflación, tasas y mercados.

Por eso quizás la pregunta que deberíamos hacernos está cambiando.

Durante semanas fue: ¿cuánto petróleo podrá atravesar el estrecho de Ormuz?

Ahora podría ser otra: ¿qué ocurrirá con ese petróleo después de atravesarlo?

Los barriles están encontrando nuevamente rutas hacia el mercado mundial. Eso es importante, pero no garantiza por sí solo una normalización de los precios energéticos.

Porque la economía mundial no consume barriles de crudo.

Consume los productos que somos capaces de obtener de ellos.

Y quizás por eso, mientras seguimos mirando el precio del petróleo, la verdadera señal del mercado podría estar apareciendo en las refinerías.

Trader retail  – Analista de mercados – Fundador de GrizzlyTraders.